Dónde quedó el Dios de la verdad.

 

Ciudad de Tarifa-Andalucía

“En sus discursos, Hitler repetía insistentemente palabras como <<odio, fuerza, implacable, aplastamiento, aniquilamiento>>, y acompañaba estas violentas palabras con ademanes todavía más violentos. Gritaba, daba alaridos, sus venas se hinchaban, su rostro se ponía violenta (como lo saben todos los actores y dramaturgos) es contagiosa en sumo grado”.

Aldous Huxley

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Dónde quedó el Dios de la verdad.

Parece que se perpetúa la maldad y ya que hasta las ‘chicharras’ se asustan en su canto, desde el tronco de los árboles, clamando despechadas contra el ser humano, por tanta mentira y engaños. Los sujetos que dicen prometer grandes gestas para los humanos, solo buscan el podio desde donde dominar la explanada, verde o negra, de lo que fue la gran pradera encantada donde, incluso el gato con botas caminaba sediento de sueños para ofrecer sus mejores recuerdos a aquellos que se unían a él entre sonrisas y el llanto.

 

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Lúcido es hoy el guerrero enmascarado partiendo su alma, una a cada lado de su historia, antes de desaparecer acuartelada por los mentirosos e impresentables y flamantes engañadores desde que se acuestan hasta que bostezan pensando como engullir al ser incauto y torpe pescador, que trata de lanzar su caña sin siquiera anzuelo ni cuerda que atrape sus sueños de alabastro; mientras, los vientos soplan sin barreras, ni caminos que necesiten sus pasos mientras el lobo nos sigue y se trasforma en ese cuento donde la caperucita roja abatió al animal que menos daño hacía ya que fueron los humanos los que siguen destruyendo el hábitat donde moramos.

 

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Nacerán de nuevo los féretros acaudalados de pócimas y desencanto, atrapando a aquellos que se duermen entre las zarzas y rodeados de lagartos, serpientes y alacranes, de pócimas o brebajes que encandilen sin ni siquiera saber el contenido, ni la pócima de sus tarros… los espinos se unen sin compasión para azotar nuestra mente, que se sustenta entre el engaño y la frustración, cuando te das cuenta de, como intoxican a sus gentes; ya que hoy es blanco y mañana negro (como el hollín  de su propia muerte)… 

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mientras que ellos son los que viven en la riqueza a costa de nuestra gente: la que vive y se atormenta debajo de nuestros puentes, entre el frío y la corriente, entre el ladrido de voces que dicen ser fieles creyentes; razón de alguien que jamás sucumbirá, al humo negro de la sociedad, podrida hasta las entrañas del mal.

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28.12.25

Antonio Molina Medina         

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