FIEL COMPAÑERO

Rio Nervión a su paso por Basauri (Bizkaia)



J. M. BOMBIN (Nos dejo)

Entre moles de cemento
a la orilla de su ría
se encontraba un ser querido,
quizás olvidado, o quizás perdido.

Después de una contienda fraticida,
de un exilio prolongado,
encorvado por los años
emerge aún su efigie.

Su fibra es inquebrantable.
Hoy con la pluma en la mano,
ayer con el fusil obligado,
defendiendo libertades
con su cuerpo erosionado.

Su corazón es humano,
tuvo que escapar de la muerte
con el fusil en la mano.
Acompañó a Rafael, a Neruda,
A Falconeti y también a Mora Guarnido,
el que de niño pasaba
las tardes con Federico.

Hoy la vida se le acabó,
su cuerpo se fue agotando,
pero su espíritu es fuerte;
de su pluma brotó el llanto.
 
Recostando su figura
al mismo borde de su ría,
la que le vio nacer,
aún late su corazón
y permanece su figura.
Antonio M. Medina

Sigue vivo en nuestro adentro

Mariana Pineda, Antonio, Pepito del Amor y Daniela
(Valderrubio-Granada)
Entre chopos y olivares
mecían los elementos,
las esporas fluían
cuando los cimbreaba el aire.

Sentí su espíritu vivo
impulsado por el viento,
sus partículas resplandecían,
su espíritu vivo brillaba
brotando sonrisa clara
atrapada en el tiempo.

Vi su tristeza en sus ojos,
en su mirar no pasa el tiempo,
esbozando una libélula de luz
que el aire va transmitiendo.

Su sangrar es placentero.
Su mirar es permanente.
La luna lo iluminaba
con su cuerpo aún presente.

Dicen que lo fusilaron
desaprensivos, inconscientes
dardos envenenados
brotaron de la corriente.

En la orillita del Cubillas
su risa atronaba el aire,
su sombra emerge del río
por la fuerza de su cauce.

Las hojas caen lentamente,
el otoño las desprende,
las posa con suavidad
en medio de la corriente.
Su muerte nos liberó.
Él nos marcará para siempre.

Otra forma de vivir.
Otra forma de querer.
Otra forma de sufrir.
De un hombre que tanto amó,
que a todos tuvo presentes.
Su mensaje aun perdura.
Federico sigue vivo.
Su corazón aún caliente.
Está más vivo, se le siente
en el transcurrir del tiempo.
Él nos mostró el camino.
Así alimentó a su gente.
Antonio molina medina

ARTE7 GALERÍA. CATA DE ARTE.


El jueves 12 de abril la Galería Arte7, que lleva Mabel Pérez, organizó una exposición con el título: Cata de Arte. Porrilló y Txakolí. Ante tan sugestivo título y después de ver algunas fotos de cómo habían transformado la galería no pudimo faltar a la cita.







El trabajo de Leire Ibarrola, que forró todas las paredes de modo que parecía que estábamos en una bodega con sus formas rugosas y oquedades, con las vides surgiendo de las paredes, o un cuadro que se vislumbraba en una pequeña cueva. Los cuadros de Porrilló acompañados por botellas vestían las paredes de color porque el sabor lo puso luego el txakolí.

Antonio Molina, Mabel Pérez y Daniela Bartolomé en la
Galeria Arte7
El público asistente tuvo oportunidad de degustar txakolí del pertenciente a la Ruta de Txakolí Aiaraldea:

  • Beldui Txakolina (Beldio) Laudio
  • Artomaña Txakolina (Eukeni) Artomaña
  • Okendo Txakolina (Señorío de Astobiza) Okondo
  • Arabako Txakolina (Xarmart) Amurrio
  • Arabako Txakolina (Ametza) Delika
  • Gure Ahaleginak (Gure Ahaleginak) Urduña
  • Izoria Baserria (Izoria)


Cuadro de Porrilló

Detalle de vid y cuadro













El resultado; una iniciativa por la que felicitamos a Mabel, a Leire por su trabajo transformando la galería y a todas y todos los productores de txakolí que allí se dieron cita para ofrecer sus exquisitos caldos tanto rubios como tintos, de los que tomamos buena nota. ZORIONAK DENOI!! Todo nuestro ánimo para estas iniciativas "enoartísticas".

Antonio y Daniela







UN HOMBRE DEL COBRE 2ª EDICIÓN-REFORMADA

Despedida y Encuentro
Luisa, Antonia, Baltasar y Antonio



Luisa, ha cogido el atillo e inicia el camino hacia su tierra;
la tierra que la vio nacer y crecer
pero no la vio morir.
Iba buscando a la Antonia que la pueda acompañar.


Desde el norte y desde el sur
se cruzaron las dos almas.
Agarradas de la mano
cantaban canciones santas,
las Nanas de su niñez
que sus madres les coreaban
para conciliar el sueño
en esa edad tan temprana:
 

“Duérmete, lucerito de mis entrañas,
que eres lo más bonito que hay en España.”


Resonando por las peñas, siguen en su recordar
una niñez ya lejana que merece resonar.


“Si mi niña se durmiera yo le daría un real
y luego, cuando estuviera dormida,
se lo volvería a quitar.”


Con la sonrisa en sus rostros
camino van a su destino,
Baltasar y Antonio les esperan
justo al final del camino.
La luz celestial ilumina el sendero.
El brillo de sus ojos perfora al mirar
a los que les esperan, cual fieles compañeros.
Sonrisa en sus rostros… ¡deprisa…! ¡deprisa…!
 

Se dan un beso tierno y brioso
dos parejas que se vuelven a reencontrar
para no separarse jamás
en la inmensidad del mar.
 

“Ancha es Castilla”, dijo don Antonio
“Si muero dejad el balcón abierto”, dijo Federico
Boabdil lloró en Granada cuando perdió la ciudad.
 

“En Rinconcillo tengo una pluma,
en Palmones, un plumero,
y en Algeciras lo que más quiero”.
 

Cantan los cuatro por la vereda
dirigiendo sus pasos a la gran pradera
donde les espera una vida plena.
 

“Si quieres que te cantemos,
nos tienes que convidar,
aunque sea a un polvorón,
o a una copa de coñac.
Si no nos convidas,
verás lo que va a pasar,
te vamos a dar la lata,
hasta la ‘madrugá’.”


Pero ellos por fin se han encontrado.
Eternamente vivirán y sus recuerdos

permanecerán entre nosotros
hasta que nos encontremos con ellos.
Vagarán por el ancho cielo,
donde no hay chirriar de dientes,
ni guerras, ni odios, ni miedos…
Sólo Amor eterno. Amor verdadero.
Amor con mayúscula. Como el que nos dieron.
 

“Ahí vienen los Reyes, por la Bajadilla
y al Niño le traen un plato de natillas.
Ahí vienen los Reyes, por la Villa Vieja
y al Niño le traen un plato de lentejas.”
 

Son sus canciones.
Las de su tierra.
Las de nuestra tierra.

Los cuatro ya juntos caminan serenos
cantando canciones de su infancia al Cielo.


“A la hoja, hoja verde,
a la hoja de laurel.
Ha pasado una señora,
¿cuántos hijos tiene usted?
A ésta no la quiero,
por fea y llorona,
a ésta me la llevo,
por guapa y hermosa,
parece una rosa,
parece un clavel,
parece la hija
de doña Isabel…”


Retumban sus voces entre el cielo azul
y el verde de sus campos junto al agua clara
que brota de su brioso manto.

 Si Baltasar volviera,

yo sería su escudero,

¡Su bravura para mí quisiera!


“La muerte sólo se produce con el olvido”.

  
El tronco de un árbol
Para Daniel y Alejandro

 

El árbol cuando chiquito
brota cual tallo celeste.
Sus raíces torturadas
por la fuerza de los aires,
las hojas marchitas
se desprenden de él,
vibrando como joven eficiente.
 
Pero poco a poco,
año tras año,
el árbol se endurece.
Cubre su cuerpo de corteza
para abrigarse y protegerse,
se prepara para el frío invierno,
del hielo y la posible nieve.
Con el transcurrir del tiempo
ese tronco es diferente,
el viento ya no lo balancea,
el soplo del aire mece sus ramas
y sus tallos verdes.
 Irremediablemente,
el tronco se endurece.
Él no se da cuenta
inmóvil el aire lo duerme
pero sus ramas se balancean
mientras sus verdes tallos florecen.
Inexorablemente el aire lo duerme
mientras los tallos briosos
que de él emergen, se ciñen,
se estremecen y gozan
del tronco perenne.
Cuidad de ese tronco
y de donde procede,
nunca permitáis
que la hiedra lo envuelva,
lo ahogue y lo seque.
Tiene nombre de rey
y fue de su gente,
a muchos de los nuestros
nos marcó para siempre.
  

El tiempo pasa inexorablemente y los acontecieres son insalvables, los seres queridos se nos van por la vereda para encontrarse con los que se fueron.

Luisa, Baltasar, Antonio y Antonia están juntos de nuevo en la inmensidad del cielo. Brillan como estrellas en el cosmos, pero seguirán con nosotros mientras los recordemos. Mientras haya cielo, siempre que los hombres se acuerden de ellos.

 FINAL Y COMIENZO DE OTRAS VIDAS

VIVIREIS ETERNAMENTE EN LOS CONFINES DE LA RED

Antonio Molina Medina.




UN HOMBRE DEL COBRE 2ª EDICIÓN-REFORMADA



Sus rayos de Sol se reflejan en el río
 

Yo los conocí y conviví con ellos.
Hombres bragados, con muchos sentimientos,
amantes de los suyos y queridos por ellos.
Personajes que representaron una raza.
Los que nos precedieron,

hombres de carácter
que poblaron esta tierra
mimando sus campos llenos
de abundantes espigas de trigo.


Hombres que transmitían emociones,
que supieron donarnos en su tiempo postrero
la visión de su existencia en este mundo incierto.
Sentados a la puerta de sus chozas,
de tertulia diaria,
consumiendo el cigarro con dedos
encallecidos por el trabajo cotidiano,
en su descanso melancólico pero necesario,
con rostros tostados por el vigoroso sol.


Hundidos sus ojos de ver tanta miseria,
con la mirada perdida en el profundo cielo azul,
esplendoroso y resplandeciente,
que domina esta fructífera y pujante Bahía.
 

Ojos mirando a la lejanía,
perdidos en la bruma,
brotando lágrimas menudas
que, surcando sus mejillas,
tratan de tapar
con el humo del cigarro,
rodeados de niños que no tienen nada para su sustento.
 

Hombres distantes en el tiempo,
que están presentes con el paso de la vida.
Fluyen sus recuerdos como melodías
que deleita recordar,
de tiempos ya pasados
que perduran en nuestro recuerdo,
cincelados en mi alma
y que no deseo arrinconar.
 

Muchos fueron sus nombres:
Juan, Baltasar, Antonio, Doña María,
Ricardo, Paco, Manolo, Ramito, Catalina…,
tantos nombres que no podría acabar.


Fueron seres bienhechores,
sabrosos en mensajes,
de los que fluyeron aromas e ideales
que hoy requerimos a nuestra sociedad.
Brotando la humanidad de ellos
como agua que fluía del manantial,
que nos colmaba el ánimo,
nos limpiaba por dentro,
nos consolaba la existencia
de un mañana incierto,
de poder zozobrar.


Fueron remos estables
que pilotaron mi barca
por las brumas del mundo
que impasible acompaña,
a esta humanidad.
Luz de faro perenne,
cuyo brillo buscamos
para que oriente nuestras vidas
hacia la inmortalidad.
Un territorio en el cielo,
merecido descanso,
les deseo a esos hombres
que aún puedo recordar
como miel exquisita
que degustan mis labios
al pasar por el río
que les vio emerger.
 

Cuando un día no lejano
era miel lo que fluía
de sus verdes orillas,
que esos hombres crearon
placentero vergel,
nutriendo sus márgenes
con aguas de miel.
 

Río que mi alma
nunca puede olvidar.
El ruido de sus aguas
golpeando en sus molinos,
con esa fuerza enérgica
del salto brioso de sus cascadas.


Río de la Miel sagrado
que en El Cobre perdura
tras el paso de la vida,
que sus gentes conservan
como el líquido que aflora
de su desgarrada garganta.
 

Baltasar, Juan, Miguel…, no estáis muertos.
El tiempo ha reabierto vuestras vidas,
como un latigazo resuena en mi alma,
desgarrándome las entrañas
por vuestro proceder.
Vivían con su pueblo,
se preocupaban de su gente,
en esa ribera que en su día fue.
 

El pueblo dormitaba un bostezo profundo.
El hambre corporal les importaba más.
La cultura adormilada
bloqueaba los caminos de la libertad.
Unidas las manos duras hasta la incertidumbre
en ese nuevo día que vuelve a aflorar.
 

Con amor, con pasión, con dulzura,
personas altivas y orgullosas
nos dejaron el testigo
escrito con sangre y el sudor de su frente,
tras el azote del hambre
provocada por la opresión que les envolvía,
pisoteando los derechos más elementales del hombre
y de la humanidad.
Con la sana esperanza
puesta en esa verde primavera
que tardaba en llegar
y no lograron disfrutar.


Hombres con sabor a tierra,
a estiércol y a semilla.
Pero que en el fondo de su espíritu
mantenían el fuego implacable de la libertad.
Como enredadera sus vidas me atrapan,
perteneciendo a esta tierra
que fue su morada,
tierra que en verano
quedaba seca y carcomida por el astro sol.


Brotan sus recuerdos,
poleo en sus campos,
dejando un reguero de olores,
perfume infinito
del que me dejé embriagar.
 

Antonio molina Medina



 CONTINUARA






UN HOMBRE DEL COBRE 2ª EDICIÓN-REFORMADA

La noche
 

Desde un remanso en la sierra, envuelto en la oscuridad,
emerge la Luna por Los Arcos de El Cobre,
iluminando sus casas y las luces en penumbra.

Al fondo, se divisa el mar…, la mar…, el mar.
La mar en esa hermosa Bahía con sus luces de colores
que iluminan su colina.

Relinchan los caballos, ladran los perros,
murmullos extraños…; brillan las estrellas,
el aire es respirable, brisa sosegada.
Se introduce la paz en los sentidos,
se disfruta de la soledad en el paraíso
divisando Los Arcos centenarios,
con la luminosidad de la figura de la luna.

Todo es silencio, a veces interrumpido por el sonar
de los animales nocturnos, junto a voces lejanas,
luces cuyo resplandor alumbra la oscuridad de la noche,
sombras de árboles centenarios,
grillos trinando en la lejanía.

El aire placentero que impregna mi rostro se detiene.
La noche está en calma.
Hermoso espectáculo para los sentidos.
El peñón con sus luces de colores.
Todo es vida, iluminándose el firmamento
por el resplandor de luz que producen las estrellas.
A la lejanía se vislumbra la autopista.
Serpiente multicolor.
Algeciras.
Remanso de paz en esta hermosa Bahía.
Resplandeciendo en la sierra
los sueños de los que un día
hicieron posible esta paz y esta realidad.
 

Tierra


Una luz en la sierra.
Una casa al final del camino.
Murmullo de voces lejanas.
Tierra y sueños de aquellos
que lucharon para conseguir
y hacer posible nuestra felicidad.
 

Piropos y quejidos

Algeciras blanca y bella,
que luchaste a través de tu historia
por tu propia identidad.
Peleaste junto a tus hijos,
tras él acosa enemigo,
y gracias a tu fortaleza,
supiste salir a flote
de tus indignas destrucciones.

Qué grande fuiste, eres y serás,
pues ciudad que atraiga como tú
no la he visto yo jamás.
He conocido tus calles,
tus campos y tus gentes,
se me han metido en mis entrañas,
imposible de olvidar.

Qué hermosura se presiente
en tus entrañas, más ya
se me presenta a mis ojos
como algo que debo alcanzar,
para encontrarme contigo
y no dejarte escapar, pues
sólo con tu hermosura se
alcanza toda la felicidad.

Antonio Molina Medina


CONTINUARA