Estimada amiga:


Me adentro en tus escritos jugosos y cautos,

llenos de sorpresas y de buenas letras.

No sé qué pensar de los que te leen,
sólo son palabras, pero llevan impresas
tu propia sonrisa de risas y sueños.
Te considero una Loba marinera,
auténtica luchadora,
que sortea los aguaceros
con soltura y fiereza...
Sorpresa, sólo sorpresas,
de jugosas experiencias.
Poder compartir contigo
ese saber hacer y con qué
algarabía galopa mi corazón...
Así, camina. Así, canta y suena
con los cantos de tu alegría.
Antonio Molina Medina

FEDERICO


Había algo de verde.
Los campos estaban llenos de verde,
los prados de trigales verdes,
el cielo color verdoso y
la luna, ya por la noche,
se colaba entre los verdes.
Caminos verdosos,
como pajizos, muy verdes,
sulfuran pregón de verdes y
le vimos deambular montado
en caballo negro, verde,
junto a los limoneros verdes,
blancos, amarillos y
bebiendo agua del río
pletórica en su verde.
 
Antonio Molina Medina

 

CLARIDAD

Enciendo la luz y sólo veo oscuridad.
Algo imprevisto restalla en mi cerebro,
son las neuronas que sigilosas
me despiertan presurosas
por caminar sin pausa.
Lentamente recorro tu cerebro
y me encuentro con seres
de otros tiempos.
Me saludan.
Los saludo, y me
pongo a caminar con ellos.
Pletórico de sueños,
me aferro a tu mano,
me enrosco en tu cuello.
Silban los olivos.
De los nidos, me cabecean
inquilinos y yo sonrío y me río,
mientras el viento soplando
me azota la cara.
Me agarro más a tu mano,
a tus dedos de plata,
entre sueños de sábanas
repletos de porcelana.
Antonio Molina Medina

Con los dientes afilados

Con los dientes afilados
rasgaba el cuerpo la fiera.
Sus ojos hidratados
suscitaban sus maneras.
Eran los vientos del norte
con frialdad manifiesta
que su anatomía suscita.
Las estrellas apáticas
iluminan cual linterna.
Entreabriendo los párpados
descubre entre veredas, camino del llano,
su sombra como se aleja
Sonreía la luna. El sol la anulaba.
Antonio Molina Medina

QUIERO SER

No sé ya quién soy
No sé lo que busco
Ni quiero, ni querré.
Quiero ser una piedra
Un caballo
Una rosa
Una fuente
Una serpiente
que se enrosca en sus pies.
Amor persistente,
rimbombante,
insistente al querer.
Lo sé:
yo no sé lo que quiero ya ser
si al final del camino
aparece la vida
mezclada con su muerte
de todo lo vivido
que agita su interior
se remueve,
se excita
la muerte se aleja
al mirarla de frente
masticando su sabor.
 
Antonio Molina Medina

UN 19 DE OCTUBRE

Entre ventanas y
mecidos por el viento,
los recuerdos afloran del pasado
percibiendo ruidos de escaleras,
de botas con tachuelas
y fusiles disfrazados.
Sorbo a sorbo, el café se
ingiere a media tarde
entre voces por pasillos
sus corazones tañendo.
En el patio formando están
sus cuerpos, sus manos
en sus hombros
en filas de uno a uno.
Su charla se enriquece
mientras sus manos
pasan las hojas de un azul
celeste corazón.
Son los versos que ya
no tienen sombras,
verdes como la hierba de su valle.
Sorbo a sorbo saborean
el contenido de sus tazas,
para seguir caminando
a lugares que recrean
su existencia, observando
los niños en su fuente.
Menudos cuerpos se deslizan
contra ella, para beber su agua
que entre sonrisas y fiesta
les atrapan en su plaza.
 
Antonio Molina Medina

CORAZÓN

Corazón, corazón...
¡No corras tanto!
¡Deja de latir
con tanta fuerza!
Que la Luna está
pletórica de luz
y los sueños
me huelen a Candela.
Cual llamarada
brotas en mi costado,
imperioso músculo,
‘atrapador’ inimaginable.
 

Antonio Molina Medina