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| SINOVAS-CASTILLA LEÓN |
La Fanega vuela entre fronteras.
¡Mientras él pasaba el rodillo para despejar a
esa fanega repleta de trigo la que deposita en los sacos después de la trilla
en montones de sacos para su consumo y por las noches, a escondidas, cargaban
los mulos para llevarlos al molino ya que el hambre destrozaba los cuerpos de
bultos y ganglios de la hambruna que custodiaba sus cuerpos en tiempos
oscuros!
Desde otras tierras, ella vivía en La Rambla, que no veía ni oía la palabra ‘fanega’. Me dice que: “me trae a la mente cuando mi padre me la enseñó. Cuando escuchaba en la radio el bachillerato radiofónico de la campaña de alfabetización, aún era pequeña y no lo había iniciado yo, pero mi padre me animaba a oírlo, repasando lo que sabía y, a veces o él o mi madre mi explicaban algo que medio entendía...
vuelvo a
vivir las sensaciones de ser de noche (más o menos, oscuro), estar sentada en
la mesa de camilla al lado de mi madre y mi hermana, con dolor de
garganta, muy contenta porque se acercaba la navidad (cuando era pequeña
¡lo que tardaba en llegar!) y porque era capaz de entender casi todo lo que
enseñaban... Vivíamos entonces en la calle Arco de la Villa... y de vez en
cuando, me daban un ‘sustazo’ las vacas que llevaban al matadero que estaba al
final de la calle desde una vaquería que estaba casi al lado,
y de la que, de vez en cuando, se escapaba alguna y
embestía a las rejas de la casa. Me daban terror. Pero qué feliz era
entonces."
Quizás mi rodillo, el que apuraba y ocultaba
mis penas de hambre de pan, y de sueños, y cuentos de guerras, de odios y
castigos se sentía ya a mis años, por esos primeros escarceos que soplaban en
mi cuerpo como el inicio de otra vida nueva, ya con los clarines de la vida
expuestos al sol; la mentira y la verdad y su propia soledad.
Y hoy, al final de su tercera etapa de su
existencia, con los sentidos puestos en todo lo caminado y expuesto de nuevo a
otra nueva represión sin fronteras, su cuerpo se detiene y se hace materia
sensible preceptos que ya calaron en su corazón, que sigue latiendo
en su pecho, esperando el adiós dentro de las impurezas que rodean su mente, la
que genera su pudor.
24.02.26
Antonio Molina Medina








