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| MAJAL ALTO- CHORROSQUINA- ANDALUCÍA |
Pablo Neruda
“Nunca he visto reunidos como en él la gracia y el genio, el corazón alado
y la cascada cristalina.
Federico García Lorca era el duende derrochador, la alegría centrifuga que
recogía en su seno e irradiaba como un planeta la felicidad de vida.
En el teatro en el silencio, en la multitud y en el decoro, era un
multiplicador de la hermosura. Nunca vi un tipo con tanta magia en las manos,
nunca tuve un hermano más alegre.”
El garbanzo negro.
Quizás fuese ese alimento para su mente
el que su madre le puso; un garbanzo negro,
en sus manos del que florecieron
sentimientos
del niño, divinos en la mente de ese que,
cuando se lo recordaba ella, no se acordaba
de tal acontecer… Y sí… así fue
en su menuda edad; mientras su padre sembraba
la finca de garbanzos, él sembró su garbanzo
negro
en el terrenito que su madre tenía para sus
flores,
ella lo miraba con una sonrisa y él lo
custodiaba
sin pasar un día, esperando que
aconteciese el milagro
de su semilla, la primera que sembraba en su
vida.
Una mañana cualquiera se levantó y ya la
semilla
evolucionaba de las hojas de su planta y, poco
a poco,
las vainas engordaban evolucionando el fruto
que llevaban dentro; fue un espectáculo que
acompañó al niño ya que, cuando la recolección
de los garbanzos, la primera mata le toco a la
suya y
expectantes porfiaban sobre el color del
garbanzo;
y el milagro se hizo, viendo los garbanzos
negros
en las manos de su padre…
(Dice su madre que tenía unos tres años el
niño)
pero fue como una saeta bien afilada y
sencillamente humana la que perforó sus
sentidos
los que, con el paso del tiempo, prevalecen
seguros y transparentes entre los enseres de
su mente,
los que seguirán fieles al Majal alto;
mientras
sigamos vivos y ya sin miedo a su muerte.
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| NATURALEZA EN MOVIMIENTO Y SIN OLAS DE ODIO QUE LA ALTEREN |
24.04.25
Antonio Molina Medina










