/…/ pues esa pureza, que jamás desciende por
entero, define la unidad de la obra y la sitúa en un espacio más allá de sí
misma. Es la que crea el espacio que envuelve a la obra, que la distancia, que
la conserva, que la hace duradera. Es la unidad que confiere inmortalidad. Y es
la que crea ese horizonte último, que es idealidad, que confiere realidad
suprema, que es trasfondo, trasmundo que hace que haya mundo. /…/
María Zambrano
Implicarse en la vida…
Entre el
Sufrimiento anda metido mi corazón. Y no será nunca sustituido, ya que nacemos
de una madre a la que le debemos pleitesía por todo lo que sufrió y por lo
muy sola que fue su vida; pero sigue mi conciencia enredada en sus
recuerdos de los que aún me alimento, de ahí sentir la libertad que ella no
pudo ni una pizca sentir después de su nacimiento… La vida casi se da por
concluida por eso sigue imbuida en seres que se multiplican en el vacío de sus
vidas cuyas voces salpican hoy mi vida, aunque nunca pueda (ni deba)
inmiscuirme en sus vidas; pero antes de mi partida seré sendero de vida, o
compartimento de sustancias cuya semilla ofrezca con amor y no con ira:
Ella me susurraba:
“Anoche me quedé dormida aún antes de lo
normal, hasta se me rompieron las gafas, gracias a que tengo un buen
pegamento. Anoche llovió, hoy hace menos calor, al menos corre un poco de
brisa. Voy a dormir la siesta esta tarde. Luego, a la fresquita, planchare.
Poca cosa como
ves, pero sentirse más segura entre las letras y sentimientos que mis sentidos
le da… día tras día. Sin olvidarme de ella, cuyo sufrimiento ya no tiene
parangón.
Se ha muerto la madre de mi amiga y volví a sentirme como cuando me vine del
hospital dejando el cuerpo de mi hermana para ser congelado. Me subí en un
taxi, con la música alta...
llegué a mi casa y veía dónde no iba a volver... subí donde la vecina
que se quedó con mi perrillo.
“Carpintero, carpintero,
Jágame usté una cunita,
Que valga poco dinero,
Que soy una pobresita.”
Se volvió loco de alegría y lo cogí en brazos llorando y dándole besos como
le gusta a él, uno tras otro y no acabar nunca; me di cuenta de la vecina, de
que los besos se los estaba dando a ella mientras me lamía el perrillo...
Era el final de una etapa de mi
vida, ya que el coste de dicha vivienda no lo podría costear para mudarme
otra vez donde mi cuerpo posara sinceramente cansado de tanto trajín en una
vida tan sencilla, pero maltratada, como lo ha sido la
suya.”
Hoy crujen mis
huesos al sentir el dolor de otras gentes y mi mente se abre en canal,
sintiendo el vacío que genera el tener de todo mientras la pólvora, la mentira
el -odio ya bien asentado en esta putrefacta sociedad- mientras la miseria
humana se apodera del planeta tierra. Triste destino el nuestro, aunque solo
sean días u horas las que a este putrefacto cuerpo le queden, será
bien asumido que: por lo menos alguien en quien confías por su calidad humana,
pierda el tiempo en leer estas cosillas o letras perdidas desde los sueños
producidos por tenerlos siempre con la puerta abierta de su capacidad de soñar
y de sentir las miserias de los demás.
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| ¡QUIZÁS... SEA LA NATURALEZA LA QUE SE REBELE! |
Antonio Molina
Medina
13.06.25













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