NIÑEZ

Años que el tiempo desprende,
donde pucheros de barro se cocían
sentimientos, junto a mullidos garbanzos.
Alrededor de las chozas,
correteaban chiquillos con
alpargatas de esparto.
Por caminos y veredas
no crujían los zapatos.
Sí, unas suelas con sus cuerdas
colgaban de  nuestros brazos.
Corríamos por los huertos,
por la vega y por los canchos.
Libres, soñábamos como pájaros,
hasta que el sueños atrapaba
nuestros menudos cuerpos.
Así trascurren los años.
años de sueños cumplidos.
Sueños de niños jugando
alrededor de las chozas,
pero compartiendo sueños.

Sueños de miel y cedazos.


"descalza  sonriéndole a la vida"
Limpiando las miserias de mis dedos
abro un libro entre las manos y miro
la claridad del agua que, aunque distante,
esta limpiando prodigiosamente
su mente de impurezas,
degustando su sabor eternamente.
Antonio Molina Medina
06/02/17

RUINAS

Recorre los escombros y las ruinas
Que, implacables, se erigen
en lo alto de la sierra.
Busca su recuerdo de niño
retozando entre el brezo y la maleza.
Las margaritas brotan a su paso,
despuntan tallos de jazmines y rosales libertados.
Sus ojos intrépidos se encandilan,
dando rienda a los latidos
de un corazón ya cansado… 
Que enervado,
se desliza dentro de su cuerpo
Que presuroso,
se desdice de su tiempo.
Mientras, los limones brotan  verdes
aferrados a las ramas que brillan en su verdor
e inundan las calles y plazas de Granada de olores.
El sol brilla en lo alto de su montaña.
Deslizando sus rayos sobre su Alhambra que
enrojece de gloria. Su blancura…, atrapa.
¿Enroja?
02/02/17

Antonio Molina Medina

UN DÍA CUALQUIERA

Un día, en cualquier esquina, encontraré la luz que
mueve sus pasos, la que deslumbra sin querer sus
movimientos. Los senderos por donde se comunicó
con otras gentes, con otros credos. Sí que es verdad
que busca lo imposible y lo sabe, porque la vida se lo indica.
Camello jorobado, cangrejo de
una pinza. Sol que aprieta sus rayos sobre su cuerpo
acongojado. La suerte está echada y mira a los lados
buscando esa llama que alumbre su costado,
de donde brotan surcos de tierra, incómodos y pesados.
Árboles inciden en su cuerpo y no le deja mirar al horizonte,
ya que lejano lo ve con una salud aterciopelada,
firme, caudal de agua manantial.
Vino tempranillo del año,
donde el caldo se hace fuego en el paladar.
Miro sus labios y saboreo su resplandor, capaz de
sustentar a la propia muerte que aún retumba en sus oídos.
Ya sabe que el final, está cercano. Ya presiente que
los ángeles miran para otro lado cuando discurren a su lado.
La felicidad no está en sus manos, ya que, como mortal,
el tiempo se posó a su lado y miró de soslayo para
otra parte, donde de veras se acumulan los peces,
el pan y la sal que deja que su cuerpo siga
sediento de un amor desesperado.
De verdades, acomodándose al curso del pasado.
No encuentra sitio en su costado y aquello que desea y siente
jamás lo encontrará…
Ya la corriente es más fuerte y llena de hojas que cubren
las aguas puras de su mente. Se aferra a ellas y ve lo que
un día perdió por las veredas. Impasible, sigue caminando
por este vertedero que la vida le indica, que todo es un manjar
para su cuerpo.
Algún día será su complemento.
Por lo que lucha, siente, y vive.
Porque no está muerto y quiere
Porque es humano y ama.
Porque sin amor estaríamos muertos.
30/01/17
Antonio Molina Medina


Gracias corazones.

Los que hacéis que me sienta útil  en este mundo que nos rodea, que nos hace más humanos con personas como vosotras, mis queridas amigas María y María. Vuestra lucha es la mía y vuestro dolor lo comparto junto a la tristeza no ceja en vuestras vidas. Pero seguiré aquí con  la fuerza que me trasmitís y me hacéis volar con mi poesía. Ya que unimos palabras que vuelan entre las plegarias que brotan de la tierra sacando de ellas lo mejor que sus ojos dejan al descubierto mientras camino, caminamos detrás de ellas. Mientras los versos vuelan azuzando a las bestias para que dejen los caminos limpios de impurezas, limpios de maldades, descubriendo sus veredas. Hoy la luz mece vuestra sombra ¡ y de qué manera! Se funden palabras, se hacen sentir por detrás del trillo, en la cercana Era.
El trillo las mece, las deja sensibles solo para hacerlas... algo como así... Harina de la buena; blanca sin repliegues, limpia como el agua de fuente ya añeja. Entre bastidores se ríe y se alzan las voces que siembran la nueva cosecha, la de campesinos que ríen y cantan, canciones añejas. Celebran la vida ensoñando en sus mentes su primavera que florece en sus campos, en su pedanía, de donde afloran sus tallos…  sus viñas.

LA TÓRTOLA
Él se recreó con el vuelo de una tórtola.
Se posó en su nido y la miraba
con sonrisa de niño.
En un descampado, la encontró de nuevo.
Ella le miró y le sonreía.
Su dulce mirada le hizo zozobrar y
guardó su arma para nunca más disparar.
Su vida era…, su propia libertad.

Antonio Molina Medina

26/01/17

“Buenos días Amiga mía...”

“Buenos días Amiga mía...”
Te escribiré algunas letras
que he atrapado caminando
por la arena.
Son placenteros recuerdos,
ánforas del milenio.
Carbón vegetal que impregna y
da calor mi cuerpo.
Para llenarlo de sueños,
desde su almohada
hasta el confín de los tiempos.




“Yo te acercó la playa y tú me regalas flores”
que brotan de tu corazón, transformándolas
en versos que trasportan tus palabras y me
llegan al corazón, como chorro de agua clara.
23/01/17

Antonio Molina Medina

“Quizás se haya colado en mi interior sin ella quererlo”


…y haya transformado esta materia en algo útil para mí.
Yo sólo dejó fluir la sangre por mi cuerpo, atrapándote
en mi pensamiento, ya incapaz de renunciar al cariño
que anida dentro de mi pecho.
No puede haber olvido.
Anidas en mi pecho, mujer llena de sentimientos.
Has calado en mi alma. Has puesto mi corazón en
manos de los vientos, azuzando mi interior conquistado
por cada uno de tantos maravillosos recuerdos que
están instalados en mi mente.
Producto de los años vividos entre tus versos.
Ya no pienso amiga mía.
Sólo respiro tu propia vida, acuífero de luz
en movimiento.
19/01/17

Antonio Molina Medina

“…boca a boca atrapándole con su dulce sabor”

Cuyos audaces aromas se mezclan impetuosos
en su cuerpo, los saborea con presteza y siente
sus efectos, los que le niegan otros seres que
no sienten ni comprenden que la luz es distinta
entre los seres humanos.
Que los sueños son para degustarlos y comerlos…,
si…, saborearlos complaciendo a su cuerpo.
Y volar entre palmeras que lo regresen al desierto.
Lugar de encuentro, donde está el grano de arena que,
acumulado, llega a sucumbir su cuerpo.
Incapaz ya de dejar su propio desierto.
Descubierto por  la fuerza del viento,
que subleva lo humano y sincero
que su cuerpo reclama y exige por derecho.

16/01/17

Antonio Molina Medina