“Una
tradición, querido, del santuario de Zeus en Dodona que de una encina salieron
las primeras revelaciones proféticas. En efecto, a los hombres de aquellos
tiempos, que no eran sabios como nosotros los modernos, les bastaba, debido a
su ingenuidad, con oír a una encina o una roca, a condición de que dijeran la
verdad. Para ti, en cambio, probablemente hace una diferencia quién es el que
lo dice, y de qué país, porque no examinas únicamente si es así o de otra
manera.”
Sócrates
Hoy
desperté de un sueño donde la maldad fue arrastrada
por
las aguas, ya sin cauce ni trigales que sembrar,
ya
que las custodiaban arrojándose sobre nuestra humanidad;
la
vida no importa cuando hay cadenas y esclavos que rondan
los
aledaños de esos corrales de inhumanos que nos venden
inhumanidades,
plagados sus malditos sueños, que se posan
en las mentes
para destruir a sus gentes,
ya
sin cosechas donde sembrar.
A la presente, corre el
agua por las praderas de la muerte,
mientras las sabandijas se
esconden en sus poderosas
mansiones llenas de fortuna y sin
una pizca de humanidad.
El talento se oscurece.
La vida no vale nada.
Los sueños se despeñan desde los
acantilados de Ronda,
dejando el valle sin sombras;
incluso sin semillas
que sembrar; tristes las cenizas
del pobre, ya que se fueron,
arrastradas por las aguas, entre nidos y hacedores ya
desaparecidos.
Pero algo surge de sonrisas
alegres y llenas de preludios de muerte:
rostros que sonríen hablando de
los demás desde sus
inmensos palacios, siguen
planeando mentiras y falsas metáforas,
sentencias injustas, para acabar
con sus crías, que no siguen
la sangre que ellos provocan para
llenar sus arcas de oro,
de incienso y de sangre,
para sofocar a los que solo (solo) solo
nacieron en una noble cuna de
tablas y colchones sin avíos;
mientras los sueños que les
robaron los tiranos sin piedad,
mientras las cadenas suenan por
los arroyos esperando ser recogida
por los que claman y difunden el
mal dejando plantadas las semillas
de la destrucción arrastradas por
las aguas de la fatalidad y el fuego
que provocan su fatuidad.
08.02.26
Antonio Molina Medina










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