/…/ Y tuvo el valor, el tremendo valor de proponerse existir. Por sentir su
nada con más fuerza que otros tal vez, no se resignó a ella. /…/
María Zambrano
Dejé, sin miedos, lo mal vivido
Al final del tiempo ya vivido
Entre la oscuridad de una selva y la ciudad
Mis pasos se extraviaron de rumbo
Por ese olor mundano a su miseria.
¡Qué duro es decir! cual ha sido esa
selva maloliente donde me perdí!
Que aún se aterra hasta mi pensamiento.
Es preferible ya la muerte entre sonrisas
Si bien por dedicar parte de mi vida,
Al batallar, sin poder decir ¡no lo haré!
Aunque yo nunca supe abandonar lo repetido
Incluso te sales de la única senda verdadera.
La que abandoné por la incultura y el interés
Y tras volver a las pisadas de mis primeros días
Donde los verdes prados se unían con el majal alto,
Adonde el corazón no se reveló y pudo más mi alma.
Para cambiar, mirando a lo alto, destruyendo consciente
Que las sombras de mis años me delataron lo sencillo
Y válido que mis sentidos, vibrantes, elegirían libertad.
Anda diciendo la
gente
que ha dejado de
quererte.
Pregúntale al
corazón,
que suplicando está
por verte.
21.03.26
Antonio Molina Medina









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