SERRANÍA DE RONDA-ANDALUCÍA
Dice el burgués: Al pobre, la
caridad, y gracias.
¿Justicia? No; justicias, para
guardar mi casa.
Antonio Machado
Estimados seres humanos.
Toda la vida entre batallas y pérdidas de
palabras; encontré el corazón, aunque repleto de ilusiones las que recibí
en mi nacimiento en los pastos de la vega, a la sombra de la Alhambra, en la
eterna Andalucía; para seguir mis pasos a través de los ríos y montañas, camino
de las aguas, en la unión de los dos mares y a la sombra del Peñón
que malvendieron en su día los patriotas entre banderas sin colores ni sueños
que las bendigan.
Expulsado de su tierra, de ese cortijo en la
sierra donde vivió sin conocer la ira de sus habitantes y si el amor de sus
ocupantes y el de sus allegados que poblaron estas tierras de Chorrosquina;
amparado por la luna y el sol que le alumbraba y calentaba sus días; mientras
su alma, la dejaba aparcada en cualquier cerro sin miedo que la presentaran en
los cerros de la ira, ya que él nunca quiso esa braveza de la nada ni del todo
que mancilló sus actos por esa sociedad más sencilla, más humana, más condesciende
y sin sangre derramada; aunque los estragos que, sin impunidad, perpetra esta
moderna y cínica sociedad en boca de sus patriotas que nos dejan sin
dioses que nos amparen ya que ese reino que nos prometen está abocado a ser
destruido ¡que no es de este mundo…que es del otro… ! El
reino que tanto nos prometieron desde niños; esos dioses no son
escuchados, ante la destrucción que provocan sus creyentes, mientras algunos,
desde otros lares, defienden y dan de comer al hambriento y techo al peregrino
de la raza humana.
Hoy, los muertos son contados para degollar su
humanidad y ya sin retorno que guardar, ni hoces o guadañas, cuellos que cortar
ya que esos seres humanos desaparecieron dejando rastro de su humanidad…
mientras, entre risas y muecas de maldad, algunos quieren acabar con la
humanidad con las guadañas y el hocino; continua la vida, se
sobrevive a lo inmoral mientras hoy solo las tapias de los cementerios se
quejan de que no las asaltaran, ya que están vacías de esos cuerpos que pueblan
los campos; ya que, aún sin haber nacido, es arrancada la vida entre
explosiones de muerte, sin procesiones de gentes pidiendo su nulidad.
Quizás hoy esté violando las leyes que nos
expulsaron de nuestra tierra, hace ya una eternidad y aunque el tirano de turno
no esté presente, dejo bien sembrada su maldad, por los campos y ciudades y una
raza que guardar para que esto no cambie, leyes hechas por inhumanos terrestres
que se mofan de las vidas que iluminan este paraíso que ellos no puedan
controlar.
Solo sé que existo y no me puedo
camuflar ni entre las zarzas que hieren… aunque regueros de sangre se apoderen
de mis carnes, sin poderme ocultar de mi propia realidad con él.
¡NO A LA GUERRA!
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Antonio Molina Medina










