MUJER ANDALUZA NACIDA PARA SUFRIR

MUJER ANDALUZA NACIDA PARA SUFRIR
PRESENTACION EN BASAURI-BIZCAIA-ESPAÑA

MADRE

Por el vientre de su madre
nació. Brotó de los suspiros.  
Ella le enseñó a capear
las fuerzas del tiempo.
Su cuerpo sostiene su alma
que, valiente, se introduce
en lo más profundo de su ser.
Suplicante y vertebrada,
supera todas las pruebas
que lo abrazan por los caminos.
Fuerza y fe… Alegría y tristeza.
Pero el buen junco se cimbrea
reciclándose, para convertir su cuerpo
en hierro acerado…, pleno y persistente;
para seguir a su lado
transformándose en estrella.

Antonio Molina Medina

LA NADA

Ya sé que soy poca cosa,
una insignificante cucaracha
que se cuela por los agujeros
de la cocina, de tu habitación.
Recorro el suelo de
piedras y tierra milenaria
sabiendo que un simple pisotón
destripará mis tripas
aplastará mi cabeza,
despojándome miseraicamente
de mi vida
para ponerla en tus
manos y amarte,
CORAZÓN

Antonio Molina Medina

SUEÑO

¡Pero si es gloria en la gloria!
¡Son chorros de sangre de sus venas!
¡Son alerones de muerte
preñados con sus espermas!
¡O… acaso no lo veis como
se mece en sus aguas!
¡Como nos deja perplejos
cuando sonríe y se ríe,
que hasta aquí, mudan sus lagrimas!

Antonio Molina Medina

DE BRASAS

Quemó su cuerpo. Mi cuerpo
entre llamas se consume.
Se trasforma su intelecto
olvidando su pasado,
claro conciso en suspenso.

Otro ser brota en su alma.
Otro se acopla a su etéreo cuerpo,
partiendo de la nada.
Todo lo que le rodeaba
se quemaba como incienso.

Para acompañar sin miedos,
pletórico de plena vida
que atrapó sin repulsión
asiéndose a su mano
con firmeza y decisión.

Sin titubeos ni engaño
sorteando la corriente,
quemando toda maldad.
Entre sus llamas dolientes
quedaba maloliente corazón.

Antonio Molina Medina


SINOVAS PEDANÍA

SINOVAS Y SUS GENTES

No los conocía, pero me acerqué a su tierra,
nos hicimos todos uno en la vendimia, entre cepas.
Me acuné en su mar sencillo de sudores y fatigas.

Comimos del mismo plato, la misma comida y mesa
Degustamos mismo pan, y el vino de su despensa
y cortamos los sarmientos, que después fueron tormenta.

Gente de sonrisa viva, y de amistad manifiesta
allí donde mi persona, no se sintió forastera,
y reímos, ¡sí reímos! Entre las cepas la juerga.

Ocultos del sol, degustamos la cosecha
una cueva muy sombría alumbraba la prueba
de que los nuevos cachorros, continúan con la gesta.

De Sinovas son nacidos, de Sinovas son sus cepas
poder verlos en acción en la “CASA DEL TIO VITOR”,
de SINOVAS, te esperan.
Descendientes de Sinovas, de su casa en la plazuela
junto a iglesia milenaria que reluce. Pedanía.


ATRAPADO POR LA SONRISA DE UNA NIÑA…

En la plaza de la pedanía se palpaba el silencio. 
Sus gentes descansan, la noche los envuelve,
ha sido un día de duro trabajo en todas las viñas.
Los tractores repletos de granos de uvas
respiran el aire de la noche templada.
Ha comenzado el proceso en el que el Dios Baco
se filtra entre vid y vis y saluda a su grano negro.

Paseando por la plaza, dejando atrás el calor que proviene
del único lugar donde sus lugareños se desfogan
narrando sus vivencias, se toman sus chatos de vino,
juegan a las cartas y cuentan en corro historias de
personajes queridos que fueron dejando el paisaje.
El recuerdo prevalece entre sus gentes para regocijo
de propios y extraños.

De improviso, como un ligero chasquido, unos pasos
resuenan el pavimento. Una niña alegre, trasparente
y rebelde, menciona mi nombre acercándose al lugar:
-          ¡Antonio! ¿Te puedo decir una cosa? – me sugiere.
-          ¡Dime lo que quieras! – le digo.
-          ¡Me he leído ya, cuatro veces, los poemas de la Lata!
Su sonrisa me atrapa y me deja sin palabras. Sólo la miro y me sonrío.
Paladeo su sonrisa. Aparece sobre mí ese niño que merodea por mi mente ya con escarcha. Me arrastro a sus pies. Siento su calor. Se funden las miradas.
-          ¡Gracias! - le contesto.
Me cuesta pensar. Su llaneza me descabalga las palabras.
-          ¿Has leído o escuchado los poemas de Granada? – le comento.
La niña me mira con cara de incrédula y me dice:
-¡Yo no sé nada de ese libro!
- ¡Pues lo tiene tu madre! Ella me lo cogió junto con un CD musicado.
La niña me mira se sonríe y calla. Sale corriendo a buscar a su madre en la casa.
Mientras mirando hacia atrás me dice:
-          -¡Se lo voy a pedir a  madre en cuanto llegue!

La noche en Sinovas, nos envuelve, nos atrapa. Cae sobre sus gentes y sus casas.
Una ligera lluvia se deja caer atrasando el final de la vendimia.
Cansado de un día completo de emociones, experiencias vividas con sus gentes, dirijo mis pasos a la vieja cabaña. Mi cuerpo necesita descanso y un poco de calma.
Pero no va lento, vuela como el águila, alas de una niña me aúpan y me limpian la mente... que me rellena el alma.
EL RACIMO
Entre sus manos protege la semilla,
frescor de viñedos,
redoblar de campanas
entre cepas, racimos y vino.
Negros granos de uva
serán sabios portentos,
peregrinos saciados
frente a los campos viejos.
¡Que tus manos seduzcan a
este viejo alcornoque!
¡Que su alma sucumba
ante este tallo nuevo!
¡Que tus ojos divisen
objetivos de luz!
¡Que la luz azulada nunca esté en olvido!
¡Que tu corazón de estrella
sueñe, viva, y recoja lo extraíble!
Espumoso su vino, sangre de mis venas.

VENDIMIAS

Si tú supieras Maite
en verdad lo que me pasa,
seguro que sonreirías
o te reirías con ganas.

Después de días de vendimia
en Aranda y su comarca,
ya no sé lo que me duele
de mi cuerpo hasta el alma.

Pero sí que se acumulan
en la mente que poseo,
los olores y sabores
de los viñedos de Sinovas,

que seguro que serán
como los que vos cultiva,
unos blancos, otros negros.
Al final son sólo caldos,

para los que el cuerpo
siempre estará dispuesto.
Los de Sinovas son vinos.
Los de Orduña txakoli,

pero lo más importante
está aún por salir,
el latido del corazón
por sus ganas de vivir.



Antonio Molina Medina

ELLA

¡Ha quemado sus naves por seguir sus pasos!
¡Ha cavado la tierra por compartir sus frutos!
¡Ha vivido pensando en un amor tan puro,
que se olvidó de él!
Y en la curva del camino
apareció el vacío silencioso.
Se aferró a sus dedos, saltando hacia él.

Antonio Molina Medina

Mujer sin nombre

“Mirar al horizonte, es cuestionarse
si éste es la libertad que anda entre rejas”
Blanca Sarasua
Dedicado a mi tía Chana

Es para ti este verso, bella mujer desconocida.
Mujer sin nombre,
rosal nacido en un lugar fecundo,
lleno de vida,
rodeado del Parque de las Acacias.
Árboles centenarios
en un lugar de la Villa Vieja.
Más que mujer, celeste querubín,
Esbelto y elegante, cuerpo de una gacela.
De pronto apareciste, tu puerta se cerraba
y nos miraste con curiosidad;
tus ojos, profundos y alegres,
tu sonrisa atrayente,
voz delicada y misteriosa;
se dirige a nosotros,
unos desconocidos.

 Tu no recelas de nuestra presencia,
nos dices: “¡queréis ver la casa!”.
Yo no salía de mi asombro.
Nos dices que estás sola
en ese centenario caserón,
podemos verlo si queremos,
y nos invitas a pasar.

No sabias, querida amiga,
que dabas vida a un sueño
allá en la Villa Vieja,
en la Algeciras centenaria.
La primera ‘Yazirat Al-Jadra’ Algeciras,
con sus mezquitas y palacios,
ceñida de murallas.
Sus puertas, unas orientadas a la mar,
otras, hacia Tarifa, hacia Jerez,
otras al río de la Miel y al puerto comercial.
Un día ya muy lejano una sabia cultura
se respiraba aquí,
la civilización andalusí.

En ti mujer,
vi generosidad,
cordialidad, fresca espontaneidad,
¿Qué más puedo decir?
Que todas las virtudes, en ti vi.
Figura de movilidad felina,
ojos que inspiraban confianza,
destreza en tu expresión.

Nos enseñas los árboles
que crecen en la entrada de tu hermosa mansión.
Chirimoyos, naranjos, limoneros…
Llegamos a la entrada principal,
abres la puerta y nos invitas a pasar;
somos unos extraños, repito una vez más

Estás sola, nos dices, ha muerto tu padre,
vive contigo tu hermana y tu madre
que no se encuentran en el lugar;
mis acompañantes y yo nos miramos,
tu aplomo y sencillez sorprende y desconcierta.

Toda eres pienso para mí.
No conocer mentira ni doblez
Y nod dejas ver tu casa
De mil amores.

Después de precisas explicaciones
nos conduces a su interior,
con esa gracia que te da tu juventud,
a la que fue la biblioteca de tu padre.

Feliz pasión electrizó mi alma y cuerpo,
algo que no se puede narrar.
Mis ojos, mis sentidos,
se quedaron perplejos; más aún,
hice un parón en mi cerebro
en un intento de archivar tanta belleza
entre los pliegues de mi corazón y retenerla,
por un momento, en la retina de mis ojos.

Aspiré un hondo aroma como incienso
que  desprendían tantos libros centenarios,
eran tantas cosas a contemplar
que la vista se me nublaba…
Sables, pistolas, armas,
monedas de otros siglos.

Reliquias rescatadas al pasado
por un hombre, tu padre, respetuoso
y admirador de los tesoros
de nuestra cultura milenaria.
De lo añejo se aprende y se disfruta,
Forma parte de nuestra existencia,
Nuestra cultura, la Cultura Universal.
Dices que es demasiado grande esta casa para vosotras
y yo, embebido en mis pensamientos,
sigo mirando los muros llenos de libros.
¡Cuánto saber y arte acumulado!

Taponaría de ladrillos esa puerta,
me enclaustraría en su interior
para saborear despacio su lectura
y aspirar ese aroma,
que sus letras emanarán;
saborear su esencia eternamente,
adentrarme en esas obras
que tantos tesoros poseerán.

Y salgo de mis sueños,
nos sigues enseñando el resto de la casa.
Arriba están los dormitorios.
Subimos por una escalera de madera
con años en sus peldaños.
Han retocado la cocina, dices,
para tu comodidad.
Nos trasladamos en el fondo de la casa,
y descubrimos un gran patio.
Nos muestras la cabaña,
donde ha ordenado los aperos de labranza el jardinero.
Allí, la tierra generosa da vida chirimoyos,
Limoneros, naranjos…

Tu imagen, tu mirada, me embelesan.
Tu decir, tus decires, fluyen
Como agua de la fuente, copiosa, deliciosa,
-“Las chirimoyas se recogen verdes,
luego se maduran en la paja”.
Miras un limonero cargado de limones:
-“Aquí hay uno maduro!”
Allí está, se le ve.
Amarillo brillante, luminoso.
-“Lo cogeré…”, aspira hondo ese perfume
que desprende su piel.

Menuda, ágil, esbelta,
casi no alcanzas lo más alto de la rama.
Atrapas una caña
que tienes preparada, te alzas sobre ti misma,
mis ojos se emborrachan mirando tu figura.
Cuerpo joven, hermoso.
Senos pequeños, firmes,
libres, sin ataduras,
apuntan bajo tu vestido,
danzan en libertad con el impulso de tus brincos,
rozan la fina tela del tul de tu vestido
cada vez que tú saltas
se balancean, para así
para intentar coger el limón tentador.

Destacas los relieves de tus formas seductoras
para gozo de los mortales;
eres toda armonía, sustento de los que soñamos,
toda sexualidad.
Apresas con tu mano, 
Con esos dedos delicados de piel de terciopelo,
aquel limón amarillo radiante,
lo limpia con el paño del vestido,
lo elevas hasta tu nariz
y hueles su perfume, y  nos lo ofreces,
para que también nosotros lo disfrutemos.
Contemplo el fondo de tus ojos,
esa mirada limpia y transparente,
ese perfil fresco, lozano, juvenil.
Nos despedimos borrachos todavía con el gozo
de haber hallado tal tesoro y tal amiga
y, en ella, sueñ0s nuevos y una nueva vida.

Aquí acabó mi éxtasis
de un día cualquiera,
de un mes cualquiera,
de un mes de agosto de una mañana cualquiera
en una ciudad única entre la tierra y el mar,
en un rincón recóndito de Villa Vieja,
‘Yazirat al-Jadra’ o Algeciras,
donde soñé un inesperado sueño
de las mil y una noche.

Mujer ángel o hada bienhechora, querubín,
tú vivirás en mi recuerdo por toda la eternidad.
Adiós dama desconocida.
Sabes? Me has hechor recordar
que aún quedan personas que confían
sencillamente en los demás,
con ese candor, gracia y hermosura
tan difícil de encontrar. 

Quemaste para mí el incienso de tu espíritu,
Fecundo aroma que, al paso del tiempo,
se transmuta en poesía.
Elaborado como miel en la colmena de mi ser,
horneado en mi corazón,
filtrado en este filtro de mi pluma y de mis manos,
hoy me he atrevido a sacarlo a la luz del día.
Mujer anónima.
Mujer sin nombre.


Antonio Molina Medina

Como una Niña

Dedicado a un ser muy especial.

“Sobre lo verde, lo azul:
Junto a lo verde, las aguas;
Entre la aguas mi cuerpo
Lavando viejas nostalgias”
Ángela Figuera

Entonces te arrastrabas por el duro suelo,
impulsando tus piernas, pesadas, doloridas,
inertes para una edad temprana y tierna.
Las atacó la polio en aquel tiempo
ya lejano y también la miseria,
¡casualidad! Y ¿también mía?

Un tiempo que mejor sería olvidar,
que sólo recordar podemos
a los que con mucho amor y por librarnos
de aquella pesadilla
compartían contigo
casa, pan, amor y fatigas.

Tu madre, fuerte y generosa,
te supo trasladar a todas partes.
Por esa calle en rampa y escaleras,
que a duras penas transitaban los sanos;
y que, si era difícil caminar por ella,
mucho más para ti, arrastrando
tus quebradas y pesadas piernas
en brazos una madre sin consuelo.

Se han ido muchas vidas
De aquellas que tanto te ayudaron
y compartieron tu pena contigo
con amor, cariño y ternura.
Que ya sólo te quedan los recuerdos.

Hoy llevas tus muletas,
con ellas tuviste que luchar para acoplarlas
a tus débiles y pequeñas piernas

y a tu cuerpo disminuido.
manifestándote como un tigre de bengala,
Jamás olvidaré el coraje que de genio conseguías.

Luchaste como tigre de bengala
para reconstruir tu vida en ruinas.
No olvidaré la incomprensión, la intolerancia.
No olvidaré tus amarguras y tus penas.
Fuiste mujer de coraje y bravura.
Hembra del Sur,
hembra de Andalucía.

Luchaste contra todo y contra todos,
y al  fin triunfaste.
Sufriste una tras otra
muchas operaciones,
muchos viajes, con tu malestar,
a una ciudad extraña.

Mas nada te importaba, tú luchabas
contra un dolor que te daba alas.
Tú no necesitabas que nadie te animase,
tú sola te alentabas.
Por fin, te pones las muletas.
Y,  aunque tus piernas estén llenas de clavos,
no hay nadie ni nada que te detenga.

Que si hay que ir al baile, ¡pues se va!,
que si a una fiesta, pues a acudir se ha dicho
y que dicen, que digan,
iré como una más de la cuadrilla.

Y, qué atrocidad, murmuran,
te empeñas en sacar el carné de conducir,
y te llamaban loca algunos del lugar.
¡Qué gesta!, dije yo, ¡qué pundonor!
Qué arrojo, qué entereza, que valor.
Querías independizarte.
Ellos creían que no lo conseguirías,
¿cómo un día, la vida sola tu podías llevar?
que un día, la vida sola tu podías llevar.
Ganaste la pelea una vez más
y yo, con cuánto orgullo te miraba;
y como te admiraban los demás.

La niña ya se ha echado novio y se nos va a casar,
decían las gentes en tu entorno familiar.
Detrás quedaban amarguras,
tristezas, sinsabores, penas
y también muchas alegrías que contar.
Qué grande y nobleza corazón
de aquella niña que yo vi arrastrándose por el suelo
y luego andar erguida por la vida.

Hoy me da gusto verte junto a tu marido
y una niña, fruto de sus entrañas, que te quiere
por tanto amor que tú supiste trasmitir con tu humildad.
Hoy, con orgullo, os veo caminar
Como una familia más, en vuestro entorno natural.
Antonio Molina Medina

AMISTAD AMADA MIA

Pocos son los atrevidos hundidos en esta carrera frenética donde el hombre se aferra a las cosas mundanas, intentando soltar lastre para caminar solo, escapando del bullicio ensordecedor que torpemente se apodera de tu corazón, frenando inconscientemente o calculando la corriente generosa que te lleva por los caminos de la amistad, el amor y la palabra.


Es realizable la amistad si de verdad la quieres conquistar, solo tienes que olvidarte de ti mismo y darlo todo a los demás. Cuando la encuentras, te trasforma y cada día te sorprendes de su sinceridad y cariño, sabiendo cual es el papel de cada uno. De su corazón mejor no hablar, hace tiempo que lo tienes complacido en su costado, con una sonrisa clara, placenteramente humana, que sólo siente sus propios latidos, latidos que se renuevan desde que comienza el nuevo día. “Renovarse o morir” es el secreto para seguir con firmeza compartiendo vida y compromiso. La llama debemos cuidarla, día a día, para que no se apague y, si es necesario, dar tu propia vida para conservarla. Mejor estar muerto, que sentirte muerto en tu propio cuerpo, arrastrando con ello a otras vidas, por la intolerancia que conllevan el orgullo o la apatía.


Creo María que aquellos que tratan de hacerte daño nunca lo deben conseguir hazte fuerte con las palabras que manan frenéticamente de tu ser, y sigue…, si maravillosa María…, sigue dándonos ese hálito de sueños, por los que caminamos, `por los que camino y caminare mientras este trasto viejo de cuerpo ya añoso deje de respirar. Pero mientras tanto, seguiré inmerso en tu cuerpo trasteando tus palabras que no mutilas…, que las haces sueños y nos haces más sinceros.
El mundo necesita a mujeres como tú que, solo con los latidos de tu corazón eres capaces de darnos la vuelta a todo lo que malamente non inculcaron, sin  que aparezca ni el odio ni el despecho.

"a caminar siempre erguida paso a paso cada día"
y que tus pasos se sostengan entre nubes,
cuya blancura nos excite que tu alma,
esta sustentando tus palabras, engarzando
versos llenos de plegarias, las que acomodamos
en nuestros corazones que, insaciables
las compartimos día a día…, noche tras noche,
entre sabanas de perlas y en tu almohada.

Antonio Molina Medina

Tío Mollino

Tío Mollino
En recuerdo de mi tío Francisco

Han pasado los años,
son mucho, ¡es verdad!
Pero aun te recordamos,
viviste entre nosotros,
dejaste huellas imborrables.
Aquellos cantes tan de actualidad.
Aquella voz tan propia y personal.
Aquellas bellas melodías
que nos hiciste disfrutar.
Soleares, martinetes,
tonás, ‘seguiriyas’y fandangos.
Dieron brillo a tu nombre
y al cante de Algeciras inmortal
Tío Mollino, ¡de verdad!
Antonio Molina Medina


ATRACCIÓN

Hoy me he levantado temprano, me he acercado a tu huerto y su verdor me ha atrapado. Sigiloso me he colado en lo más hondo de él. Sentado entre las cañas y mirando tu cabaña me regocijo orgulloso a releer los papiros que tus manos me entregaran. Me he aferrado con fuerza a sus hojas, a sus letras, letrillas que me embrujaban. ¡Qué celosa es la mozuela! ¡Cómo reía su alma! ¡Qué brillo el de sus ojos que los míos encandilaban!
El sol marcaba mi sombra y yo reía con ganas, pues no es mi sombra la que veo, es tu cuerpo... es tu planta. Así me quede dormido, con tus relatos Serrana, y cuando me desperté los tenía tan abrazados que por mucho que tiraban de mi corazón no se despegaban.

Antonio Molina Medina