SU SOMBRA


Río de la Miel. Parque de los Alcornocales. El Cobre
Entre algodones su cuerpo,
alguien resucita esta espiga
que, fructífera, brota en los páramos.
Los años trascurren acompañados
por los granos, desgranando su fruto.
Los sueños de esparcen en su cerebro
que adormece los incestos dañinos de su cuerpo.
Su mente se hace gigante para que los sueños
prevalezcan, cual relámpagos salpicados del cielo.
Las estrellas enmudecen su brillo y sus ojos
marcan su rostro de escarcha.
Entre nubes vuela su cuerpo que no se detiene
aunque el tiempo este siempre presente
entre los pliegues de su piel que protege
su cuerpo. Y a su alma rejuvenece.
Gracias zagal, tu alma es un profundo fuego
una hoguera instalada en el tiempo cuyas llamas
alumbran mi espíritu y calientan mi cuerpo
que, ardoroso destella su calor a mi propio corazón,
afligido con las ardas del invierno.

02/08/14

Antonio Molina Medina

ANDALUCÍA MI TIERRA

Parque de los Alcornocales. El Cobre. Algeciras
Hoy siento su lejanía. Su dulzura. Su candor.
La sangre se me subleva y me salta el corazón,
cuando los cantes de Utrera, se cuelan ciegos de amor.
 
Con los de la Andalucía del llano. Por las cumbres del Veleta
cantan sus nubes eternas nuestra Historia y su candor.
Andaluces que soñamos sueños de vida y de amor,
compartamos nuestros sueños de una Andalucía mejor,
con el verde de sus campos, el blanco de sus cabañas y
sus eternos olivares. Encauzando la calor, el frío y el dolor
de nuestra gente olvidada, que pastorea por los caminos
entre cunetas de invierno, olvidados de sus gentes, y
rebelando mi alma a impulsos que tañen en su corazón.

23/11/16

Antonio Molina Medina

 

ENTRE LUCES


La Chorrera. Río de la Miel. Canuto hondo. Parque de los Alcornocales. Algeciras
Ayer Salí caminando con la mente puesta en ella. Se me abrió el portón de la Marquesa. Su camino…, quizás aún vereda. Sigue sin pasar el tiempo y sus piedras salpicaban mis pies, seduciendo mis pisadas y mi cuerpo se altera, caminando por esos senderos que aún perduran.

Sus ruinas me miraban sonriéndose, donde un día en sus corrales bullían las bestias. Las alpacas de paja me saludan al paso y, en los cercados, los becerros tendidos a la sombra junto a sus madres, me seguían cautelosas como vigías siguiendo mis pasos, cuidando sus crías.

 

Parque de los Alcornocales. Río de la Miel.
Ya rumbo a la arboleda de fecundos chaparros mi cuerpo bullía y salpicaba mi sombra sobre la arena y las piedras del balastro.    

El corcho recogido ha dejado desnudos de los troncos de los acolchados chaparros.

 

Envuelto en el tardío sol y el calor de la tarde; nos introducimos entre luces y sombras, dejando atrás la fábrica de la luz y el molino Escalona y pasando su puente nos cambiamos de lado en el Río de La Miel, cuyas cantarinas aguas repican simpáticas coplas. Mi mente se aferraba a sus melodías, mientras mi mano se anidaba a las fuentes de antaño, traspasando su arco dorado de años.

 

Parque de los Alcornocales. Río de la Miel.
Ligero de equipaje me adentro en su curso mirando y marcando en mis ojos su agua y sus piedras, su arbolado que, paso a paso deja mis ojos repletos de años.

El camino se hace tan brusco como fue su pasado. Entre piedras y riscos aun me acompañan algunos de sus caños de antaño, donde el agua chorrea mis manos y mi rostro se llena de jirones entre las laderas de la sierra que salubres se rinden ante su canto y se hace más liviano mis pasos.

 

El molino Del Águila nos da su abrazo cuyos muros añosos se aferran a las raíces del rio cubiertas de harapos. Nos indica sonriente, que el tiempo no cesa y se acumulan sus piedras, sus años; de su adentro las almas que se aferran a él, me saludan y siguen moliendo la harina que un día nos quitó el sufrimiento, dándonos calor a cuerpos ateridos de frio y maltrato.

Mientras los duendes revolotean por sus ruinas mi cuerpo, continuo sus pasos.

Parque de los Alcornocales. Río de la Miel.
En la explanada, algunos árboles frutales conservan su fruto lo mismo que antaño… los naranjos, perales, ‘hachofaifas’ y moreras, mientras la higuera nos mira con desparpajo y el granado deposita su sangre en las aguas silvestres que su cauce sustenta a pesar de los años.

El agua del rio lame sus cimientos y se acerca a nosotros para saludarnos. El camino se hace vereda y mis pies se rebelan y les cuesta moverse por los años pasados.

 

¡Se esfuerzan con rabia!

El sonido del agua nos seduce, perforando los oídos recuerdos aun añorados. El follaje interfiere e imprecisa mis pasos, mientras las raíces de los árboles que surcan las orillas, se aferran precisas, sustentando su tronco ensopado, descubre sus veredas que el tiempo no cambia, siguiendo el trascurrir de periodos desfilados.

Parque de los Alcornocales. Río de la Miel.
Mis ojos se erizan perforando el follaje: penetrando sus rayos en su noble cascada cuyos gnomos y duendes desprende su caída, entre sollozos y gritos de alegría. Mis oídos se desdicen cuando mis ojos la divisa: es muy sentida, me recuerda: donde niños bañaban sus cuerpos junto a hombres acurrucados a sus años.

 

El duro camino formado con bloques de piedra, difíciles de transitar para piernas viejas.

Pero cuando ves a “La Bella” doncella repleta de nervio, cayendo con fuerza sus aguas, saltando a la comba…, la eterna Chorrera que, vocifera, manifestando que sigue existiendo, sonrío y la miro. Mi cuerpo se pliega a su charca, dejando fluir a través de mis alas, ilusiones que hoy me alimentan junto a gentes eternas, que surtieron sus humildes aguas.

 
Ruinas del Molino: El Águila. Río de la Miel. Canuto hondo. Parque de los Alcornocales.

El sol declina sus rayos y miro el regreso, dejando mis lágrimas, envueltas en el cauce de sueños, donde el infinito se hace de noche y los sauces desprenden su sabia, entre olores a tierra quemada, junto a sueños de sus moradores.

Antonio Molina Medina

24.10.19

 

LATIDOS

Sinovas. Pedanía de Aranda de Duero
"Y se desbocan mis locos latidos"
Que derrumban paredes de granito
y, entre sus restos, mis restos,
sobresale tu cuerpo, mi cuerpo;
Algarabía que sustentan las emociones,
la lujuria que envuelve los sentidos,
dejando al descubierto lo que somos,
lo que soy y seré entre tus besos,
entre la paz de tu ser y el calor
de tu cuerpo, al que sin miedos me asgo.
02.12.18
Antonio Molina Medina

ELLA: MUJER LUCHADORA Y BUENA


                                         Sra. Adoración González Martín
 
Me dices que esta mujer es una joya. No me has descubierto nada nuevo, para mí es una alhaja única y sin posibilidad de poder hacer de ella una copia. Es… es el secreto de ser mujer sencilla, seria y cariñosa; mujer que camina entre los alces y se deja la piel en cada esquina. Su corazón es un tesoro inimaginable donde bebemos los mortales que soñamos con ella. Princesa o manantial de agua pura y limpia. Sueños, sueños  donde mi alma se cobija y me desprendo de todas las maldades. Querer a un ser tan delicado como ella es copular con las estrellas y Federico lo hizo un día con ella, y yo, pobre juglar, sueño con seguir a su lado compartiendo versos y luceros, los que alimentan mi alma señorialmente sincera.

 

Ayer Federico estaba con nosotros en la sala y mi pluma se deslizó en el papel. Misterio o causa, no sabría decir las emociones que me produjeron su figura y sus palabras, solo sé que me sabían a dulces sueños llenos de plegarias que me arrancaron más de una lágrima. Ella fue incansable mujer todo su existencia, buscando ese amor que le arrebataron en una guerra incivil e inhumana. Ella fue mi abuela.

Sinovas Pedania de Aranda de Duero

¡Qué lástima abuela, no poder abrazarme a tu cuerpo
y depositar en él tantos besos como los que tú me dabas
en las largas noches de sueño!
 
Mi vieja amiga, fiel y sosegado es mi recuerdo
capaz de trasportar mi mente aceitunada
entre los campos verdes de tu pueblo.
A la pluma acudo, para no dejar de ver tu rostro
tan sereno cuyos ojos penetran en mi alma
cual puñales clavándose en mi cuerpo.
 
Nunca abandonaste a ser vivo que a tu regazo acudiera
ni hubo lágrimas que no limpiases de los rostros
humillados por la miseria.
Fuiste víctima de tu tiempo y jamás se hizo justicia.
Pero la ira no pudo contigo, ni el espíritu
dejó de ocultar tu fe y gallardía, dejando un reguero
de agua limpia que seguimos bebiendo noche y día.
¡Que no!, ¡Que no quiero olvidar la victima que fuiste!
Tu inocencia y amor fue el legado que a los nietos dejaste.
Fui afortunado de convivir contigo.
Ya ves…, aún sigo por los caminos, tratando
de encontrar, los restos de tu amor asesinado.
10.10.19

Antonio Molina Medina

LA NOCHE

Sinovas-Pedanía-Aranda de Duero
"Escuchar en el silencio de la noche"
Y sus ojos otean el horizonte, mientras
sus pies siguen caminando entre cepas,
pinares y la tierra roja removida, buscando
la fuente de su sombra, para lavar su rostro
de impurezas. Volviendo a él, sutil sonrisa,
la que, acampada, se encarama en las copas
de los chopos para convertirse en hoja marchitada
cayendo en círculos alados entre sus manos,
buscando el calor de su alma.
13/05/16

Antonio Molina Medina

PASTOREO EN – SINOVAS



Pastor de Sinovas-Castilla y León
Era una mañana apacible y clara, los rayos de sol se filtraban entre sus dedos y los desliza suavemente en sus campos. Campos verdes repletos de mieses donde pastan las ovejas. Los perros pasean vigilantes, arropando la manada, mientras el pastor apoyando su cuerpo en reluciente bastón entre sus manos cruza sus piernas contemplando el rumiar y, con la rapidez las mandíbulas arrancan la verde yerba a su paso y de soslayo sus ojos se posan en la ermita que le ofrece su sombra.

 
Sinovas Castilla y León
Pasos extraños brotan de lo frondoso de la espesura. Levantando su mirada parpadeando sus pestañas se cruza con un extraño que se acerca con sonrisa clara. Su erguida figura escruta al visitante mientras los perros se adelantan olfateando al extraño, el que paseaba despiertos sus sentidos degustando mientras contempla ese hermoso cuadro donde la naturaleza se hace cuerpo, se abraza al camino y al caminante.


Sinovas Castilla y León
Los perros le observan y olfatean su cuerpo el aire le regala a su instinto infiltrándose por sus hocicos, que el peligro no se filtra de los ojos del confuso caminante.
 Un zarpazo de calor destella y se infiltra por su cuerpo, cubriendo sus ojos con el dorso de su mano, se acerca al pastor que sonriendo le ofrece tabaco.
Sinovas Castilla y León

Rumorean por su cuerpo los viejos sentidos, los viejos recuerdos de su pastoreo por otras tierras, otros credos, donde al hombre libre en sus pensamientos, le dejaban soñar, le dejaban vivir, aunque no tuviese nada.



 27/04/16

Antonio Molina Medina