DAME DE BEBER

Sinovas-Aranda de Duero-Castilla León
 

Dale más vida para seguir soñando mientras camina y sus pisadas perforan el barro y la tierra labrada, entre piedras y barbecho. Deshojando sus sentidos en silencio, soportando el calor de las palabras y los rayos que el cielo le mande cuyas tormentas cubran las aguas de su cuerpo despojado ya de sustancias amaneradas, donde el ser humano sea lo más fecundo de sus entrelazados pensamientos, engarzados como eslabones de cadena.

Él sabe que está a punto de dejar esos caminos; que abrazado a ellos se siente agua y fuego ya que su invierno está salpicado de lana de oveja que soportará su cuerpo, mientras su alma volará por los riscos y el crujir de sus llamas, cuya candela lo reclama.

Sinovas-Aranda de Duero-Castilla León


Y mece su cuerpo en su propio invierno, dejando a su paso las cepas repletas de racimos blancos negros, despejando el camino para pisar sus granos y formar los caldos que se deslizaran por esas gargantas, secas por el tiempo. Mientras los frutos de los campos crecen, a pesar de la mala yerba que entierra parte de su cuerpo, para que los animales se fortalezcan por dentro. Mientras, la noche en su oscuridad y su silencio, posa en su cuerpo la paz añorada en todo su organismo, contempla la sonrisa que le atrapó tras el brillo de las estrellas, en su firmamento azul y, al despertar los prados están sembrados de frondosos mantos de vigorosos capullos a punto de reventar con fuerza, produciendo la locura a través de la fuerza de esas flores que hoy se humanizan en el jardín de su espiritualidad.

Sinovas-Aranda de Duero-Castilla León

Déjale implorarte, -naturaleza- humana. Aunque  sucumba en el intento compartiendo con esa dama, o doncella, la que vislumbra su mente y la hace certera por la calidad de su agua… hoy… más reluciente y pura; frondoso manantial del que nunca se desprende. Mística y doliente, posa su humanidad naciente, donde los sueños revierten en su corazón... hoy… liberado ya sin puertas ni ventanas, ni esas rejas que entorpecen la salida a la libertad humana.

Caminando por los senderos de la madre -naturaleza- la  que verde, verde y aseada,  limpie sus pies sin calzado caminando por ella, mientras de su voz se escurran palabras que aun cantan; llantos indoloros a los que se aferró espontáneamente, los que le proporcionaron la claridad que su mente necesita,  apropiándose de su propia oscuridad, pidiéndole a la naturaleza que conciba su súplica, y coordine sus pasos y deje a su vista otear el horizonte… Hoy verde y frondoso y repleto de nobleza, alienta a su corazón que, cansado pero seguro, no deja de dar gritos y aspavientos, incitando a su cuerpo a aferrarse cual semilla, a la propia -naturaleza- y olvidarse de las baldosas de las ciudades inhumanas, cual despepito ineludible que brota desde su voz, hoy agigantada y estéril, que debe sofocar.    

 

Sinovas-Aranda de Duero-Castilla León

Sin mesura, los años, y los meses, y los días, y las horas… siguen arañando los sentidos encadenados a su cuerpo, pero a la vez soltando con fuerza las amarras de una mórbida y frágil sustancia que generan sus dedos, cuyo tiempo le incita a perforar ese arte donde la palabra, las palabras, forman ese envolvente murmullo de letras que vuelan a su alrededor, las que acoge su mente enriqueciéndola libremente, cual montaña, inalcanzable donde el icono de su voz se hace grito en la llanura que, insaciable, le libera entre sus versos dejando una sonrisa en su cuerpo; junto a esa paz que su alma le pide,  por la que su interior, impasible, se adueña de sus sueños cual vuelo de serafines desde su alcazaba.

Sinovas-Aranda de Duero-Castilla León

Antonio Molina Medina

05.04.21

Y LE ENVOLVIÓ UNA NUBE BLANCA

 

Majal Alto. El Cobre Algeciras

Mantienes una lucha constante

con tus facultades, con lo vivido y

tiran de ti los sueños de momentos

añorados, entre pellizcos los que

de tu alma provienen.

Chorrosquina. El Cobre. Majaralto

Las sombras de la noche se retiran tras la sierra empujadas por la claridad que inunda la reseca finca, rodeada tanto de añejas piedras como de una empalizada, y en su exterior, frondosos chaparros la surten de oxígeno, y las grandes moles de piedras antiguas  que custodian su entorno  protegen  su finca, donde los animales se desperezan en su despertar  mientras el rocío nocturno se diluye mansamente alrededor de sus cuerpos… Lucio  hace su despertar y de su cuerpo aflora un resoplido incorporándose sobre sus patas delanteras aupando su cuerpo blanco como la nieve mientras, brota de su boca un relincho alegre y jugoso el que remueve todo su cuerpo ya puesto con sus cuatro patas y moviendo su cola cual abanico sale alegremente relinchando y trotando por la finca, corretea y arrecia sus movimientos para acercarse al cubo del agua mirando de reojo la espuerta con el pienso. El grano de cebada y la paja se aglutinan en su boca (el pienso que su dueño le dejó la noche pasada). Mientras trastea con su hocico buscando el grano, siente un relincho que él no reconoce…, levantando la cabeza observa que otro caballo se acerca resoplando y se sorprende ya que el recinto está cerrado y sus puertas siguen cerradas para los intrusos.

Se le acerca el caballo y le pregunta, mientras él sigue rumiando:

- ¿Cómo te llamas, amigo? - le dice.

- Lucio - le afirma él.

- Y a ti, ¿cómo te llaman?

- A mí me llaman Lucero - contesta.

-¡Pero tú no eres de aquí! Nunca te había visto. - le decía.

- ¿Por dónde has entrado, si toda la finca está vallada y las puertas de entrada están cerradas?

Majaralto. El Cobre. Algeciras

- Yo no necesito ya llaves para abrir ninguna puerta - le contesta - Estuve por estos parajes como animal de carga, me usaban para las faenas del campo, arrastrar el arado y dar vueltas con el trillo también, y llevar en mis lomos hasta los molinos, a por las teleras de pan moreno que las familias consumían.

Lucio se quedó pensativo y no movía sus mandíbulas, solo resoplaba, inquieto, y le miraba con fijeza. Y le dijo reflexivo:

-Entonces, ¿tú, para eso vivías?… ¿solo para arrastrar con tu cuerpo el arado, y el trillo en la era… y llevar los haces de trigo y garbanzos y cebada en tus lomos a niños y ancianos?…

- ¡Así era mi vida, Lucio! - le contestó - Era llevadera y con mucha alegría; me sentía útil y comía lo que me daban… más hierba y paja que grano, pero eso era lo que había... Alegraba a los chaveas cuando me montaban y algunos hasta me galopaban, aún sin silla, solo con una manta y, otras veces, a pelo y una cerreta o bocado para sujetarme; algunos me temían: eran los primerizos que se acercaban a mi vera y yo lo entendía, también yo apreciaba  lo que ellos sentían cuando me galopaban, por lo de la finca la Marquesa, en dirección al molino Escalona.

Y le dice Lucio: ¿Y... has venido tú solo?

Parque de los alcornocales. El Cobre. Algeciras

- No, traigo compañía. Están por la finca recorriendo esos lugares que ellos bien conocían, ya que vivieron por estas lomas, y canchos y su río de la Miel.

- ¿Pero quiénes son? - le insistía Lucio.

 - ¡Eh, amigos! - Les grita con un potente relincho a sus acompañantes.

Desde la espesura, entre la yerba seca, la que aún se aferra a la tierra, van apareciendo el alacrán, la bicha, el ratoncillo, la tórtola, el ciempiés, el lagarto, la lagartija, la cría de la víbora, la rana y el sapo, la araña gigante, el conejo alegre, el grillo y las hormigas voladoras y ese fiel perro que se negó a comer cuando le faltaron sus dueños hasta que murió por falta de alimentos… ¡de pena!… El gato saltaba como un cervatillo y los buitres caminaban despacio detrás de él; también revoloteaban las abejas  que se alegraron de verlo, ya que la mujer del casero las recogía en unos tubos de corcho, con sus habitaciones disponibles para pasar el invierno, mientras la burra cabizbaja masticaba la fresca yerba, hoy sin el ‘jato’ para acoplar a su cuerpo, ese serón con cuatro cuerpos para acarrear los cántaros llenos de agua de la fuente del chorro de ‘Chorrosquina’. Y los gorriones daban vueltas alrededor de la finca junto a las golondrinas que se acercaban sin miedo.

Lucio enmudece y resoplando y pateando la tierra y le dice a Lucero:

- ¿De dónde has sacado toda esta caterva de seres extraños?

 Lucero le contesta:

- Eran mis compañeros aquellos años donde regía la armonía, y hoy me pidieron que los trajese de nuevo a estos parajes para volver a sentir esas alegrías  que vivíamos en esos años.

Lucio le dice a la bicha: - ¿Y tú, de qué conoces este rincón en la sierra?

Pedro Abad. Córdoba

-Yo jugaba con un niño que vivió aquí, y una vez me espió cuando mudaba mi piel y se la llevó a su madre; y otra vez me cogió de la cabeza y de la cola y me llevó al cortijo encima de sus hombros. Y su madre le gritaba asustada que la soltase…

Seguidamente, el alacrán  dijo: yo le pique una tarde cuando estaba cavando en el huerto, me acerque a ver qué hacía y le vi cavando en la tierra con una pequeña zoleta  y, cuando vi la zoleta encima de mi cuerpo, me tuve que defender y le clave el aguijón en el dedo gordo del pie izquierdo. Ya lo sentí pero temía por mi vida.

Mientras las hormigas revoloteando se quejaban de que ese niño las cogía para ponerlas de cebo en sus trampas para cazar gorriones.


Pedro Abad. Córdoba

Los buitres le recordaban que una mañana en la que, estando descansando en manada a las afueras del cortijo, por la vereda que bajaba en línea recta a la carretera que sube hasta el chorro, subía un niño muy chiquito y nos pasó rozando nuestras plumas con su cuerpo, ¡casi nos tuvimos que apartar para dejarlo pasar! nosotros le mirábamos con curiosidad y él ¡sin miedo! no nos hacía caso. No veíamos miedo en su rostro, solo una extraña calma, ya que sus andares eran ligeros y sin pausa. Y, en otra ocasión, estábamos comiéndonos una vaca muerta al lado de la finca y su perro acudió a ver si podía coger algo de carne, y el niño salió detrás de él... solo se acercó ya que le dábamos respeto y viendo que a su perro no le dejábamos acercarse… se lo llevó de vuelta al cortijo.

La lagartija estaba enfadada y le decía que a ella le cortó su rabo y se lo enseñó a su madre y ¡encima, el niño se reía! ya que mi rabo seguía en movimiento.

Pedro Abad. Córdoba

Y, del grupo  de las golondrinas, se acercó una para dar las gracias por la ayuda que les dieron a sus antepasados, dejándoles poner el nido dentro de la cocina.

El gorrión estaba muy enfadado, ya que los cepos que ponían de vez en cuando, aprisionaba los cuerpos de sus hermanos para el alimento de la familia.

La araña se sonreía, ya que ese niño, cuando caminaba con sus cabras por la sierra, se dio de frente con ella en sus dominios, y se detuvo y cambió de camino, entre la espesura para no molestarla...¿O sería que la temía?

 Las ranas se quejaban de que el padre de ese niño las cogía de los arroyos para comérselas fritas.

Mientras, el lagarto sacaba pecho y sonreía, ya que él se encontraba tomando el sol en la vereda de la huerta y el niño estaba regando la finca y subió para la alberca, a cerrar su boca de riego: - Se encontró conmigo y no le deje pasar… me levanté apoyándome en mis patas traseras  y le hice frente y él, con muy buen criterio, salió de la vereda y rodeo por su derecha… ¡Creo que le asusté! 

Cortijo de Majaralto. El Cobre. Algeciras.

La burra se puso seria y le dijo: - A mí me utilizaban para ir a por el pan al molino, y para llevarles el costo y el agua a los segadores, y a las eras. Y muchas veces ese niño trataba de esconderme cuando iban a por el pan,  para así coger a Lucio que para ellos era más importante ya que lo galopaban. También me tocó caminar por estas sierra cargada de carbón de picón y leña para la candela…

 Lucio relinchaba y, trotando, se acercó a la cerca que daba visibilidad al Peñón y su Bahía, donde aún fondean los barcos, esperando poder entrar para su descarga. Mientras, a lo lejos, se observan las costas de África. Era un día soleado, disfrutaban de sus vistas... Doblando su cuello, tras él observó que, por más que miraba y buscaba, los intrusos con los que él había dialogado ya no los consiguió volver a ver más.

Antonio Molina Medina

03.06.21

UN ÁNGEL LOS APADRINABA

 

Caserío de la ciudad de Orduña. Bizkaia

Renueva los sentimientos que el alma desprende, los acumulados de tu edad primera, cuya infantilidad se hace presente en tu corazón abriéndote las puertas de ese futuro que ya trascurrió… Con la cabeza agachada y posando sus ojos en la lectura de su libro escolar, donde la escritura les hacía acumular en sus mente las primeras historias de ese mundo en el que les parieron, dos niños ya grandecitos que compartían pupitre y alguna cosas más, levantaron la cabeza del volumen que posaba abierto en la madera para decirle José a Juan: ¡cuándo salgamos tenemos que darnos prisa ya que hemos que picar leña en el caserío, que mi madre hoy tiene que encender el horno y necesita leña para dar calor al horno del caserío para hacer el pan y con la leña cortada que he visto cuando fui a comer no le llegara… mi madre me lo advirtió al venir a la escuela!

Ciudad de Orduña - Bizkaia

--Vale -le contesta Juan- ¡Cuidado que el maestro nos está mirando!

José y Juan recogen los libros de la escuela y salen para sus casas y primero pasaron por el portón de Juan, y le dice a su compañero: -¡Sube y colocó los libros en casa, y bajó corriendo! ¡esperarme!

 

Como un relámpago subió y bajó las escaleras no antes de decirle a su madre: -¡Mama, que voy con José a hacer leña para el horno que hoy hace pan su madre!

Caminan charlando hasta la puerta de dos hojas del caserío y Juan metiendo su mano desplaza su cerrojo y entran corriendo y suben por las escaleras de madera y abren la puerta de la entrada y se meten en la cocina donde desde el fuego bajo arde lentamente la leña con la que hace hervir una caldera de menudas patatas para los cerdos. Colgada de una cadena en el centro de su chimenea.

Antonio Muñoz y Antonio Molina-ciudad de Orduña-Bizkaia

 

-¡Mama ya estamos aquí! -Le anunciaba José…

- ¡Ala pues! -Bajad y cortad algunos troncos que tenéis preparados. Las cuñas, la maza y el hacha ya la veréis. -les decía la madre.

Corren escaleras abajo y abren la puerta de la cuadra, los animales giran sus cabezas masticando su alimento y los miran y siguen comiendo en los pesebres y los dos, salen por la otra puerta que da a la finca y su huerta y al amplio patio y girando a su derecha al lado del horno estaban los troncos, algunos muy secos, de las cuñas que necesitaban para su desgarro.

 

Familia Merquiades de Orduña y Antonio M. Y Lucía M. Bizkaia


Miraron bien los troncos por si había alguna grieta para comenzar a poner las cuñas las que de menor a mayor iban abriendo los troncos hasta su desgarro total.

Mientras José sujetaba la cuña, Juan elevaba la maza para su golpeo… -¡Ten puntería y cuidado con mis manos! – le decía a Juan- que la 'maza' pesa.

Las gallinas se acercan curiosas y confiadas al lugar y sin miedo escarban la tierra buscando su pitanza. Se sienten seguras.

 

Trigales de Sinovas-Aranda de Duero

Entre risas y bromas las cuñas a base de porrazos se abren paso en los troncos y ya, bien afianzadas, deja de sujetarlas, hasta que los troncos se abren en canal para su troceado con el hacha y una sierra, esta con dos mangos, que también era muy buena herramienta, para el tronzado de la leña, se colocaba en un trípode las más duras para cortarlas con la sierra manual y otras se cortaban con la afilada hacha.       

 

-¿Que tal lo lleváis chiquitos? – Brotó la voz del aldeano.

 -Bien, -le contestan ellos.

-¡Con lo que habéis cortado ya es suficiente por hoy! -les decía. -¡Mientras yo voy a afilar las cuchillas de la máquina de segar, vosotros esperad a que baje tu madre! -Le dice a su hijo. El aldeano se dirige a una nave del caserío en la que hay un artilugio de madera con asiento y dos pedales y en el centro una caja donde en su hueco o pequeño foso una porción de agua con la que enfriaba a una piedra o muela que al mover los pies da vueltas a la piedra que, suavemente, chisporrotea al contacto de las cuchillas para dejar listos sus filos para otra siega.

 

Caserío de la ciudad de Orduña-Bizkaia

Se oyen los pasos y la voz de la aldeana detrás de ellos y les dice: -¿Ya tenéis todo preparado para encender el horno, pareja?

-Sí. ¡Hasta la leña menuda para su encendido!; solo falta introducirla en el horno y prenderle fuego, -les contestan ellos.

 

Desde el interior de la nave el aldeano entre risas le dice a su mujer: -Estos ya saben lo que hacen mujer… ¡‘redios’ que si lo saben!… dejando una carcajada en el aire.

La aldeana comienza a introducir la leña y preparando una hoja de algún periódico, y con una cerilla, surte la llama a ese montoncito de leña cuyas llamas se apoderan de las piezas de leña recién cortadas, para calentar con fuerza ese habitáculo donde se almacenarán los redondos panes y algunos ‘txoripanes’…, para los más menudos de la casa y algún invitado a esa fiesta. Las llamas se asoman a la boca del horno y la aldeana retrocede apoyando su mano sobre su frente por la fuerza de las llamas que ofuscadas cual llamaradas tratan de salir del habitáculo donde se revuelven entre quejidos y chirridos.

  

Ciudad de Orduña-Bizkaia

Pasan las horas y ya el horno está preparado para la faena, después de amontonar los residuos de ascuas y ceniza al fondo del horno. Con una pala de madera son introducidos lentamente las redondas y frondosas montañas de harina bien amasada y depositadas guardando la distancia y, entre medio, muy cerquita de la boca, esos pequeños panecillos con su chorizo dentro.

La aldeana miraba y sacaba con su pala algunas piezas a ver como estaban de cocidas y las volvía a dejar, hasta que todo estaba listo para sacarlas.

 

Los nervios afloran entre los pequeños seres ya que el hambre relincha en sus estómagos ante el sabroso olor que se cuela sin compasión por los orificios de sus narices.

Ciudad de Orduña-Bizkaia

-Chiquitos, ¡Ala!¡Venid para aquí! ¡Ahí tenéis! ¡Coged uno cada uno! -Pero, tener cuidado, no os vayáis a quemar, ¡que están recién salidos del horno! -Les advierte ella.

Así era. Quemaban en sus manos, pero sus estómagos lo reclamaban y soplando y soplando se quemaban, pero el hambre podía con ellos y más ese manjar con el que la aldeana abastecía a los suyos, y  algunos más a los que se los regalaba.

Antonio Molina Medina

23.04.21

LOS FALSOS GUIAS

Casa museo de Federico García Lorca-Valderrubio.
Homenaje a María Mata Padilla en sus 100 años. Granada 

 

Deben servirte en tu caminar para comunicarte con otras vidas

Para que consolides a aquellos que te quieren y te sigan

Por los caminos de tu vida.

Las sombras no hacen daño y al cruzarte con ellas

No sentirás ni apreciaras su presencia.

Ya subiste del sótano a cubierta

Con tus fauces sinceros de gacela, palomo herido

Borrego ensortijado. Arrancaste de la tierra.

Rompiste la guarida. Destruiste su cueva.

Asaltaste fortaleza que creían inexpugnable.

El aroma del campo le recorrió su cuerpo

Cuchillos y alfileres la arrancaste del alma

Se buscan con ahínco. Él no quiere ser victima.

Ni que sacie su hambre. De carne no podrida

No se alimentan fieras.

La victima se revuelve, se llena de oquedades

Su agresividad se congela entre lava de volcán

Los jueces no son tales, y cogió otro sendero

Los rayos que iluminan brisas y despertares

Y de una trampa cruel, retorno la victoria

Y si ha de morir morirá con honor, por amor

En esta sangradura que la vida le depare.

Antonio Molina Medina

27.05.21

 

PRIMAVERA EN LA PEDANÍA

 

Sinovas pedanía de Aranda de Duero

Se filtran por las rendijas de la persiana de su ventana esos rayos de claridad que dejan al descubierto los luminosos paisajes de la Pedanía, cuya fuerza le imprime la eterna primavera que comienza. La que nos sacude la mirada la cual, cabizbaja, nos hace descubrir la hondura de los campos de Castilla, poblado de espléndida Naturaleza, que no nos necesita para nada como nosotros no podemos vivir sin ella.

Los campos se apoderan de verdes praderas y de flores salvajes  que adornan nuestra mirada solo con alargar nuestra admiración, y posar la mente en el verde, verde manto, que se adhiere a la tierra que abarca nuestra profunda visión. Mientras las huertas se enroscan alrededor de las cabañas, donde un hilo de humo relajado fluye por encima de sus tejados de tejas de colores ahumados.

 

Sinovas pedanía de Aranda de Duero

Las calles de la pedanía se vislumbran repletas de pisadas antiguas y jóvenes que, incesantes, buscan los fantasmas de la noche que se regocijan sin prisa y en calma. Pero de improviso, las puertas se abren y el ruido se apacigua ante los oídos; el silencio no empaña su conocimiento que busca con énfasis desabrido y tenaz en su silencio.  

Brota la vida en la Pedanía y se suaviza el aire que respiro, introduciéndose en su presencia esas voces que, mansas, se acomodan en la mente. Las de mujeres y hombres y gente menuda, la que se mueve cada día dando vida a los sueños en cadena para aporrear sus vidas y sus eventos cotidianos que acarician, entre sonrisas y silencios inclusive, las precisas y ásperas sacudidas, que muchas veces la propia vida les depara.

 

Sinovas pedanía de Aranda de Duero

La primavera, a la sazón manantial de pureza, salpica sus campos y deja al descubierto surcos y veredas; carriles de tractores para llegar a sus destinos donde pacen de sus mieses, junto a los animales que el pasto de barbecho protege, mientras los perros miran silenciosos la cara dorada del pastor. Algunos a paso lento, otros aceleran sus pasos… mientras la campana de su iglesia  marca sus horas que el viento arrastra en la lejanía.

Sinovas pedanía de Aranda de Duero

Rondan los tractores armados de cuchillas  que perforan la tierra, la que, plácida, se deja penetrar esperando las semillas, dejando los pequeños surcos por donde penetre el soplo del aire caliente. Y la tierra se rejuvenece entre cánticos y plegarias donde crecerán las espigas  de esa semilla de la siembra que hará posibles esos frutos sensuales y prodigiosos, que el campesino mima, para que el molinero los convierta en harina.

 

Con efusividad, nos encontramos en el teatro de la vida, cual barco que se mueve entre las espigas; visualizando esos granos que serán la semilla para morir, engullidos por la propia tierra dando frutos para la siega. Mientras, las viñas romperán sus menudos troncos entre lágrimas, preparando con su sabia los arrogantes y juveniles tallos  que, jubilosos, serán cubiertos por las verdes hojas para dejar paso a los

Sinovas pedanía de Aranda de Duero

racimos y granos de esa nueva vida, que, acumulados y llenos de dulzura, humedecieron gargantas de ahora y de antaño, a pesar del desagravio de los que rugen en contra de la Naturaleza… sean incapaces de destruirla en su tiránica obsesión,  tras la ofensiva a su destrucción.

Antonio Molina Medina

01.04.21

AMISTAD Y CERCANÍA

 

La Chorrera. Río de la Miel. Canuto hondo. El Cobre

Necesitaba respirar aire procedente de mi río, y las ondas que transitan por los vientos me llamaron y yo me encontraba sediento y con ansias de soñar, y, una nube se posó en mi cabecera, y mis oídos se alegraron de esa voz poderosa y curtida por los años del tiempo, y se filtró ante lo que conocía, esa sabiduría de un hombre de talento, ya que el corazón, su corazón, es el dueño de sus actos, de su calidad humana y de todos sus movimientos.

Escuché su voz, como el piar de un querubín que me aupaba a los cielos, a las ramas de mi árbol, a cielo abierto.

Ciudad de Orduña. Bizkaia

Vibraban mis ojos y mi voz no necesitaba respiro, ya que el aire procedía de su teléfono. La amistad estaba ahí, sedienta de compartir palabras y sentimientos. Y mi mente, virar hace, con esos sueños nuestros. Los suyos y los míos, ya que las voces que hablan, los sentimientos se desprenden de las capas de nuestra piel que, hoy, cubren nuestros cuerpos.

 

Caminamos entre raíles por las calles de su pueblo y pasamos al verdor de ese parque, de esa bolsa de agua fresca que se apilaba en nuestros ojos que, hasta una Pata salió a saludarnos y se volvió a su agua en busca de sus cachorros y nos presentó a su familia: eran diez preciosos delfines con sus plumas amarillas que, alrededor de su madre, piaban comiendo pienso.

Ciudad de Orduña. Bizkaia

Y yo no salía de mi asombro. Cómo cuidaba a sus hijos. Cómo los defendía cuando se le acercó un Perro. Les seguíamos sus pasos y sonreíamos por dentro.

 

Federico el de la Fuente nos seguía en nuestro pensamiento y recordé al abuelo del mundo: Walt Whitman, que se colaba entre nosotros recordando sus buenos tiempos, y a Ángela Figuera y a San Juan de la cruz y a Teresa Aldamiz, y al poeta que me recordó Honorio… El que se juntó con García Lorca y Whitman en el supermercado  se llamaba "Allen Gisbert" y don Antonio Machado, y recordando Honorio a Federico entre Ríos de Mimosas camino de Galicia y que terminó en Bilbao.

 

Sinovas pedanía de Aranda de Duero

La tarde se hizo de día y la brisa nos alentaba a caminar entre corrientes, ya que ellos, nos acompañaban en todos nuestros pensamientos. Palabras, sólo palabras, pobladas de emociones, que apaciguaban nuestro intelecto.

 

Tarde mágica la de aquel día, la que quedará en nuestro recuerdo. Lirios y rosas silvestres se posaban en  los cielos y nuestras manos aferraban sus tallos…  jugosos tallos y versos, mientras el aire soplaba esa brisa soberana que lamía nuestros cuerpos. 

 

Hoy luce más la claridad y se agigantan los sentimientos.

 

Sendero de la Trocha. El Cobre. Canuto hondo

Nos vemos, mi querido amigo. Mientras el tren se desliza entre raíles, entre libros antiguos donde la vieja biblia se coló entre nuestras voces, sin anillos ni parcelas que salpiquen nuestras vidas hoy, simplificadas y veraces con lo poco o lo mucho que quedó de aquella gesta, o lo que nuestro corazón soñó, de un ser humano y desnudo.

Antonio Molina Medina

20.05.21

LA HUELLA

 

Sinovas Pedanía de Aranda de Duero

Él, se alejaba dejando tras sus huellas los retazos de una vida, de un tiempo imborrable que nunca volverá, para adentrarse en el mundo que siente, que no percibió que nunca comprendió. Volviendo la cabeza con lágrimas las que resbalan de sus ojos las que le brotan del alma de lo enterrado en vida. La cabeza inclinada. El alma dolorida. El corazón sangrando. Lo envolvía la apatía, su corazón no sentía el jugo de la vida, ella se le resistía. Le falta la palabra.

La vida le resulta diferente. La apatía convulsionaba su alma. Se cerraron los manantiales de agua clara. Su corazón no latía solo palpitaba sin fuerza, brotaba la nada. Le faltaba la palabra.

Sinovas Pedanía de Aranda de Duero

 

Y se adentró: en su bosque, sus ríos, la claridad de una tierra que respira luz, agua manantiales de vida de colores y pétalos de rosas siemprevivas, que le azotan la cara. Los colores rojos, verde, amarillo azul cielo le rechinan. La resina se desprende pegajosa de heridas consumidas aromas de árboles de frutos que dejaba en su campo. Frutos que consumía que alimentaban su cuerpo, que sustentaban ilusiones de una infancia pérdida de su edén en la tierra, que suavizaba su hambre, enjugaba su cuerpo agilizaba su mente de toda sequedad. Le acompañaba la palabra en toda su extensión. Sonando a libertad.

 

Parque de los Alcornocales. Chorrosquina El Cobre

Recuperando huertos, semillas germinando, cortijos, arbolados, animales caseros y el fruto de sus árboles, de frutales colmados. Fuego bajo, palomas, enjambres de abejas, la miel que nos sustentaba higos secos y brevas. Olivos de aceitunas, aceite, tinajas de agua fría contaros sempiternos que saciaban mi sed. El perro que me quiere, la serpiente reptando que levanta la cabeza, me saluda silbando. Reses, hierros candentes que quemaban su lomo marcando iniciales que en la sierra pastaban. Los pavos y gallinas, conejos, escarabajos me acompañaban de  diario en mis correrías por el campo. El buitre me vigila, merodea en circulo el olor a la muerte a su nariz ha llegado. Las hormigas en silencio cargadas de pertrechos que su cuerpo soportan arrastrando la carga más fuerte que su cuerpo, impulsando con ímpetu los poderosos granos. El niño las observa y sonríe, se ríe contemplando como se introducen en la cavidad que la tierra protege. Otras caminan libres, de regreso a los campos para buscar su carga y poder regresar.

 

Parque de los Alcornocales. El Cobre, Chorrosquina


Una piel de serpiente se encuentra a su paso ha mudado su cuerpo se ha cambiado de ropa se quiere pavonear y cimbrea su cuerpo por la verde pradera enseñando su lengua afilada y certera como flecha punzante fluye de su cabeza y cuando se siente en peligro arqueando se cuerpo se levanta orgullosa lista a defenderse de quien quiera atacar. El buitre carroñero sigue girando en circulo otea la pradera sigue buscando el alimento para seguir viviendo siempre en  libertad. Él espera y le espera, la muerte esta al acecho la presa esta lista el festín es seguro, solo debe sentirse segura en libertad.

 

Orduña Bizkaia

Mientras las reses mugen sonido prolongado cuando sienten en su piel el hierro candente que marcan en su cuerpo, y le duele, le quema, le hace daño y grita los mugidos al aire, soltando de sus trabas saltando empalizadas buscando el alivio de aire que le brinda su largo galopar.

 

La vida en las humildes chozas se hace deseable, placentera y dignan en mentes que se quieren, que quieren y aman, a pesar de las fieras, que pululaban el monte. Los árboles se mecen, en lo alto de la sierra el niño se sonríe, sonrisa placentera, se sienta y los contempla. Un puñado de sueños observando a animales que libres le preceden. Mientras el buitre negro se nutre de carroña que su cuerpo comprime. Retomando su vuelo listo para otra fiesta, extendiendo sus alas planea placentero después de su festín.

Orduña Bizkaia

El olor a higos secos, a aceituna a brevas, a higos chumbos, higueras, perales, manzanos a garbanzos, la miel inundaba su vida con su perro querido que alegraba sus minutos y horas en su soledad. Contemplaba los barcos que la niebla recubría por toda
la Bahía cercana a Gibraltar.

Los arrieros pasan por la Trocha a Tarifa, se detienen y piden un cuenco de agua que la madre les da.

De los campos cercanos brillaban las espigas, los prados de garbanzos, la paja en la planicie, donde briosos corceles arrastraban los trillos separando la paja de su grano divino que el campesino sonriente endulzaba el paladar.

Antonio Molina Medina

16,05.21