MUJER ANDALUZA NACIDA PARA SUFRIR

MUJER ANDALUZA NACIDA PARA SUFRIR

EL COBRE – ALGECIRAS


Río de la Miel (Algeciras)







Retroceder en el tiempo, en la distancia
rebuscando en la trastienda los más veraces recuerdos
que se agolpan en su alma con fieros impulsos
que pululan por su vista, donde su memoria brama.

Desde lo alto de la sierra gimen llantos,
las lágrimas las trasporta el viento
cuando divisa su entorno, a sus gentes
que aún recuerdan sus recuerdos.
El río surca por el Cañón, orgulloso de su historia.
Los molinos lo acompañan se solazan, tiemblan.
Comparten con él la vida, de sus hombres, de la tierra.
Los campos saben a trigo, a cebada y a lentejas
avena y garbanzos del viejo Chorro
sigue siendo sangre que almacenan sus venas,
bombea corazones de esperanzas y quimeras
en las bocas de sus cántaros ellas llevan la solera.

Las chozas ya se divisan a lo lejos
sus techos de palma y junco soportan el duro invierno
Mientras bramar de animales se acurruca junto a ellos
dándoles el sustento a esos cuerpos mecidos por el viento,
Las reatas de bestias surcan los caminos trasportando el trigo
hasta la añeja era en la noche negra les guía la luna…

Tiros de caballos trotando la parva, el trillo la corta,
la rompe, la parte, remueve su mezcla, los niños disfrutan
montando en su lomo arrastrando bridas de animales nobles
que giran y giran mientras bronco viento
separa el trigo de la suave paja el viento jalea
sintiendo el lamento, dejando al compañero que creció en su cuerpo.  



De las chozas surcan hilitos de humo y de sueños
Donde aprietá la ‘calo’ del astro rey sin miramiento
La candela arde briosa del chaparro viejo
Que acarrea los sueños de los lugareños.

El río se embravece, se sale de su cauce
Los ojos del puente los cubren, los ahoga
salta su cielo incomunica a su gente.
Trozos de sus chozas lleva la corriente.

Todo son atenciones, ayudas, concordia.
El hombre es aun hombre. La tierra le acoge
brilla la cordura por toda la zona
las gentes humildes se ayudan reparten el pan
lágrimas, su honra. La solidaridad los mueve
los hace más cómplices de su propia historia
qué libros no narran las bellas historias
de épocas sublimes en humanidades
donde el hombre era hombre
la tierra era tierra sin cemento en bloque
que oculten la vista de lagrimas saladas
mirado animales pastando en las lomas.

Ya no brota el humo de la vieja candela
los troncos no arden, la tierra, no es tierra
los hombres manchan todo lo que tocan
destrozan la choza a sus moradores a su vida entera.
 A. molina
 

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