La Libertad sonríe.

 



Pablo Neruda nos decía de él:

“Particularmente, yo tengo un ansia verdadera por comunicarme con los demás, por eso llame a las puertas del teatro o al teatro consagrado toda mi sensibilidad.”

F.G.L.



La Libertad sonríe.

Sigue observando, ya sin miedos ni zarandajas que influyan en su mente, los desaciertos que los bárbaros que crearon los dioses de la creación; influyan en sus pensamientos… y dejó correr a los principiantes en todas las carreras, muy sonrientes ellos, dispuestos a saciar su ego con victorias estériles y sin sentido ya que la vida es muy corta y los vientos se pasean por el laberinto del cielo ya sin senderos, ya que el aire los apartaría si los hubiese.

 


¡Qué paradoja! yo pensaba que los dioses algún día se revelaran contra los hombres; contra la materia que nos adormece los sentidos, aunque cuando yo observaba y daba de comer a los gusanos de seda (que mi tía tenía en cajas de zapatos) los que se escondían dentro de un capullo de seda y se transformaban en una mariposa que volaba sin recato, dejando esa carga blanca y suave de seda.



Mientras el hombre solo sirve para almacenar armas que matan y odios y guerras y miseria y mendigos que duermen en sus calles y los apartan a patadas a sus pasos.

 


“Ni el sudó de mi cara

Lo pueo secá

Porque yevo a la espalda, con una caena,

Las manos atrás.”

 


Dios existe, nos siguen diciendo desde los estómagos bien repletos de proteínas, donde conciencias dañinas nos incitan a odiarlos. Ya que a los pobres ni las migajas les dejan digerir, (las que prefieren dejárselas a los perros); ni poseen techos bajo los que dormir, ni féretros donde descansar, ni caricias humanas que les sequen las lágrimas de tanto sufrimiento que les provocan los que sacan al camino cuerpos de madera entre los gritos de la ignorancia, la incultura; mientras, el desaliento de corazones (aun) entre sufrimiento y cordura de tales acontecimientos, revolviéndose las tormentas de su sangre por todo su cuerpo, soportando, los vientos que barren su cerebro ya que su cerebro está protegido por el antivirus de la verdad sin odio .




LA NATURALEZA NOS SIGUE MARCANDO ESE FINAL A LA QUE FORZAMOS


Antonio Molina Medina

16.11.25

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