HA NACIDO UNA ESMERALDA


Claudia (Chorrosquina)


De una esplendida ladera
lamida por manantial
ha nacido ella briosa
de las lagrimas, de gotas
que brotan del manantial.

Majestuosa, jugosa y tierna,
hermosa como las rosas.
Su explosión me ha conmovido,
su sonar a saltado continentes.

Emergiendo su contenido
en una tarde de abrigo
en una isla desierta
de paseo por la playa
con mi mente trasportada
buscando su ardiente cara.

Su sonrisa que da vida,
el salpicar de sus olas
parió su letra briosa.
Tallo verde, jugo, sal.

Pensamientos volanderos,
Recuerdos, que me dominan.
Mi cuerpo se trasportaba
mi alma me remontaba
al borde de una Bahía.

Pensamientos al vuelo.
Explota la luna pariendo
estrellas blancas
que se bañan en el río.
Una se posa en la fuente
para trasformarse en lágrima
que lentamente recorre por la vereda
el trecho hasta su casa,
donde deposita a la niña
que ha florecido en su hábitat.

La semilla que sembraron
a quedado entrelazada
con vistas a su Bahía
buscando con la mirada
las viejas costas de África.
Movimiento de ojos la observan

resbalándoles las lágrimas.
Antonio M. Medina

SU RECUERDO ATRAPA

Tu sonrisa perdurara a través de los siglos
Cristian Paya.

El recuerdo hizo presa en  mi corazón.
Atrapado entre sus menudas manos.
Dibujo su figura de acaramelada
risa, en su sonrisa de espuma.
Mis entrañas se llenan de ternura 
aunque duelan por su ausente ser,
aunque sus ojos no se apaguen
ni se empequeñezcan los sueños
que desandan mi almohada.
Entre su risa y mi risa sorteamos
las paredes de la nada, el tiempo,
siempre es presente, siempre. 
La  reluciente vida deja tu cara de niño
al calor de tu gente trepidante cual leones
que te cuidan. Y esta es mi plegaria.
 Antonio M. Medina

VALDERUBIO YA NO ES UN PUEBLO OLVIDADO DE LORCA

Pepito del Amor



















 

Vacilé al acceso de su hogar
Amasijo de cultura es tu mansión
Llenaste tus calles y plazas
Demostrando tu inteligente textura
Elemento necesario es tu morada
Rodeada de la Vega y del Secano
Rumiando los antílopes a mi marcha
Umbrosas las golondrinas me conducen
Bebiendo del germen del saber
Impresionado del ímpetu y nobleza de tus gentes
Odorante la fragancia de tus campos.




Alfonso Gonzalez

















 
ASQUEROSA
Ansié tu aire puro y generoso
Sacudiendo tus alas de historia
Quitaron tu nombre verdadero
Ululando tiempo postrero
Enamorado quedo de tus gentes
Rodeado del fruto de tu vientre
Oscilando tu bravura
Salpicaste tu sapiencia
A peregrinos que a ti se aproximan.
Antonio M. Medina 

LA HABICHUELA

Era muy pobre y plantó
una habichuela en una huerta cerrada
para que no se perdiera.
Brotó como venero
y el agua la acompañó
en su briosos movimientos
por los zarzales de la tierra.

La vida se recreaba.
La habichuela floreció,
brotó, germinó,
quebró y desgarró la tierra.

La habichuela se desarrolló
y de ella nació su semilla,
fue rompedora en su hábitat
para el sostén de otras.

Ella sola se enfrentó
en su nuevo caparazón
a todos los elementos
que la iban a molestar
en su desnudez primera.

Tuvo que soportar el frío,
el calor, el agua, el dolor…
pero también le compensaba
el amor que de ella provenía.

La amistad la protegía,
impermeable la cubría,
siguió acumulando semillas
y recogiendo la cosecha.

Año tras año la semilla florecía,
el suelo la protegía.
La tierra le dio calor
y otras semillas briosas
la acompañaron con candor.

La semilla está orgullosa.
Ya no le importa pudrirse
para poder dejar paso
a otras semillas que empujan.

Para continuar dando alimento
a sus gentes, apetitoso manjar
para los que de su semilla
y sus tallos verdes se sustenten.
Antonio M. Medina

PARA TI MUJER ALGECIREÑA


Plaza Alta


Qué furia. Qué soltura.
Cómo camela a la gente.
Su carácter es gloria pura.
Es natural. Es especial.

Es andaluza. Esta es mi gente.
Les llaman los ‘Especiales’.
Ella se ruborizó cuando le dije
Orgulloso: “¡Qué grande eres!

Se nota que eres especial.”
Ella me miró a los ojos,
se perfiló su sorpresa.
¿Especial?, me dice.

“Sí. Especial”, le repito.
Llevo sangre de esa tierra,
me criaron en El Cobre,
Chorrosquina, el Chorro, la Chorrera.

Junto al río de la Miel,
Algeciras, mi cultura, mis raíces.
Mujer lozana y grandiosa
que brota de tu cuerpo embrujo,

sabiduría y la gracia andaluza
que de la ría de Bilbao surge
como fuego. Otra cultura,
otras gentes, nuestra alegría.

Hombres valientes,
mujeres alegres que transpiran
júbilo por los poros de su piel
engatusando a las gentes.

Tu también tienes tu río,
tu río de la Miel
donde Reyes y Califas,
literatos y guerreros

se solazaron en sus orillas,
bebiendo sus dulces aguas.
Algeciras tierra de mis añoranzas.
Mi corazón se desgarra,

tus murallas me seducen
junto a tus calles y plazas
y el parque de las Acacias
con tus playas de arena fina,

donde mis huellas borra el agua
cuando por ellas transito
para serenar mi alma.
Fue una tarde en Bilbao

El agua lamía su carpa
cuando una voz fresca y alegre
resonó con añoranza
dentro de mi corazón:

“Somos de Algeciras”, gritaba.
Explican sus bailes con
castañuelas y mucho arte
que los presentes asumen

con respeto, palmadas,
jaleos, sonrisas y atención.
Acompaña la función
una mujer con sus cantes y

una guitarra, la de un hombre que
hace con sus manos brotar
sonidos mágicos y refrescantes.
Los ojos se me nublan,

emergiendo de ellos lágrimas
que trato de disimular con timidez
y se me rompe el corazón.
Ella es la dueña del ‘tablao’.

Se mueve con poderío,
como una gacela
hace sonar las castañuelas
con su gracia y su salero:

“¡Ahora subimos el volumen,
ahora lo bajamos!”
Son manos expertas,
vestido de colores y volantes,

mantón de Manila que toca las palmas
con sabiduría y mucho arte.
¡Qué sensación de poderío y libertad
el que salía en todos sus movimientos!

movimientos que brotaban
de sus manos y su cuerpo
para mentes limpias y abiertas
que irradiaban sentimientos.
Antonio M. Medina

VIDA NUEVA



Un paraíso se divisa al trasluz
de los rayos de sol que brotan
como maná por el impulso
de manos expertas y briosas
abrasadas por el astro sol.
El campesino impulsa con brío al cielo azul
con el bieldo de madera la abundante mies 
de la anhelada cosecha.

La claridad que se vislumbra
es interrumpida por la parva
que el aldeano catapulta hacia la altura
para separar el grano de la paja,
la dorada mies que el lugareño mima
con la ayuda del resoplido del viento de levante,
retumbando el grano sobre la tierra,
llegando a formar un pequeño cerro,
hermoso y deseado promontorio
que los lugareños miran con agrado;
es su alimento necesario,
el que él y su familia precisan
para el sustento ansiado.

El brillante grano, cuyo reflejo se expande
a las riberas del río de la Miel, que nos contempla
poblado de hortalizas y de productos en sus huertas
que llenan con orgullo sus despensas.

Terminada la ruda tarea,
bañan su cuerpo en el río y
limpian sus manos de impurezas
trasportándonos al paraíso de todas las añoranzas,
brotando de lo profundo de sus almas
las historias, cuentos y leyendas
que sin querer ellos nos introducían
para formar nuestro cuerpo
y nuestro espíritu,
para encauzar nuestra vida.















En las limpias aguas de su río
sus férreos rostros se reflejaban,
gentes bravas que relucen todas sus desventuras,
rostros marchitos de aquellos que no nos olvidaban.
Blanden en sus vastas manos
las horcas con sus puntas de madera
para elevar al cielo los frutos recogidos
y el viento sople el producto de la siega.

El viento cesa de improviso
el campesino se desespera
de tanta paz que le rodea
mientras intenta separar
la paja, del grano de trigo de la cosecha.
La tarea es ardua y agotadora,
el viento con su inmovilismo
hace imposible poder separar
el fruto de la dorada paja,
la que el ganado agradecerá
como alimento deseado.
Aprovechando la temida calma
reinician la tarea de trasformar en alpacas
la paja que han pisoteado las bestias
con un artilugio de cinco tablas,
como torre de Babel,
introduciéndose bien prensada en ella
para guardar los grandes bloques de paja oprimida
mientras esperan que el viento vuelva a soplar en la era.

Llegan las nubes, el cielo se oscurece,
ellos fruncen el ceño,
el enemigo siempre les acecha.
El campesino ronronea
cuando en el cielo
aparecen nubes negras, negras, muy negras.
El campesino las mira, se resigna,
su rostro refleja la tristeza.
Antonio M. Medina

JOSÉ LUIS CANO


Ya sé que fuiste un gran poeta,
aunque cuando te juntabas con Federico
te llamaban poetilla.
Ya sé que adorabas a tu Algeciras,
ya lo demostraste en Sonetos a su Bahía,
donde lo plasmaste y reflejaste con amor y gallardía.

Ya sé que te fuiste cabizbajo y con tu pena,
dejando una tierra llena de miseria y de dudas
las que te atraparon con mesura,
dejándonos huérfanos de tu voz,
la que brotaba de tu pluma.

Un día partiste dejando tu obra duradera.
Le pusieron nombre a tu legado.
En una fundación que tu nombre lleva.
Rozando su estructura el río que tus heridas lamía.

Desde la distancia llegaba como dardo envenenado
la noticia de que querían quitar tu nombre a tu guarida,
aquélla que tu nombre lleva y que con tus versos
de renombre supiste adornar para las gentes venideras.

Qué paradoja. Qué desatino. Qué sinrazón, querer quitar
tu nombre a ésa que es tu fundación, tu damisela.
La que da tu nombre a la ciudad y a sus poetas.
La que florece cual manjar de los sentidos y engrandece
la localidad, tan especial como un suspiro,
junto a sus calles y su gente, las que te tendrán siempre presente,
como a los que amamos tus sonetos, tu poesía… y tu figura.
Antonio M. Medina