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| Ciudad de Orduña-Bizkaia-País Basco |
“A aquel que se escribe con ciencia en el
alma del que aprende, discurso que es capaz de defenderse a sí mismo, y que
sabe hablar y guardar silencio ante quienes debe hacerlo.”
Sócrates
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El lenguaje: quinta parte.
Atolondrado,
quedó tras él la sequía y los cántaros se esfumaron de sus hombros. ¡Que
alegría! Comenzaba a sentir los conocimientos, como los tallos jugosos
nos los ofrecían… para llegar a la flor degustando la vida sencilla y
distraída.
En este cambio
deleitable se encontró su juventud que no le abandonó en su tiempo, la de una
ciudadanía contagiosa y peñascosa, donde la relajación era incestuosa, en
nuestros hábitos habituales. Gracias a los libros que caían en sus manos, (ya
con conocimientos añorados) fueron con pasión triturados por sus ojos
entre los vendavales de letras que penetraban sin mesura como un acto
de libertad que su mente afianzó sintiendo que ellos… me amaban sin descanso,
ya que se dejaban leer y acariciar sus salmos.
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Amo a la
naturaleza y ella me recompensó con ese abrazo eterno. Hasta que llegue mi
descanso ya que nació entre sus verdes campos y tierras de labranza y seguía
entre los matorrales donde me escondía de miradas indiscretas, cuando escapaba
buscando ese silencio que hoy sigue a mi lado hasta mi defunción. El poeta, que
estuvo cubierto de ropa elegante, se desnudó y se pasó a los harapos ya libres
de pagos ingratos, pero de sueños logrados que permanecen con la permanente
esperanza de seguir entre versos y juncos del río, entre libros repletos de
surcos del arado donde se acoplaron semillas de letras ya abiertos los surcos,
donde la sonrisa de sus letras se ha transformado en lecturas que apacigüe la
esperanza en estos años de ira.
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También el
amor tocó, la aldaba de su puerta, dejando semillas nuevas que sembramos en el
huerto de la juventud moderna donde placía la serena virtud del amor y la
serenidad, la soledad como forma extendida, acompañando a su humilde y sereno
corazón, aunque sus propios merodeos se lleven sus letras a lugares donde el
viento sople sus letras en los surcos, aún abiertos, en su corazón. Sus pasos,
por esos prados y senderos, rodeando esa ciudad que le sacó del letargo se
afincaron, con profundo orgullo en las murallas eternas de la ciudad
que aún desprende ese aroma romántico y servicial; compartiendo el hermoso
valle orgulloso de su pasado, alrededor de su ciudad, cuyas gentes se apiñaban
como las abejas a su colmena.
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| Sinovas-Aranda de Duero |
Así mismo las
cigüeñas se posan formando sus nidos, año tras año,
desde la antigüedad; también las menudas aves se dejan caer por los
muros eternos desde su fundación.
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| Sinovas-Aranda de Duero |
Alegre y
cantarín, su río se desliza ya certero y sin miedo, serpenteando esos muros
para lavarles la cara a años de su fundación mientras los ejércitos pasearon
por sus calles y surcos bien asentados. La ciudad se deja oír, ver, y sentir.
Indestructible y sabía, que emociona cuando corres por sus callejones y
senderos como una avecilla sin alas, entre el universo muy vivo y transparente
de mi juventud, compartiendo las piezas de los años que transcurrieron
sedientos desde su amanecer donde hoy, con paso lento pero certero, camina
de nuevo mi corazón ya sin miedos.
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| Sinovas-Aranda de Duero |
Antonio Molina
Medina
16.10.25










