HACE FRIO.


Hace frio. El año se relaja y se deja ir lentamente como vino: en calma. Pero nos aferramos a él cada vez que aparece uno nuevo es señal que envejecemos y nos da la lata.

 Y me hago esta pregunta: ¿Y yo quien soy?...

 No sé muy bien para qué nacemos. Porque tenemos que vivir este calvario. Nacemos a empujones, forzando nuestra salida, con la cabeza delante o arrastrado de los pies con el peligro que eso significa... Y nos golpean hasta que lloramos. Todo son risas y alegrías... Hoy he estado en un funeral, el padre de un amigo... y lo despiden a pompa y platillo, misa y canticos, murmullo en la iglesia.

¿Para eso hemos nacido? ¿Para sufrir el calor y el frio, el hambre y la sed, miserias por doquier y la muerte prematura de más de uno?

Y cuando digo quien soy yo. Nadie nos responde, nadie te mira a la cara, sus miradas se espuman como la niebla por los campos y montañas.

Solo queda un reguero de pasos casi ocultos por el viento y el polvo de los caminos que lo cubre su tiempo.

Ya nadie te hace casa, ni te escucha aunque sea una súplica que necesita tu alma para seguir viviendo.

 Ya no encuentro al poeta que me aupó ante el viento, me dio vida y calor... quizás, eran otros tiempos.

Hoy hablo con los pájaros, con animales caseros, con las fieras del campo, con árboles centenarios que un día fueron carboneros y con el poeta que llevamos aun dentro.

Solo miro al abismo, esperando que el viento, interrumpa mi vuelo. Quizás desde la otra orilla, reconozca mi cuerpo ya que mi alma está muerta de ilusiones perdida, aunque llena de sentimientos.

Antonio Molina

A UNA PLAZA DE TOROS


El Halcón escudriña el borde de la montaña, oteando el valle que a sus pies se encuentra, contemplando el territorio que debe recorrer para cazar el alimento para sustentar a sus crías.
Se lanza al abismo y desde el aire, majestuosamente, contempla nubes blancas junto al ‘bollo’ que, con su frialdad, manda brioso al valle y sus gentes, que abrigadas realizan las tareas cotidianas.

Y arrojándose al aire que la sustenta, para escudriñar el terreno y buscar la carne deseada, para poder llevar a su nido el alimento que, con avidez, engullirán sus crías.
El halcón divisa la ciudad a sus pies que en circulo se sitúa rodeada de murallas,
con su río y su valle. Su castillo sobresale en un alto promontorio, resaltando sus castaños y su fuente, que en la plaza de los Fueros empotrada se hallaba.

Viejos, añejos y legendarios edificios la acompañan junto a su catedral bien remodelada.
Sobresaliendo de su recinto, uno chiquillos, con voces diminutas y briosas que reclaman con avidez su mirada: Dos por dos, cuatro, dos por tres, seis, seis por…

Pequeñas vocecillas cantando la tabla de multiplicar.
Resuenan los cánticos de los moradores que la habitan, retumban sus diminutas vocecillas; escuela que el halcón se lleva para contar a sus crías la buena nueva
de como unos retoños florecen en ella. Mientras, en la vieja torre del Ayuntamiento
una pareja de cigüeñas retocan el nido traqueteando con sus picos: el amor de la pareja.
En su deambular buscando a su presa fuera del recinto de la añeja ciudad divisa con curiosidad un círculo, en cuyo alrededor contempla a diminutas criaturas que practican sus recreos despreocupados y felices.

En la plaza se realizan unos juegos que ellos no pueden ver desde la calle. Su recinto alberga unos días señalados, las fiestas del ‘Ocho Mayo’ para la distracción de los que forman la comunidad que en su entorno se haya.
Toros bravos entran por la puerta grande. Gritos de júbilo, los ‘olés’, resuenan en su interior con algarabía, resoplando estruendosamente por el valle; transcurriendo una corrida de toros donde jóvenes figuras del toreo pasan año tras año por el recinto circular pisando la arena de su ruedo dando tardes de gloria, como en otras plazas así lo hicieron. Los maestros ‘Mazzantini’, ‘Bombita’, ‘Machaquito’, ‘Bocanegra’, ‘Cocherito de Bilbao’, ‘Manolete’… y muchos más, con sus pases de pecho, sus ‘chicuelinas’,

desplantes y verónicas y pases improvisados y con suerte. Acompañados por los clarines de la fiesta, que anuncian las partes de las que se compone la corrida
desde la faena del picador, las banderillas y la suerte de matar hasta terminar con la lidia, después que el protagonista de ella haya sucumbido por el acero de la  muerte.
Y después el matador la faena ha realizado, las mulillas al animal sacan arrastrándolo
por la puerta grande de la plaza.

El halcón divisa a lo lejos un pequeño conejo y lo contempla con sus ojos fijos, penetrantes, lo observa y se lanza como una flecha, sobresaliendo sus garras afiladas y dispuestas a arrebatar la presa de la tierra y elevarla al cielo azul. Dirigiendo su rumbo, rápido, al nido, que sus crías le esperan para saborear el alimento necesario.

Replegando sus poderosas alas, su garganta provoca un graznido de aviso y de gloria por el alimento conseguido, dejando la preciosa carga junto a los pequeños moradores de su nido que, ávidos de carne, la sujetan con sus garras y la desgarran con pericia.
Reposa satisfecho el halcón en una rama, contemplando gozoso como se sustentan sus retoños, divisando a lo dejos un árbol cuyas ramas no mece el aire; sujetando en su tronco a una señora que ha observado respetuosa lo acaecido en el relato.
Porque resulta que el halcón y su morada cohabitan junto a la señora que tanto nos ama.

La Virgen de La Antigua junto a su nido mantiene su guarida, refugio donde nos observa, nos guía, nos consuela y que nos ama.

 

Antonio Molina

MI NOBLE PERRO - LEÓN

 
Han transcurrido los años,
son muchos a recordar.
Hoy me sigues resonando,
como un amigo fiel y leal.
Que can más excelente.
Fuiste toda sensibilidad,
pues tuviste corazón.
Fuiste fiel como un humano,
amor como el que nos distes,
jamás se puede olvidar.
Noble fue tu compañía
y dulce en tu proceder
¡que grandeza el compartirte!,
como un amigo fiel.
 
La vida nos separó,
sin poderlo remediar.
Pero hoy te vuelvo a ver
con los ojos de mi alma,
te puedo recordar
como un amigo sin tierra
como un sostén delicado y
añorar tu grata animalidad
en una mañana en tinieblas.
 
Antonio Molina

GELMAN EN NUESTRO POTE-POÉTICO DE ENERO '14



Así se engalanaba hoy nuestra mesa en el Pote-Poético. En homenaje a Juan Gelman fallecido el día catorce de este mes con que comienza el año. También hemos recordado a la escritora Simone Beauvoir y a María Moliner autora del diccionario que lleva su nombre.
 
A la luz de la Poesía ha transcurrido la tarde poética y han sido muchos y variados los poetas que nos han visitado a través de las voces. Y como no podía ser de otro modo, la palabra se ha hecho acompañar de la música (ya su inseparable) en esta ocasión de la mano de un salterio de arco que muy gustosamente nos ha traído nuestro amigo Juanjo.
 
Hoy Gelman, in memoriam, esperando que allí donde estés se te haya alegrado el esqueleto, por esta conjunción de emociones y Poesía que es nuestro Pote-Poético. Los agradecimientos a Narciso y Jesús de Taberna Zabala, a Juanjo, Juan, María José, Pablo, Manolo, Felicidad, Ernesto, Luis, Marisol, Ana, Rubén y Marifeli, para quienes no habéis podido venir y nos habéis alentado con vuestro ánimo, gracias también, os hemos sentido entre nosotros.






 
No podemos olvidarnos de la Lata de los Pensamientos, ved su cosecha, la vuestra.
Gracias por venir el Pote-Poético es por y para vosotr@s. ¡Hasta febrero!



Daniela y Antonio

AFERRADOS DE LA MANO


 
Agarrados de la mano,
y mirándonos  a la cara.
Cruzamos el gran desierto
de dunas todas descalzas,
arenas incandescentes por los
mil rayos del sol,
que de día nos acompañan.
Y pasamos nuestras vidas sin
enterarnos, como dos seres
alentados y a veces dirigidos,
desde este mundo exterior
que nos asedia.
Cruzamos dunas frías,
por el rocío de la noche, que
empapa las arenas del desierto
silencioso de nuestra vida.
Tú, y yo.
 
Seguimos transitando los dos juntos,
agarrados de la mano,
y así de esta forma mirándonos
frente a frente y a los ojos,
mucho nos amamos.
 
Pero yo pregunto.
¿Qué es amor?
¿Los dos juntos lo buscamos?
¿Ya ponemos ilusión?
No sabría contestar.
¡Y tú!
¿Me dirías la verdad?
 
Va pasando nuestro tiempo.
Enlazados de la mano,
caminando por la vida
con la mirada perdida.
Por la falta de palabras
que salgan de nuestras bocas
sin saber dialogar.
 
Agarrados de la mano
terminarán nuestras vidas.
Apoyando nuestros cuerpos
ya débiles por la edad
seguiremos formando parte
del paisaje, en el polvo
de los caminos,
juntos para la eternidad.
 
Agarrados de la mano
mirándonos de soslayo,
seguiremos caminando
mirándonos a la cara,
con nuestros cuerpos fundidos,
imposible desclavar.
 

Antonio Molina

EL SIGUE CUMPLIENDO AÑOS


Le brota la vida a borbotones

permaneciendo afanosa su juventud

aquella que no lograste agotar luchando

por tus ideales y la libertad siempre soñada.     

 

Te enfrascaste en una guerra fraticida

dejando en ella pedazos de tu vida,

sangre y parte de tu cuerpo,

prevaleciendo cual roble milenario.

 

Deambulaste por países extraños

llevándote en tus entrañas

verdes valles, ríos y montañas

los de tu vieja Vizcaya.

Aquella que te vio nacer y crecer en tu niñez.

 

Largo fue tu exilio y dura tu existencia en él.

Hoy te regodeas de tu espléndida edad de oro,

de tu juventud de plata y por ello

ahora se regocija tu joven alma.

 

Años han penetrado en tu añeja figura,

los que brotan de tu espléndida silueta.

A pesar de la vida que viviste,

llena de sobresaltos e historia,

tu leyenda, nuestra historia,

que engrandeció tu alma.

 

No te doblaron los vientos de levante

los que con furia soplaban tu silueta.

Fuiste un roble milenario de tu tierra,

Del que para morir hay que arrancarlo.

 

¡Qué grandeza la de tu corazón!

que se resiste a envejecer tras el paso del tiempo.

Tu juventud prevalecerá entre nosotros,

tu recuerdo permanecerá vivo y necesario

como manjar para los tiempos venideros.

 

Antonio Molina

EL NIDO

El nido, vacio. El gorrión ha volado.
Siente su calor, la silla lo ha atrapado,
sigye vivo su olor a poleo y a menta,
a té rojo que en boca degustamos los dos.

Son posibles los sueños, mujer de cuerpo entero
se intuyen tus pisadas por todo el pavimento.
Tu sonrisa me atrapa, me consuela y me hiere
me trasnporta  otros mundos donde encontré
la paz, que busqué con ahínco, y no logré alcanzar.

Antonio Molina