FEDERICO Y SU ANGUSTIA

 

Casa Museo Valderrubio-Granada

En una habitación oscura

mugrienta y destartalada

al comienzo de un guerra

un hombre solo y asolado

está sentado en una silla

junto a una pequeña mesa.

 

Una bombilla deslumbraba

sus ojos y sus miserias

con toda su pena a cuestas

consumido y con angustia

por la sangre a derramar

por la gente de su Vega.

 

Federico García Lorca

Pero señor, ¿que té he hecho?

¿Por qué tanta oscuridad?

¡Por qué tanto desatino

en esta tierra tan bella!

 

Qué es lo que hice de malo,

acaso el amar al hombre,

es por lo que se me hace esto,

por amar hasta el gitano

a su raza y su desdicha.

Que su pena es ya mi pena

y su cultura mi dicha

y su dolor mi infortunio.

 

                                                        Federico García Lorca

¡Dios! ¿Por qué esta locura?

¡Tanta intransigencia!

La injusticia que conmigo cometen

y también con los sin tierra

de corazones sin cieno.

 

Los pobres necesitan cultura

Necesitan de la tierra

“Lee y conducirás,

no leas y serás conducido”

Son palabras de una santa

que vivió en esta tierra.

 

Pobre juglar, tu vida cercenaron,

tus sueños los cortaron

los que a la libertad dicen servían

liberación llena de ira

por poseer la tierra que habitamos.

Sentado en una destartalada silla,

un hombre se prepara para la muerte

aquella muerte que le catapultó

al olimpo donde sólo están

los grandes hombres,

 

con la sangre fresca y nueva

la que tú por nosotros derramaste

para que fructificase sabia nueva

que perpetuase por la tierra.

Federico García Lorca

 

Tu soledad es parte de la nuestra.

Tu angustia forma parte de mi angustia.

Y tu grandeza es la que defendemos,

los mortales, con tus enseñanzas

a las generaciones venideras.

 

¡Cuánto poder tenía un solo hombre!

“Mucho café” insistía Queipo de Llano,

el criminal que dio  la orden fatídica

para cercenar la vida nueva,

la sangre derramada, roja y líquida

de Federico y su Granada,

la que con su bondad nos hizo libres.

Casa Museo de Federico García Lorca-Valderrubio-Granada

 

Su muerte fue tu propio renacer.

Hay que morir para poder existir

porque la muerte forma parte de la vida.

Su juventud es parte de la nuestra,

su soledad sentado en una silla

fundido quedaste Federico para

nuestra dicha.

Y tú muerte nuestra vida

como tu obra la de la humanidad,

porque vives, muriéndote

en tu sino, nuestro destino.

Antonio Molina Medina

20.06.21

ODISEA

 

Sinovas pedanía de Aranda de Duero

Entre los viñedos, por los campos desiertos, se encontró a un ser prudente: un anciano generoso  que soportaba la presión de las olas marinas en su subconsciente. Y el tiempo, que todo lo puede, me deja al descubierto las miserias humanas, sin recato e incipientes; pero siempre tendremos una respuesta a ese ruido de las olas que atormentan nuestra vida para que seamos prudentes en nuestras acciones, ya que la inmortalidad que algunos pretenden se posa en un folio repleto de letras donde está albergada nuestra alma, ya que lo grande o pequeño de nuestros pensamientos  están repletos de equipaje… De pobres  tendencias en su intelecto, pero la grandeza está en tenerlos recluidos entre la bondad de nuestras resoluciones.

Sinovas pedanía de Aranda de Duero

Nuestra alma siempre será la misma y nunca será propiedad nuestra:  es dueña y señora de su propia existencia.

Sentimos, y pensamos, y decidimos nuestra forma de actuar y decidir, tanto la mujer como el hombre, y esa legación quizás afecte a nuestras vidas, cuyas virtudes se posan en nuestra forma de proceder, afectándonos en todo lo que hacemos y sin excusas, incluso en el momento de nuestra propia muerte.

El alma nos prioriza esa visión espiritual que recibe el cuerpo si este está implicado, respetando lo que la naturaleza nos aporta y no habrá razones que apoyen la oscuridad de nuestras acciones con las que oscurecer  la fuerza del alma en nuestras actitudes, las que no tendrán valores dentro de una sociedad… Ya que un comportamiento limpio, vigoroso y lúcido, repercutirá con fuerza y efusividad  beneficiando  todo lo que nos rodea, incluso  tus propias experiencias, las que siempre estarán ahí, para corregirte y darte la llave con la que abrir la puerta a tu propia claridad.

Sinovas pedanía de Aranda de Duero

La propia sensatez es capaz, con el tiempo, de apartar de tu camino esos destellos de luz, cuyos rayos eliminarían de tu mente la posible maldad que envolvería tu propia oscuridad.

 

Ya no divisarás las guerras como necesarias. Ni lo innecesario y cuantioso para tu cuerpo, acumulando enseres innecesarios para tu propia seguridad y vida cotidiana, ya que la seguridad es tu propia existencia. Son solo tus propios actos personales, y  tu forma de administrar tu adecuada felicidad, ya que sin control, nunca jamás estarás satisfecho en esta sociedad consumista, donde solo nos educan para ser unos seres solitario y crueles. Y, como un objeto, a desear todo lo que penetra ante tus ojos, hasta  olvidarte de tu propia libertad. Nunca estaremos hartos ni soportaremos que los sueños de los demás sean realizables… incluso dejando en el olvido a aquellos que un día nos donaron su propia sangre en beneficio de nuestra ajustada libertad.

 

Sinovas pedanía de Aranda de Duero

Vivimos en una sociedad del "¡Sálvese quien pueda!", ante un naufragio que a la vista nos espera. Los botes salvavidas están escondidos, ya que la luz está instalada dentro de nuestra propia oscuridad y los vientos del poder y del mal  están instalados ante nuestros ojos, y ya ni nos dejan soñar dentro de nuestra propia enfermedad, la que cada día nos inculcan los voceros de nuestra sociedad, bien dirigidos por las fuerzas del mal. Hemos puesto toda nuestra fe en el dolmen de la materia, ese becerro de oro al que un tal Moisés, al bajar del monte Sinaí, se encontró a su pueblo adorándolo y rompió las tablas de la ley como algo ya inservible.  Hoy solo la fuerza de la razón, la humildad, el amor y el perdón  son capaces de alimentar la inercia de vida, lo que hemos suplantado a lo escrito y recogido de nuestro propio legado, ante la burla de los que somos conscientes de que el ser humano  lleva las velas desplegadas y los vientos harán zozobrar

nuestras propias ilusiones, echando por la borda todo lo que nos dejaron aquellos a los que hasta la sangre les quitaron  hoy, ocultos en los bosques  donde se ocultan junto a nuestro legado.

 

Sinovas pedanía de Aranda de Duero

Mientras ni siquiera su recuerdo les define ni para lavar nuestra conciencia, despoblada de recuerdos amargos. Incluso nuestra alma se duele, y le importa. Aunque  no se altere, ni se duela, ni se deje eliminar, ya que no tiene dueño: es inmortal y libre como lo son los ciervos y las águilas que la naturaleza nos regala, a pesar de nuestra ingratitud en su cuidado y el trato destructivo que le damos.

Pero seguimos aquí, sedientos de razones para sobrevivir. A la sazón, seres humanos ante un mundo que se desliza al precipicio;  pensando y viviendo con el pensamiento y los actos puestos en lo único que nos atañe: ¡la tierra! Es nuestra patria, nuestro único refugio, nuestra madre, nuestra única bandera y una fiel compañera, ya que sin ella solo nos espera la muerte. Y esa si que es nuestra gran compañera  a la que ignoramos sin conciencia.

 

El mundo no existe por existir. La materia nos unió a la tierra y hoy tratamos, nosotros, los propios seres humanos, destruirla ya que solo se piensa en beneficios pasajeros a costa de su propia destrucción... violando todas las leyes divinas y humanas.

 

Sinovas pedanía de Aranda de Duero

Y nos hablan del alma y la mencionan en los libros... pergaminos de siglos… quizás el alma se sienta hoy ya caduca en nuestras conciencias. Cuando a muy pocos les interesa  ya que el valor del becerro de oro suple para muchos a esa extraña señora que tenemos en nuestro interior, ya que el hambre corporal se duele cuando está carcomiendo su cuerpo y ves que los que defienden el alma pacen cuidando sus corderos. Y bendicen las contiendas y se inmolan por no sé qué alma, ni qué dios es capaz de matarnos de hambre, y con balas y pólvora, para defender sus intereses y el de los poderosos, con sus ventas de maldad en sus conciencias, dejando los campos y ciudades pobladas de almas cuyos cuerpos se pudren en sus contiendas, ya que no creo que el amor esté envuelto en la pólvora que arrasa los cuerpos y puebla al mundo de miseria.

 

Sinovas pedanía de Aranda de Duero

No creemos que vivimos. Y que solo vivimos un momento. Y que nuestras vidas están hechas de momentos, donde podemos reír y sentir… llorar y suspirar, y oler los perfumes que la tierra nos regala; dejando en libertad nuestras miseria, donde la vida no se detiene en ninguna contienda, ni aunque los seres humanos escapen de sus tierras, por el odio y la miseria  de los que los tienen sometidos, aquellos que los gobiernan, los que almacenan sacos de dolor y de ira en los campos de pobreza, donde el alma ha perdido esa cualidad que nos inculcaron y  que ya solo la tienen los que tienen llenas sus necesidades y no sus miserias.

17.06.21

Antonio Molina Medina


ORDUÑA

 

Ciudad de Orduña Bizkaia

La ciudad se cobijaba

a los pies de su montaña

protegidos por el manto

de la Virgen soberana.

 

En el centro está su fuente

que la rodea sus monumentos,

con San Juan y  la alhóndiga,  y 

los hastíales los que, arrebujaba

nuestros juegos en nuestra evocada niñez.

 

Ciudad de Orduña Bizkaia

De la ciudad surcaban los caminos,

unos para el Endoño abajo y arriba,

otros para Tartanga y Delica y Artomaña,

caminos y veredas que mi mente recorre

fluyendo como surtidores de agua pura y cristalina.

 

Ciudad de Orduña Bizkaia

Surcando por la vereda del río los

caminos de hierro y de asfalto fatigoso

que nos sacaban de nuestra ciudad.

Sorteando vericuetos y caminos, pueblos

y ciudades, para desembocar en nuestro Bilbao.

La ría y su plaza de Abastos que surtía nuestros

cuerpos del producto que se exponía en ella.

 

Ciudad de Orduña Bizkaia

Juegos y fantasías afloran a mi mente,

resuenan en mi alma, golpean mi vivir.

Lentamente subido en mi carro de madera

arrastrado por bueyes mansamente,

cargados de alfalfa para los animales…

momentos radiantes y venturosos

que puedo recordar con añoranza los

que resurgen en lo más hondo de mi alma.

Ciudad de Orduña Bizkaia


Antonio Molina Medina

13.06.21

 

SEGUIMOS ACTIVOS

 

Sendero río de la Miel-El Cobre-Parque de los Alcornocales

Vuelven trepidantes los caudales de sus ríos a fermentar en su alma lo no vivido, ya que los sentidos le dictan lo que necesitan para sentirse vivos.

Quizás sean los cambios en su metamorfosis, o  las plegarias que su corazón deja al descubierto, cuyo viento sopla en su rostro y no deja de azuzar su mente, implorándole que se desdiga de lo no vivido, y siga por las veredas donde nunca habrá  olvido, donde la luz es cada día más intensa; cuya luz deja  su sombra inerte en los caminos.

Pastor de Sinovas-Aranda de Duero

Suculento es su nuevo despertar, arrojando lo inservible y masticando con fuerza lo imprevisto, donde siente los placeres de los sueños dejando que en el cuerpo se espolvoreen sus recuerdos y los haga innecesarios ante una vida que comienza de nuevo.

 

Pero surge la duda, y los sentidos se alborotan, y desdicen de la maldición que un día nos cedieron los que nunca han querido ni amado, ya que solo por intereses, movían los remos de una galera repleta de seres que solo querían la Libertad para los suyos… Un enjambre de avispas se posó  en los caminos  que sorteaba, detrás de las dulces abejas  que espolvorean su carga para poblar los olivos y copular con fuerza las viñas dejando al trigo que se aúpe entre piedras y tierra cementada.

Parque de los Alcornocales. El Cobre-Algeciras

Los años son los que enriquecen su alma, y su corazón se afianza en su costado cual fiero león en la sabana  que sigue rugiendo ante una sociedad que  no le sabe a nada.... Quizá la nada le empuje a seguir luchando por todo lo que nadie quiere. Pero a él, es lo único que le alimenta y deja su corazón al descubierto capaz de las pequeñas historias ya que las grandes gestas las deja para los ya consagrados, aunque los corazones siguen enclaustrados en medio de la maleza que es lo mundanamente conocido e innecesario.
Pedro Abad-Córdoba

Antonio Molina Medina

06.01.21

 

DAME DE BEBER

Sinovas-Aranda de Duero-Castilla León
 

Dale más vida para seguir soñando mientras camina y sus pisadas perforan el barro y la tierra labrada, entre piedras y barbecho. Deshojando sus sentidos en silencio, soportando el calor de las palabras y los rayos que el cielo le mande cuyas tormentas cubran las aguas de su cuerpo despojado ya de sustancias amaneradas, donde el ser humano sea lo más fecundo de sus entrelazados pensamientos, engarzados como eslabones de cadena.

Él sabe que está a punto de dejar esos caminos; que abrazado a ellos se siente agua y fuego ya que su invierno está salpicado de lana de oveja que soportará su cuerpo, mientras su alma volará por los riscos y el crujir de sus llamas, cuya candela lo reclama.

Sinovas-Aranda de Duero-Castilla León


Y mece su cuerpo en su propio invierno, dejando a su paso las cepas repletas de racimos blancos negros, despejando el camino para pisar sus granos y formar los caldos que se deslizaran por esas gargantas, secas por el tiempo. Mientras los frutos de los campos crecen, a pesar de la mala yerba que entierra parte de su cuerpo, para que los animales se fortalezcan por dentro. Mientras, la noche en su oscuridad y su silencio, posa en su cuerpo la paz añorada en todo su organismo, contempla la sonrisa que le atrapó tras el brillo de las estrellas, en su firmamento azul y, al despertar los prados están sembrados de frondosos mantos de vigorosos capullos a punto de reventar con fuerza, produciendo la locura a través de la fuerza de esas flores que hoy se humanizan en el jardín de su espiritualidad.

Sinovas-Aranda de Duero-Castilla León

Déjale implorarte, -naturaleza- humana. Aunque  sucumba en el intento compartiendo con esa dama, o doncella, la que vislumbra su mente y la hace certera por la calidad de su agua… hoy… más reluciente y pura; frondoso manantial del que nunca se desprende. Mística y doliente, posa su humanidad naciente, donde los sueños revierten en su corazón... hoy… liberado ya sin puertas ni ventanas, ni esas rejas que entorpecen la salida a la libertad humana.

Caminando por los senderos de la madre -naturaleza- la  que verde, verde y aseada,  limpie sus pies sin calzado caminando por ella, mientras de su voz se escurran palabras que aun cantan; llantos indoloros a los que se aferró espontáneamente, los que le proporcionaron la claridad que su mente necesita,  apropiándose de su propia oscuridad, pidiéndole a la naturaleza que conciba su súplica, y coordine sus pasos y deje a su vista otear el horizonte… Hoy verde y frondoso y repleto de nobleza, alienta a su corazón que, cansado pero seguro, no deja de dar gritos y aspavientos, incitando a su cuerpo a aferrarse cual semilla, a la propia -naturaleza- y olvidarse de las baldosas de las ciudades inhumanas, cual despepito ineludible que brota desde su voz, hoy agigantada y estéril, que debe sofocar.    

 

Sinovas-Aranda de Duero-Castilla León

Sin mesura, los años, y los meses, y los días, y las horas… siguen arañando los sentidos encadenados a su cuerpo, pero a la vez soltando con fuerza las amarras de una mórbida y frágil sustancia que generan sus dedos, cuyo tiempo le incita a perforar ese arte donde la palabra, las palabras, forman ese envolvente murmullo de letras que vuelan a su alrededor, las que acoge su mente enriqueciéndola libremente, cual montaña, inalcanzable donde el icono de su voz se hace grito en la llanura que, insaciable, le libera entre sus versos dejando una sonrisa en su cuerpo; junto a esa paz que su alma le pide,  por la que su interior, impasible, se adueña de sus sueños cual vuelo de serafines desde su alcazaba.

Sinovas-Aranda de Duero-Castilla León

Antonio Molina Medina

05.04.21

Y LE ENVOLVIÓ UNA NUBE BLANCA

 

Majal Alto. El Cobre Algeciras

Mantienes una lucha constante

con tus facultades, con lo vivido y

tiran de ti los sueños de momentos

añorados, entre pellizcos los que

de tu alma provienen.

Chorrosquina. El Cobre. Majaralto

Las sombras de la noche se retiran tras la sierra empujadas por la claridad que inunda la reseca finca, rodeada tanto de añejas piedras como de una empalizada, y en su exterior, frondosos chaparros la surten de oxígeno, y las grandes moles de piedras antiguas  que custodian su entorno  protegen  su finca, donde los animales se desperezan en su despertar  mientras el rocío nocturno se diluye mansamente alrededor de sus cuerpos… Lucio  hace su despertar y de su cuerpo aflora un resoplido incorporándose sobre sus patas delanteras aupando su cuerpo blanco como la nieve mientras, brota de su boca un relincho alegre y jugoso el que remueve todo su cuerpo ya puesto con sus cuatro patas y moviendo su cola cual abanico sale alegremente relinchando y trotando por la finca, corretea y arrecia sus movimientos para acercarse al cubo del agua mirando de reojo la espuerta con el pienso. El grano de cebada y la paja se aglutinan en su boca (el pienso que su dueño le dejó la noche pasada). Mientras trastea con su hocico buscando el grano, siente un relincho que él no reconoce…, levantando la cabeza observa que otro caballo se acerca resoplando y se sorprende ya que el recinto está cerrado y sus puertas siguen cerradas para los intrusos.

Se le acerca el caballo y le pregunta, mientras él sigue rumiando:

- ¿Cómo te llamas, amigo? - le dice.

- Lucio - le afirma él.

- Y a ti, ¿cómo te llaman?

- A mí me llaman Lucero - contesta.

-¡Pero tú no eres de aquí! Nunca te había visto. - le decía.

- ¿Por dónde has entrado, si toda la finca está vallada y las puertas de entrada están cerradas?

Majaralto. El Cobre. Algeciras

- Yo no necesito ya llaves para abrir ninguna puerta - le contesta - Estuve por estos parajes como animal de carga, me usaban para las faenas del campo, arrastrar el arado y dar vueltas con el trillo también, y llevar en mis lomos hasta los molinos, a por las teleras de pan moreno que las familias consumían.

Lucio se quedó pensativo y no movía sus mandíbulas, solo resoplaba, inquieto, y le miraba con fijeza. Y le dijo reflexivo:

-Entonces, ¿tú, para eso vivías?… ¿solo para arrastrar con tu cuerpo el arado, y el trillo en la era… y llevar los haces de trigo y garbanzos y cebada en tus lomos a niños y ancianos?…

- ¡Así era mi vida, Lucio! - le contestó - Era llevadera y con mucha alegría; me sentía útil y comía lo que me daban… más hierba y paja que grano, pero eso era lo que había... Alegraba a los chaveas cuando me montaban y algunos hasta me galopaban, aún sin silla, solo con una manta y, otras veces, a pelo y una cerreta o bocado para sujetarme; algunos me temían: eran los primerizos que se acercaban a mi vera y yo lo entendía, también yo apreciaba  lo que ellos sentían cuando me galopaban, por lo de la finca la Marquesa, en dirección al molino Escalona.

Y le dice Lucio: ¿Y... has venido tú solo?

Parque de los alcornocales. El Cobre. Algeciras

- No, traigo compañía. Están por la finca recorriendo esos lugares que ellos bien conocían, ya que vivieron por estas lomas, y canchos y su río de la Miel.

- ¿Pero quiénes son? - le insistía Lucio.

 - ¡Eh, amigos! - Les grita con un potente relincho a sus acompañantes.

Desde la espesura, entre la yerba seca, la que aún se aferra a la tierra, van apareciendo el alacrán, la bicha, el ratoncillo, la tórtola, el ciempiés, el lagarto, la lagartija, la cría de la víbora, la rana y el sapo, la araña gigante, el conejo alegre, el grillo y las hormigas voladoras y ese fiel perro que se negó a comer cuando le faltaron sus dueños hasta que murió por falta de alimentos… ¡de pena!… El gato saltaba como un cervatillo y los buitres caminaban despacio detrás de él; también revoloteaban las abejas  que se alegraron de verlo, ya que la mujer del casero las recogía en unos tubos de corcho, con sus habitaciones disponibles para pasar el invierno, mientras la burra cabizbaja masticaba la fresca yerba, hoy sin el ‘jato’ para acoplar a su cuerpo, ese serón con cuatro cuerpos para acarrear los cántaros llenos de agua de la fuente del chorro de ‘Chorrosquina’. Y los gorriones daban vueltas alrededor de la finca junto a las golondrinas que se acercaban sin miedo.

Lucio enmudece y resoplando y pateando la tierra y le dice a Lucero:

- ¿De dónde has sacado toda esta caterva de seres extraños?

 Lucero le contesta:

- Eran mis compañeros aquellos años donde regía la armonía, y hoy me pidieron que los trajese de nuevo a estos parajes para volver a sentir esas alegrías  que vivíamos en esos años.

Lucio le dice a la bicha: - ¿Y tú, de qué conoces este rincón en la sierra?

Pedro Abad. Córdoba

-Yo jugaba con un niño que vivió aquí, y una vez me espió cuando mudaba mi piel y se la llevó a su madre; y otra vez me cogió de la cabeza y de la cola y me llevó al cortijo encima de sus hombros. Y su madre le gritaba asustada que la soltase…

Seguidamente, el alacrán  dijo: yo le pique una tarde cuando estaba cavando en el huerto, me acerque a ver qué hacía y le vi cavando en la tierra con una pequeña zoleta  y, cuando vi la zoleta encima de mi cuerpo, me tuve que defender y le clave el aguijón en el dedo gordo del pie izquierdo. Ya lo sentí pero temía por mi vida.

Mientras las hormigas revoloteando se quejaban de que ese niño las cogía para ponerlas de cebo en sus trampas para cazar gorriones.


Pedro Abad. Córdoba

Los buitres le recordaban que una mañana en la que, estando descansando en manada a las afueras del cortijo, por la vereda que bajaba en línea recta a la carretera que sube hasta el chorro, subía un niño muy chiquito y nos pasó rozando nuestras plumas con su cuerpo, ¡casi nos tuvimos que apartar para dejarlo pasar! nosotros le mirábamos con curiosidad y él ¡sin miedo! no nos hacía caso. No veíamos miedo en su rostro, solo una extraña calma, ya que sus andares eran ligeros y sin pausa. Y, en otra ocasión, estábamos comiéndonos una vaca muerta al lado de la finca y su perro acudió a ver si podía coger algo de carne, y el niño salió detrás de él... solo se acercó ya que le dábamos respeto y viendo que a su perro no le dejábamos acercarse… se lo llevó de vuelta al cortijo.

La lagartija estaba enfadada y le decía que a ella le cortó su rabo y se lo enseñó a su madre y ¡encima, el niño se reía! ya que mi rabo seguía en movimiento.

Pedro Abad. Córdoba

Y, del grupo  de las golondrinas, se acercó una para dar las gracias por la ayuda que les dieron a sus antepasados, dejándoles poner el nido dentro de la cocina.

El gorrión estaba muy enfadado, ya que los cepos que ponían de vez en cuando, aprisionaba los cuerpos de sus hermanos para el alimento de la familia.

La araña se sonreía, ya que ese niño, cuando caminaba con sus cabras por la sierra, se dio de frente con ella en sus dominios, y se detuvo y cambió de camino, entre la espesura para no molestarla...¿O sería que la temía?

 Las ranas se quejaban de que el padre de ese niño las cogía de los arroyos para comérselas fritas.

Mientras, el lagarto sacaba pecho y sonreía, ya que él se encontraba tomando el sol en la vereda de la huerta y el niño estaba regando la finca y subió para la alberca, a cerrar su boca de riego: - Se encontró conmigo y no le deje pasar… me levanté apoyándome en mis patas traseras  y le hice frente y él, con muy buen criterio, salió de la vereda y rodeo por su derecha… ¡Creo que le asusté! 

Cortijo de Majaralto. El Cobre. Algeciras.

La burra se puso seria y le dijo: - A mí me utilizaban para ir a por el pan al molino, y para llevarles el costo y el agua a los segadores, y a las eras. Y muchas veces ese niño trataba de esconderme cuando iban a por el pan,  para así coger a Lucio que para ellos era más importante ya que lo galopaban. También me tocó caminar por estas sierra cargada de carbón de picón y leña para la candela…

 Lucio relinchaba y, trotando, se acercó a la cerca que daba visibilidad al Peñón y su Bahía, donde aún fondean los barcos, esperando poder entrar para su descarga. Mientras, a lo lejos, se observan las costas de África. Era un día soleado, disfrutaban de sus vistas... Doblando su cuello, tras él observó que, por más que miraba y buscaba, los intrusos con los que él había dialogado ya no los consiguió volver a ver más.

Antonio Molina Medina

03.06.21

UN ÁNGEL LOS APADRINABA

 

Caserío de la ciudad de Orduña. Bizkaia

Renueva los sentimientos que el alma desprende, los acumulados de tu edad primera, cuya infantilidad se hace presente en tu corazón abriéndote las puertas de ese futuro que ya trascurrió… Con la cabeza agachada y posando sus ojos en la lectura de su libro escolar, donde la escritura les hacía acumular en sus mente las primeras historias de ese mundo en el que les parieron, dos niños ya grandecitos que compartían pupitre y alguna cosas más, levantaron la cabeza del volumen que posaba abierto en la madera para decirle José a Juan: ¡cuándo salgamos tenemos que darnos prisa ya que hemos que picar leña en el caserío, que mi madre hoy tiene que encender el horno y necesita leña para dar calor al horno del caserío para hacer el pan y con la leña cortada que he visto cuando fui a comer no le llegara… mi madre me lo advirtió al venir a la escuela!

Ciudad de Orduña - Bizkaia

--Vale -le contesta Juan- ¡Cuidado que el maestro nos está mirando!

José y Juan recogen los libros de la escuela y salen para sus casas y primero pasaron por el portón de Juan, y le dice a su compañero: -¡Sube y colocó los libros en casa, y bajó corriendo! ¡esperarme!

 

Como un relámpago subió y bajó las escaleras no antes de decirle a su madre: -¡Mama, que voy con José a hacer leña para el horno que hoy hace pan su madre!

Caminan charlando hasta la puerta de dos hojas del caserío y Juan metiendo su mano desplaza su cerrojo y entran corriendo y suben por las escaleras de madera y abren la puerta de la entrada y se meten en la cocina donde desde el fuego bajo arde lentamente la leña con la que hace hervir una caldera de menudas patatas para los cerdos. Colgada de una cadena en el centro de su chimenea.

Antonio Muñoz y Antonio Molina-ciudad de Orduña-Bizkaia

 

-¡Mama ya estamos aquí! -Le anunciaba José…

- ¡Ala pues! -Bajad y cortad algunos troncos que tenéis preparados. Las cuñas, la maza y el hacha ya la veréis. -les decía la madre.

Corren escaleras abajo y abren la puerta de la cuadra, los animales giran sus cabezas masticando su alimento y los miran y siguen comiendo en los pesebres y los dos, salen por la otra puerta que da a la finca y su huerta y al amplio patio y girando a su derecha al lado del horno estaban los troncos, algunos muy secos, de las cuñas que necesitaban para su desgarro.

 

Familia Merquiades de Orduña y Antonio M. Y Lucía M. Bizkaia


Miraron bien los troncos por si había alguna grieta para comenzar a poner las cuñas las que de menor a mayor iban abriendo los troncos hasta su desgarro total.

Mientras José sujetaba la cuña, Juan elevaba la maza para su golpeo… -¡Ten puntería y cuidado con mis manos! – le decía a Juan- que la 'maza' pesa.

Las gallinas se acercan curiosas y confiadas al lugar y sin miedo escarban la tierra buscando su pitanza. Se sienten seguras.

 

Trigales de Sinovas-Aranda de Duero

Entre risas y bromas las cuñas a base de porrazos se abren paso en los troncos y ya, bien afianzadas, deja de sujetarlas, hasta que los troncos se abren en canal para su troceado con el hacha y una sierra, esta con dos mangos, que también era muy buena herramienta, para el tronzado de la leña, se colocaba en un trípode las más duras para cortarlas con la sierra manual y otras se cortaban con la afilada hacha.       

 

-¿Que tal lo lleváis chiquitos? – Brotó la voz del aldeano.

 -Bien, -le contestan ellos.

-¡Con lo que habéis cortado ya es suficiente por hoy! -les decía. -¡Mientras yo voy a afilar las cuchillas de la máquina de segar, vosotros esperad a que baje tu madre! -Le dice a su hijo. El aldeano se dirige a una nave del caserío en la que hay un artilugio de madera con asiento y dos pedales y en el centro una caja donde en su hueco o pequeño foso una porción de agua con la que enfriaba a una piedra o muela que al mover los pies da vueltas a la piedra que, suavemente, chisporrotea al contacto de las cuchillas para dejar listos sus filos para otra siega.

 

Caserío de la ciudad de Orduña-Bizkaia

Se oyen los pasos y la voz de la aldeana detrás de ellos y les dice: -¿Ya tenéis todo preparado para encender el horno, pareja?

-Sí. ¡Hasta la leña menuda para su encendido!; solo falta introducirla en el horno y prenderle fuego, -les contestan ellos.

 

Desde el interior de la nave el aldeano entre risas le dice a su mujer: -Estos ya saben lo que hacen mujer… ¡‘redios’ que si lo saben!… dejando una carcajada en el aire.

La aldeana comienza a introducir la leña y preparando una hoja de algún periódico, y con una cerilla, surte la llama a ese montoncito de leña cuyas llamas se apoderan de las piezas de leña recién cortadas, para calentar con fuerza ese habitáculo donde se almacenarán los redondos panes y algunos ‘txoripanes’…, para los más menudos de la casa y algún invitado a esa fiesta. Las llamas se asoman a la boca del horno y la aldeana retrocede apoyando su mano sobre su frente por la fuerza de las llamas que ofuscadas cual llamaradas tratan de salir del habitáculo donde se revuelven entre quejidos y chirridos.

  

Ciudad de Orduña-Bizkaia

Pasan las horas y ya el horno está preparado para la faena, después de amontonar los residuos de ascuas y ceniza al fondo del horno. Con una pala de madera son introducidos lentamente las redondas y frondosas montañas de harina bien amasada y depositadas guardando la distancia y, entre medio, muy cerquita de la boca, esos pequeños panecillos con su chorizo dentro.

La aldeana miraba y sacaba con su pala algunas piezas a ver como estaban de cocidas y las volvía a dejar, hasta que todo estaba listo para sacarlas.

 

Los nervios afloran entre los pequeños seres ya que el hambre relincha en sus estómagos ante el sabroso olor que se cuela sin compasión por los orificios de sus narices.

Ciudad de Orduña-Bizkaia

-Chiquitos, ¡Ala!¡Venid para aquí! ¡Ahí tenéis! ¡Coged uno cada uno! -Pero, tener cuidado, no os vayáis a quemar, ¡que están recién salidos del horno! -Les advierte ella.

Así era. Quemaban en sus manos, pero sus estómagos lo reclamaban y soplando y soplando se quemaban, pero el hambre podía con ellos y más ese manjar con el que la aldeana abastecía a los suyos, y  algunos más a los que se los regalaba.

Antonio Molina Medina

23.04.21