EMOCIONES

Mil besos él te daría.
Mil rosas encabrioladas.
Mil corazones sensibles,
que por tu vida pasaran y
con fuerza loada.

¡Con qué tromba caen de su alma!
Su corazón se estremece,
se confunde con su agua.
Lágrimas de serafines se
acumulan para salir…, él
las dejo fluir por los surcos de su cara,
que le hacen llorar… que le hacen reír...

De sufrimiento es la vida,
también de brezo y de luna.
Su corazón se ajetrea y
se encontró una fortuna,
fortuna que no merece sueños
que desde la cuna
su madre en cuentos contaba.
Él la miraba a la cara y
como una luz azulada
se apoderaba de su alma.
Mientras su dama sonríe
con sus dientes de alabastro,
él sólo la mira la sigue observando
perforando una sonrisa
de sal y dulce en sus labios.
¡Cómo la quiere!
¡Con qué fe la contempla!
¡La seguirá contemplando!
Quererla, sólo quererla
es lo más recomendado.

Aunque sus ojos le duelan,
aunque de soledad un hartazgo,
nada ni nadie en el mundo
será capaz de destruir
lo mejor de su legado
para morir en sus brazos.

Antonio Molina Medina


ATRAPADO POR LA SONRISA DE UNA NIÑA…

En la plaza de la pedanía se palpaba el silencio. 
Sus gentes descansan, la noche los envuelve,
ha sido un día de duro trabajo en todas las viñas.
Los tractores repletos de granos de uvas
respiran el aire de la noche templada.
Ha comenzado el proceso en el que el Dios Baco
se filtra entre vid y vis y saluda a su grano negro.

Paseando por la plaza, dejando atrás el calor que proviene
del único lugar donde sus lugareños se desfogan
narrando sus vivencias, se toman sus chatos de vino,
juegan a las cartas y cuentan en corro historias de
personajes queridos que fueron dejando el paisaje.
El recuerdo prevalece entre sus gentes para regocijo
de propios y extraños.


De improviso, como un ligero chasquido, unos pasos
resuenan el pavimento. Una niña alegre, trasparente
y rebelde, menciona mi nombre acercándose al lugar:
-¡Antonio! ¿Te puedo decir una cosa? – me sugiere.
-¡Dime lo que quieras! – le digo.
-¡Me he leído ya, cuatro veces, los poemas de la Lata!
Su sonrisa me atrapa y me deja sin palabras. Sólo la miro y me sonrío.
Paladeo su sonrisa. Aparece sobre mí ese niño que merodea por mi mente ya con escarcha. Me arrastro a sus pies. Siento su calor. Se funden las miradas.
-¡Gracias! - le contesto.
Me cuesta pensar. Su llaneza me descabalga las palabras.
-¿Has leído o escuchado los poemas de Granada? – le comento.
La niña me mira con cara de incrédula y me dice:
-¡Yo no sé nada de ese libro!
- ¡Pues lo tiene tu madre! Ella me lo cogió junto con un CD musicado.
La niña me mira se sonríe y calla. Sale corriendo a buscar a su madre en la casa.
Mientras mirando hacia atrás me dice:
-¡Se lo voy a pedir a  madre en cuanto llegue!

La noche en Sinovas, nos envuelve, nos atrapa. Cae sobre sus gentes y sus casas.
Una ligera lluvia se deja caer atrasando el final de la vendimia.
Cansado de un día completo de emociones, experiencias vividas con sus gentes, dirijo mis pasos a la vieja cabaña. Mi cuerpo necesita descanso y un poco de calma.
Pero no va lento, vuela como el águila, alas de una niña me aúpan y me limpian la mente... que me rellena el alma.



Antonio Molina Medina

CAMINANDO ENTRE SOMBRAS

Intrépido cual felino se introdujo en las sombras. Los cascos del caballo atronaron el aire. El jinete se pliega, los sentidos le atrapan rompiendo con su espada el mundo impenetrable. La luz le deslumbró, le tiró del caballo. Él se aferró a su cola dejando atrás el pasado. Las barreras se rompen, su marcha es imparable.

Llegó la luz del día, quedando atrás la oscuridad, la noche. Una vieja campana tañe, repiquetea. El hombre ha traspasado parte de la materia. Llegó por fin la luz dejando a sus espaldas la ceguera. La libertad soñada prende su llama. Él se aferró al albor que la mujer le ofrece. Se ensartó a su mano, intercalando los dedos. Caminarán seguros, compartiendo sueños y amores no vividos apostando el corazón. Sin miedos ni ataduras… Para quererse, amor, sólo quererse y la amistad… perdurará.

Antonio Molina Medina

¿ES POSIBLE EL AMOR?

Esta oración ya no tiene consistencia.
Quizás esta plegaria se haya muerto
apagando su luz con el paso del tiempo.
Se difuminó pero el mundo gira y gira
y te reencuentras en cualquier momento
con el amor mezclado entre la bruma oculto,
y que no se encuentra muerto.

—Mamá, ¿dónde está papá? ¿Por qué no viene?
Un niño de corta edad, cuya tristeza se refleja
en su rostro agobiado y acongojado,
se define rodeando con sus brazos
el cuello de su madre, acurrucándose en su regazo.

En un asiento de un tren de cercanías
una madre aprieta contra su pecho
el producto de un amor marchito,
el fruto de su unión;
sus ojos ausentes denotan tristeza.
En el semblante del niño
el miedo, la incomprensión
en su edad temprana y tierna,
por la intransigencia de sus progenitores

Lentamente el tren se acerca a su destino
donde una madre anónima consuela a su retoño
oprimiéndolo contra su pecho herido,
diciéndole que dentro de unos días,
podrá volver a ver a su padre en la ciudad.

Triste destino el de una flor que espera florecer
por la ceguera de aquellos
que le dieron con amor la vida,
por lo difícil de la convivencia
y de lo poco que nos soportamos los seres vivos.

Los niños, una vez más, son los más débiles;
los daños colaterales de todas las contiendas
que no entienden de luchas inquisitivas
entre un padre y una madre que ya no se acuerdan
del amor que un día acaeció en su existencia.

¡Dios! ¿Por qué tanta agonía?
La angustia se apodera de mi alma,
me aprisiona el pecho y
acelera mi corazón;
no puedo comprender tal desatino,
el dolor me quema por dentro.

La congoja me oprime la garganta,
brotando de mis ojos una lágrima
que lentamente resbala por mi rostro.

¡Dios! Mi mente no razona,
no entiende ni comprende
el por qué un niño tan tierno
al comienzo de su corta andadura
como un cachorro de león rugiente,
debe sufrir tal desamor, tanta locura;
la de un mundo que nos lleva hacia el abismo.

Una vez más, nos falla la palabra.
Un niño ha clavado la punta de su arado
en lo más profundo de mi pecho
para seguir manteniendo vivas las semillas
y que sigan brotando mis recuerdos.

Iluminado por la llama de un pájaro roto,
que no logra comprender lo que le pasa
en los albores de su edad primera, cuando
el amor es el primer alimento en nuestras vidas.

Antonio Molina Medina

AMOR

Los sables cortan el viento.
Suspiran las paredes.
Destellan los versos.
El agua de la Ría
se ríe por dentro
del caluroso metal.
Pulmones dorados
le hace estremecer
percutiendo en su cuerpo.


Antonio Molina Medina

REPLEXION DE SU PROPIO CORAZÓN

Desde un rincón escondido del frío del invierno, lleno de sueños   y dispuesto a luchar, deja atrás la generosa codicia.
Yo quisiera ofrecerte mis ojos, mi voz, mis sentidos. Que los sientas, que los sufras y que tus manos, unidoras de figuras, destellen y describan los relatos que mi mirada chispea entre cuartillas de grana. Un arduo trabajo te espera. Contigo es posible que la historia que se vea reflejada en tu gloria. Tu corazón será cómplice realizar, porque tú lo haces tuyo y lo compartes con la divinidad.


Después de domesticar la fiera, la bestia que en tu interior se hallaba, triunfó la razón. Tienes en tus manos el todo y la nada ¡Lánzate a los abismos compartidos, puede que allí encuentres la ilusión!
Este tren que te ofrezco es rápido e intranquilo, deseable y torpe, cuestionable y lacónico, lento de viajeros, de mercancía sublime, seguro y fiel.

Es verdad que para buscar la perfección sólo necesitas ir a la propia naturaleza… Pero algo le falta.
Ese toque. Ese espejo. Ese resplandor sólo posible cuando la luz del sol se posa sobre tu cuerpo, brotando cual manantial de fuego. Incrédulos, mis ojos se pierden con ella por los confines de la dicha…


Descubierto ya su corazón, calladamente su viaje comenzó, consciente de que ya no es cualquier señuelo al alcance de su mano, porque comienza a ser él mismo, arropado por la sombra de su estrella. Es verdad que sus ojos se consumen y que se desgastan enfermedad que le llamará a su propia muerte, pero seguirá mirando a la oscuridad.
No puede haber futuro ni vida en la tinieblas, el futuro y la vida está con ella… dentro de su adentro correosa cual fiera…
¿Cómo se despide uno para siempre de la mujer a la que ama sin dejarse la vida hecha jirones, llena de heridas incurables? No es posible dejar tu propia carne llena de sueños y pletórica se sangre cuando pones sobre la balanza sueños y cualidades. ¿Cómo puedo ser yo mismo el verdugo de mi propio cuerpo?

Quizás sea como un  pequeñito pajarillo que forma parte del paisaje sin miedo a cantarle a la vida con sus trinos… Melodías cuantiosas se notan estridentes, repletas de lujuriosas florecillas que manan de los campos de hierba jugosa, fresca en la primavera de una vida… su propia vida, que resumida brota cada primavera del verde pasto de su corazón.

Antonio Molina Medina

AMOR

¿Por qué la quieres?
Me preguntó la Luna en su noche clara.
Ella me sonríe y la miro a la cara.
¿ Por qué la amas?
Trepidante, la aurora reclama,
sólo me venzo al rocío de su mañana.
¿Al corazón se le piden explicaciones?
¡Qué fuerte es todo lo que le cuenta y sugiere!
¡Qué curioso y paradójico todo lo que acontece!

¿Por qué la amas? Inquirió la Luna al Sol
antes de ocultarse.
¿Acaso tú puedes vivir sin mí,
que velo tu noche floreciente?

¡Porque la quiere...!
¡Díselo a su corazón!
¡Pregúntaselo a su alma!
Ellos saben lo que presienten.
Él, pobre juglar, sólo sabe que la siente
como un aguijón incrustado en su vientre.

Porque su vida estaba de luces y sombras
de sombras y luces,
sin luna ni cielo,
sin sol que alumbrase.

Una cierta lumbre calentó su alma
despejo las dudas,
sofocó sus ansias
y se aposentó, cercana, en silencio
debajo su cama.
En noches en vela
salía de las sombras,
se acurrucaba en su almohada
y se hacía fuerte.
Le envolvía de calma,
de ilusión y vida,
por la que vive,
por la que se muere,
día a día, desde sus mañanas.


Antonio Molina Medina