LAS PATRIAS

De niño, mi madre descansaba
en mi pequeña figura.
Yo compartía con gozo
todo lo que me expresase.

Precisaba mi soporte
que yo gustoso le procuraba.
Años de carencia y desventura,
apartados de la tierra
que nos dio la vida, que nos vio crecer.

Recuerdos insondables
que afloran a mi mente
con arrojo e ira contenida,
en la tierra que nos cobijó y nos cobija.

Pero nada es igual,
algo no llega a sentir mi corazón.
Éramos peregrinos en una tierra placentera
que nunca fue ni será la nuestra,
siempre hay alguien que te lo recuerda.

Pasan los años.
Transcurre nuestra existencia.
Somos seres como antaño.
Seguimos siendo extraños
en esta tierra grata que nos cobija,
la de los años ásperos.

Se mantiene la miseria.
La pobreza.
La incultura.
Se cierran librerías…
Se erigen más barreras.
Se levantan más muros.
La historia no deja de apresarnos,
todo sigue igual aquí en la tierra.

El hombre no aprende de sus errores.
Patrias, tierra, hombres con ansia de libertad.
Guerras, hambruna…
Seres con el corazón vano, adusto, tedioso.

Seguimos siendo extraños en la tierra
que nos abrigó toda una vida.
Se desangran los sentimientos.
Las patrias afloran con fuerza.
Las clases sociales se apuntalan con más pujanza.
El pobre es cada vez más infortunado.
Florece de nuevo la miseria.
Los hombres te arrinconan por su doctrina.
El pensamiento único empieza a coger fuerza.
Sopla el viento para un mismo lado.
La niebla no nos deja ver el camino
que nos trasladaba a la tierra prometida
por la calzada estrecha de la vida.
Que nos deja un reguero de almas
deambulando hacen por ella.

Añorando nuestra querida tierra.
Donde no éramos extraños.
Donde hasta el can te conocía
y te ladraba con cariño y encanto,
añoranza de un tiempo postrero
que nos arrebataron como un soplo ligero.

Con la necesidad de volver a los campos,
a los prados, ríos y cañadas,
con mi gente y cultura,
con aquellos que deambulan por la sierra
esperando el regreso,
con el único pertrecho de
las manos en los bolsillos
y el corazón lleno de alegría por la anhelada vuelta.

Ser enterrado en ella,
donde todavía se veneran a los muertos
a pesar del tiempo transcurrido,
para orgullo de una raza
que estalla en mi pensamiento.
Antonio Molina Medina

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