POTE-POÉTICO EN BILBAO


POTE-POÉTICO EN BILBAO

Hoy con el comienzo del nuevo mes os damos noticia de la Inauguración del Pote-Poético en Bilbao. Esta iniciativa promovida en Vitoria los primeros miércoles de mes, con el nombre de Pote-Verso tendrá su continuación en Bilbao.

El Pote-Poético podremos disfrutarlo los ultimos martes de cada mes en la Taberna Zabala sita en C/ Huertas de la Villa nº 3 allí se darán cita todas y todos quienes tengan inquietudes poéticas, les guste la lectura de versos propios o ajenos y quienes quieran pasar una tarde relajada tomando algo entre poesías y lecturas.

Así la cita obligada será el ultimo martes de este mes de noviembre, día 29 a las 20.00 h Taberna Zabala, Huertas de la Villa nº 3 en Bilbao.
¡Tomad nota! ¡Os esperamos! No olvideis esta fórmula:

1POTE + 1 POEMA = POTE-POÉTICO


Antonio y Daniela

DESDE LA PLAYA DE GETARES (ALGECIRAS)



Playa de Getares (Algeciras)
 



















Angustia contenida
En un rincón de una heladería en Getares un hombre
inapelablemente solo, callado, silencioso, abandonado
trata de ocultarse entre la intensa niebla que lo envuelve,
provocada por el Levante en el Estrecho.
Con el corazón hasta el cuello, cabizbajo, pensativo,
melancólico, brotando en las facciones de su cara
la tristeza que le consume, que le hiere y le ahoga,
escuchando las sirenas de los buques
que cruzan el Estrecho, sumergido en sus pensamientos
como un brote de niebla en la Bahía.

Se despide una vez más de todo lo que le rodea
a golpe de lágrimas que brotan de sus ojos
y que trata de evitar secándolas a escondidas,
como un ladrón que no quisiera que nadie
le cogiese con las manos en la masa;
en el entorno que le envuelve sumido en sus recuerdos,
que brotan de lo más profundo de su alma

Recuerdos de un pasado que le galopa y que no logra deshacerse,
que le atenaza y le aprisiona a la vez que le protege y
le da la mano para seguir por la senda que le marcaron
aquellos que sembraron la semilla, por los caminos
vericuetos y senderos llenos de espinas y barbechos,
llenos de recuerdos, cenizas ya marchitas,
que no quiere desprenderse de ellos.

Llega la marcha inevitable a otras tierras, a otro mundo
que no es ni será nunca el suyo, por mucho que lo intente.
Bien sabe Dios que lo intenta, pero no logra conseguirlo;
con lo natural que para otros es tal propósito,
tan sencillo de lograr para aquellos de su entorno
que nunca podrán entender su forma de proceder.

Es difícil, imposible, llegar a deshacerse o
renunciar a unos principios, a tu propia vida y existencia,
dejar a un lado todo lo que te enseñaron e inculcaron
tu gente, cultura, tierra, costumbres, lengua, sensaciones…
Inequívocamente un hábitat te llena de ilusiones realizables
y veraces que el mundo en que vivimos rechaza y no las concibe.

Se percibe un hálito de esperanza, la de un rayo
ardiente de luz que brota en forma de grieta que surge
en el cielo azul provocada por el brioso sol
que nos aplana y nos seduce; porque sin él la vida se detiene
como la niebla que le atrapa y le hiere en el alma
junto a los pensamientos que le envuelven
en esta heladería de la playa que sirve de testigo,
impertérrita y sublime compañera de sus esperanzas.
Los vientos están en calma, se han dado un respiro.
El Levante junto al Poniente descansan pensativos.
Quizá coincidan con él y por ello tal reposo,
para poder solazarse entre la bruma e imaginarse
las frágiles barquitas que utilizaban los pescadores
para el sustento de sus gentes.

Hoy, ¡qué paradoja!, las barquitas repletas están de seres anónimos,
seres fugitivos, hambrientos; los ‘sin tierra’ que buscan
en nuestras orillas un trozo de pan y de cultura que llevarse
a la boca día a día, para su sustento, dejando su vida
en el intento… Unos y otros devueltos una vez más
a las tinieblas de una tierra llena de miserias que
a los poderosos no les interesa arreglar.

Sumido en sus pensamientos, tristeza bien manifiesta,
con su lengua saborea intensamente las lágrimas,
lo amargo de la sustancia, sensaciones que la vida le depara,
sensaciones muertas en este mundo en que vivimos
y que pocas son las buenas para saborearlas.

No le estimula el mundo en que vive.
No comparte su filosofía.
Soñar es gratis, por ello pocos lo hacen.
De ahí los desastres que nos cercan,
los niños asesinados, olvidados en todas las contiendas…,
sí…, sin pudor, por los gobiernos
aquellos que dicen defender democracias…
Contra el terrorismo nos atosigan, nos mienten…,
cuando ellos son los que nos agobian y nos matan.
Matan la ilusión en muchos que soñamos…
cuando palpamos y comprobamos cómo la industria
de la guerra es la riqueza de unos pocos.
y la que provoca la desdicha, la muerte…
Niños, mujeres, ancianos destrozados,
dolor y destrucción, miseria, llanto, metralla, lágrimas,
miedo, muerte. La nada.

Pueblos enteros arrasados, en nombre de no sé qué
democracia ni qué valores…
No existe ya el amor… nos empieza a fallar la memoria.
Qué lejos queda la esperanza
mientras los hombres amontonados, sangrantes,
enmudecen por falta de palabras bajo banderas negras de muerte.

Adiós pájaro azul. Las verdes aguas impulsadas por el Poniente
van llegando lentamente al litoral de la playa de Getares
donde sentado en una mesa contempla sus recuerdos de niño…
porque lo que acaece a su alrededor ya no le interesa.

Mientras la niebla se disipa lentamente, divisando los barcos
anclados en el Estrecho y otros que se deslizan
sobre las verdes aguas; a lo lejos
como un injerto la tierra de África, donde millones de ojos
le contemplan en su hambre, sus miedos, sus gritos,
su mirada y su aliento, todo de lo que el hombre se alimenta.
Antonio Molina Medina

ALGECIRAS EN BILBAO


Algeciras

















En  el corazón de Bilbao
bajo un cielo gris y lluvioso
salpicando el líquido elemento
y protegido dentro de una carpa improvisada;
escuchando unos sonidos
que alegran mi alma,
mis sentidos, mis vivos recuerdos
y mi credo.

Se me parte el corazón
escuchando a mis Ángeles cantar,
voces que resuenan en el aire con arte.
Son especiales,
la de una mujer que con duende
derrocha su embrujo y corazón,
que con furia lo desprende.
Sabiduría brota de su cuerpo mana,
de donde se escurre la sal de su tierra
y una ‘jartá’ de sus cantes.

Son ‘Especiales’. Sí. Así les llaman
a los algecireños que brotan de ella.
Los de la Bahía, los del río de la Miel,
Los de la sierra y el llano, los de la tierra mía.
‘Especiales’ son también sus mujeres.

Hombres que nos hacen soñar,
que producen vibraciones
cuando su cuerpo se acopla
confundiéndose con su briosa guitarra
y que el sonido de sus cuerdas
nos introducen, nos trasladan,
nos sumergen, nos trasportan
a un mundo nuevo:
el mundo del arte.
  
Son gente guapa y gallarda.
Son ‘Especiales’.
Son de Algeciras,
los de la tierra mía, que nos traen
a estas tierras de Vizcaya
el cante y el baile,
la sal de su tierra,
la voz de sus gentes,
su alegría y sus cantes.
También el lamento de un pueblo que sufre
engrandecido por la historia de su arte.

Mi corazón late con más virulencia,
ruge cual motor acelerado.
Ruidos desordenados
por digerir tanto arte.
Es natural. Son especiales. Son de Algeciras.
Donde su Bahía reluce como el sol
con su blancura, el parque de Las Acacias,
su plaza Alta, calles con solera,
y la grandeza de su gente,
los ‘Especiales’ te esperan.

Antonio M.  Medina

LIBERTAD AMADA MIA

Casa de la marquesa desde el río de la Miel
















Desde la soledad que me agobiaba
desde la pena que envenenaba  mis heridas
por ser como me hicieron
aquellos que fundieron mi ser entero,
que me inculcaron lo que vale para un hombre
la libertad…

Nací en un corral, entre paja y animales,
y compartí con ellos
cielo y tierra, alimentos bravíos,
agua cristalina, pura,
sin que nadie ni nada, pudiese impedirlo.
Sin nada mejor para cambiarlo.
Soñé despierto y vivo
con aquello y aquellos
que me embrutecían.
Sin poder escapar
del mundo irracional en que vivía,
que modeló mi alma y mi figura.
De ahí tanto trabajo, tanto empeño
por rehacer mi espíritu
(que el físico se cambia con la edad y sin remedio)
con la comprensión que nunca me negó
ese buen Dios, del que nunca me hablaron.

No les interesaba que yo lo sintiese Padre,
pero Él, oculto entre la niebla,
compartía conmigo
mi soledad y mi tristeza…
Porque la libertad Dios me la dio al nacer,
pero, ¡cuidao!, los que me la enseñaron
fueron quienes lucharon por ganarla
pero nunca la disfrutaron.
Yo compartí sus vidas y sus penas
y me nutrí de sus angustias y vivencias.

Por ellos descubrí la senda de la libertad
y por ellos la perseguí cual loco enamorado,
y finalmente la encontré en el Boulevard,
el Boulevard de los poetas y la poesía.
El Boulevard donde conocí
a Blas de Otero, a Ángela Figuera, a Federico…
y a tantos grandes hombres
“Aquí yo me lavo las manos de impurezas”.    
Aquí pido la paz y la palabra
y un mundo en libertad.
Libertad a conquistar y defender hasta la muerte.
 Antonio M Medina

A NUESTRO RELOJERO MAYOR

José Luis Pavón y Antonio M. Medina



Me he levantado temprano,
sin pereza, con ilusión,
mirando entre los zapatos y
solo encontré carbón,
pero al romper un pedazo
me encontré su corazón;
aún permanece latiendo
laberintos de la vida
con trabajo e ilusión.

Latía ¡el puñetero!
bramando cual toro bravo
envistiéndome por dentro.
Mi relojero mayor
me visitaba de nuevo,
me traía la ilusión.

Llegó a Algeciras con un año,
lo mismo, a mí, me ocurrió.
¡Grata coincidencia! ¡Savia! que
hemos mamado los dos, sus aires
nos atraparon, de sus campos la “caló”.

Un hecho poco importante, hace años
ocurrió. Enseñabas orgulloso tu obra
de la torre, el reloj, en la iglesia de la Palma,
¡cómo resuena en su fuente! y en su plaza mayor.

Tu ilusión te abstraía.
Todos a ti te miraban
yo, más que al reloj, observaba
el amor y la ilusión que
de tus ojos, desbordaban.
I
Fue un año muy importante
tú, quizá, no lo supieras.
A tu lado se encontraba
la mujer que yo amaba,
aquella que me parió y
siendo niño, me guiaba.

Con que ilusión te seguía
por la torre de la plaza
no se perdía detalle
de lo que de tu boca hablaba.
Tal nobleza su mirar.
Le florecían los recuerdos,
los reflejaban sus ojos
de su añorada niñez.

Con que ensueño me contaba
lo que aconteció en su día,
siendo aún ella, muy niña,
en los bajos del reloj,
al toque de sus campanas
en los bancos de la iglesia,
en la iglesia de la Palma.

Era el año veintisiete,
una boda celebraban
ella iba acompañando
a su hermana más temprana
en matrimonio entregada.

Por lo estrecho de la sala
te perseguía en tus pasos,
seguía tus explicaciones
¡de todo eso ella recordaba!
¡Con que fijeza, miraba,
con qué viveza seguía,
con qué ilusión escuchaba!

Mi querido relojero
sus recuerdos te delatan:
una tarde calurosa
en la torre de la plaza
explicabas tú, muy serio,
con qué cariño limpiabas
las piezas de tu reloj,
nosotros así el sudor
de nuestra piel, que brillaba.

Tu corazón me provoca
el recuerdo me atenaza
tu voz resuena en el tiempo:
tic-tac, palpitar el reloj
a la vista de su plaza.

Mi querido relojero,
repica tu corazón y
me devuelve el sonido
de un bolsillo de recuerdos
con muchos compartimentos
de vez en cuando, lo abro,
recuperando recuerdos,
los que tú me provocaste
en la torre del reloj.

Pieza a pieza su estructura
majestuosamente uniste
para orgullo de sus gentes,
de la iglesia de la Palma,
de su plaza y de su fuente
la Algeciras que tu amas.
Antonio Molina Medina

TÚ ESPIRITU ESTÁ EN EL VIENTO






Tu cascabel resuena aun sin viento
Su roce es vida la que desprende
Su brillo reluce hermoso,
está tan limpio como la nieve
Me gustaría ser alambre, cuerda o pita,
para que se deslizase por ella
Y recoger esas gotitas que desprende
su sonar sincero.

Caminas por senda bien guardada
Pertrecha con seres que conectan
con la luz que desprende tu mirar
La tierra, la que pisas, es fecunda y generosa
Junto al trigo que brota de ella como alimento espiritual.
Eres espíritu que ama las cosas sencillas,
a la gente sencilla, por eso son bellas.

Me veo montado en el trillo,
aquél que tantas veces soportó mi cuerpo
Cuerpo menudo y tierno el de mis primeros años
Los de mi tierna infancia y que tú alimentas
del puchero en la candela
Repleto de “papas” junto al brote
de esto que yo le llamo versos
Los que nos unen para poder vivir
en este mundo incierto.
Antonio Molina

EL VACIO DE LA SOLEDAD Y LA LUCHA POR LA VIDA.



Era una tarde donde el astro sol nos arrojaba con furia sus rayos opresores recorriendo las avenidas de lo que un día fue “El Cortijo Real”, en los aledaños de la ciudad. De improviso, sus manos aferradas al volante del vehículo le indican con insistencia el camino a seguir, el de una finca abandonada.
Dirige mansamente su vehículo a los lindantes de la hacienda e inmoviliza su automóvil al borde de la finca señalada. Juan detiene el rugido del motor de su carruaje para contemplar la soledad en que se haya la morada. Desciende lentamente de él, dirigiendo sus pasos a la reja que le permite ojear el interior de su estancia, contemplando el ‘chozón’ y la huerta desertada, junto a la pequeña piscina tomada por un enjambre de ranas, con su incesante croaaaac, croaaaac, croaaaac, que chapotean en sus verdes aguas estancadas. Junto a ellas, una caterva de mosquitos y de pájaros que deambulan por las ramas de los árboles, con sus trinos y piruetas revolcándose en el agua, incitados por el intenso calor que inexorable les abruma y sin un hálito de viento que les consolase.
Las lagartijas asustadas salen con rapidez ante la presencia del intruso que ha incordiando su descanso del que disfrutan junto a la sombra placentera de las ramas de un ciprés al borde de la piscina en la tarde soleada del mes de agosto. Contagiándose del aislamiento que le rodea Juan recuerda lo que un día fue vergel de vida y piensa en los sueños truncados por la muerte en esa residencia que fue bullicio de carreras de niños, algarabía de gente alegre y llena de vida cuyas risas atronaban el recinto y su casa solariega improvisada.

Y sin que él se percatase de su presencia, sin darse cuenta: surge como una sirena, su figura joven y lozana, desprendiendo su imagen una luz inmaculada. Se cruza con su mirada, ante el asombro de tan linda aparición. Su sonrisa es grata pero forzada, en su cara se refleja la tristeza, no pudiendo sus facciones disimular el estado de ánimo en que se encuentra. Juan frota sus ojos con ambas manos y fascinado contempla su silueta.  Cree estar soñando. Parece todo tan real.
La dama de silueta blanca, que resplandece como un ángel celestial, con voz bien timbrada, delicada y tierna que brota  como un susurro, emite su nombre:
—Juan, ¿que tal estás?
 —Con voz suave, cual balbuceo, le pudo contestar:
—Yo bien, pero... ¿Es verdad lo que estoy viendo?
—Sí, sí, es verdad —le responde.
—No es posible —le interpela—. Tú te fuiste. Nos dejaste. Estás en la otra vida. Esto no puede ser verdad.
—Es cierto. Tú lo has dicho: Estoy en otra vida, pero mi alma no puede descansar  No logro, alcanzar la felicidad —confiesa.
—Yo no lo puedo entender —le insinúa él.
—Es muy fácil de explicar. Me fui precipitadamente, esa es la verdad, dejando mucho detrás de mí, de ese mundo que a ti te rodea. No pude elegir. Pero desde esta dimensión en la que existo, sí que puedo contemplar aquello que me mantenía viva, aquello por lo que luchar. Y veo con tristeza y siento una pena muy grande, que aquel que quise y quiero, me está defraudando, no quiere vivir. Si yo fui vida para él, lo quiero vivo y feliz.
O, ¿acaso no estoy yo con él? ¿Sus hijos no son los míos? Sus nietos ¿no son míos como de él?, nietos que quieren vivir, como así lo quiero yo.
La dama le confiesa también. Que su decaimiento y su pesar no la dejan vivir en esta nueva vida que le han dado.
—Mi espíritu vaga por la eternidad no encuentra el lugar que necesita. No alcanzo la calma deseada.
Dile, que el reposo que solicito solo él me lo puede dar.
Quiero que viva, que sea feliz.
Que se mire en sus hijos. Que se mire en sus nietos y que me vea a mí a través de ellos.
Te voy a decir una cosa Juan, yo también quiero seguir existiendo, mi espíritu necesita reposar, no puedo seguir errando eternamente, necesito el sosiego que él me puede dar.
Espero que tú me ayudes. Eres mi última esperanza.
Entre sollozos y lágrimas que brotan como torrentes de unos ojos negros y brillantes sin que desaparezca la luminosidad que fluye de su semblante, a Juan, la visión de ella, le apacigua en lo más profundo de su alma, sumida en algo imaginario, que aunque sabía que no podía ser real, tenía que tenerlo en cuenta.

Como un zumbido resuenan sus palabras en su cerebro. Su figura se diluye como el hielo, su imagen serena resplandecida se difumina ante sus ojos. Soy un mortal, —repite Juan.
Dirige sus pasos con la inquietud que le ha proporcionado esta hermosa visión, que no le dejó indiferente. La pena le oprime el alma, le acongoja en su interior. Juan siente el dolor dentro de su ser después de desprenderse de su ego, de ese hombre viejo que llevaba dentro, muy adentro de su ser. Puso sus miserias al desnudo, se vio en la necesidad de asumir que él también formaba parte de sus vidas y compartió con ella su pena y su tristeza, debía implicarse, tratar de ayudarles, no podía quedar impasible ante tanto dolor.
 Volviendo la vista a la piscina de agua verde, por la que asoman las cabezas las ranas que se han zambullido en ella, vuelve acongojado sobre sus pasos y se introduce en el interior de su automóvil. Mete la llave en la cerradura de su vehículo y la gira lentamente con el pensamiento puesto en lo que acaba de suceder. Arranca el motor de su coche que mansamente se pone en marcha. Mientras se aleja mira con tristeza por el espejo del retrovisor, por el que todavía puede vislumbrar su silueta que se desvanece, llevándose en la retina de sus ojos el recuerdo de una mujer que sufre, que no descansa en paz.
            Juan sabe que tiene que hacer realidad los deseos de la dama, encontrar a Miguel, su esposo, y transmitirle este mensaje.

Como un furtivo, ella se introdujo en nuestras vidas, para que tú le des una respuesta a aquella que quisiste y quieres. Que desde esta otra existencia, otra dimensión, ella pueda descansar en paz, sabiendo que ‘tú quieres vivir’ y ‘puedes hacerlo’ compartiendo con los que te quieren y con aquella que quisiste y quieres.
Desde el Cielo ella ‘te lo pide’, ‘te lo exige’, ‘no la defraudes’, ‘ayúdala’. Ella quiere que tú seas feliz.
No te derrumbes, ‘levanta tu espíritu’, ‘lucha por ella’, como lo hacen los hombres que están vivos, ‘viviendo’, ‘luchando’ a pesar de la adversidad y de la pena que te embarga, del desconsuelo y la tristeza. Siempre existe un lugar para la esperanza, para el desahogo, para poder apaciguar el dolor. Piensa, en que ella te necesita aquí en la tierra, a través de los que te quieren y te rodean. Ella así lo espera.

Quiere verte feliz con aquello que ella te dejó, con esos vástagos que vosotros moldeasteis como tallos jugosos que os han proporcionado retoños sabrosos de los que hoy puedes disfrutar. Retoños fruto de ese amor eterno que cubría vuestra vida, amor que mantienes perenne desde los albores de tu juventud.
La muerte es un mito. Nadie muere de verdad. Quedan los recuerdos, nos queda su legado que siempre esta con nosotros, en nuestro pensamiento, en nuestro recuerdo y, pensando que un día os volveréis a encontrar.
           
Juan llega finalmente a su destino:
—Miguel, como puedes comprobar, sigues en mis recuerdos. Os tengo presente a los dos, dejasteis huella en nosotros y necesitamos recordar esos bellos ratos que pasamos en vuestra compañía, aquella que nos hace revivir vuestra presencia para seguir viviendo.
El hombre para estar vivo necesita de los sueños y los recuerdos que afloran como el chasquido del látigo fustigando nuestra añorada niñez, de la cual nos alimentamos y nos nutrimos el alma, para poder seguir caminando por senderos estrechos y callejones oscuros, llenos de barro hasta las rodillas y poder salir de ellos.
Tu dolor es difícil de asimilar, es sólo tuyo, pero todos compartimos tu profundo desaliento y te animamos a vivir con su recuerdo y con los que te queremos y pensamos que estás obligado a seguir viviendo. Hazlo por ella. Se lo debes. Ella lo necesita tanto como tú. Estamos seguros de que estará orgullosa de tu proceder.
Nosotros también nos sentimos a veces muy solos… muy solos…, porque mucho de lo que más anhelamos nunca lo podremos alcanzar. Tenemos familia, hijos, nietos…, pero nos sentimos prisioneros en un mundo que no es el nuestro. Cultura, tierra, hombres… Siempre soñamos con volver a nuestros campos, con nuestra gente y nuestra cultura. Como ves nosotros también tenemos penas, que superamos con los nuestros y sobre todo pudiendo compartir nuestra existencia con la ‘dama’ sagrada de la ‘poesía’, aquella que llena de contenido nuestra subsistencia, si no, estaríamos muerto de por vida.

Estamos seguros que habrá muchos Antonios, Pedros y Pacos, como Lauras, Mercedes o Marías, que pasaron y pasaran por traumas comunes y dolorosos. Así es la vida. Somos prisioneros del mundo que nos han dado, del que hemos creado. Pero por encima de todas las miserias humanas, está ese Dios que nos adora, que nos hizo libres y que por él sabemos lo que implica la libertad.
Ser libre involucra aceptar lo que Dios o el destino nos depare y respetando a aquellos y aquello que nos rodea. Estamos obligados a vivir para los demás, con todos los que conviven con nosotros, amándolos con el corazón aunque lo tengas partido en mil pedazos. La lucha por la vida acabará cuando ésta se nos agote, cuando tornemos a la tierra a la que pertenecemos, de la que brotamos.
Por ello, Juan le insiste y le apremia a salir de ese hoyo, boquete, hundimiento, depresión… en la que se halla. “Estas obligado a vivir, a seguir viviendo para ella y por ella” —le insiste—. “La vida es lozana y bella” —le sugiere.
Miguel entorna los párpados, dando un pequeño impulso, se levanta de la silla en la que ha mantenido la conversación con Juan. Dirige sus pasos lentos e imprecisos hacia un sofá que se halla en un rincón del salón para dejar caer su cuerpo rendido y cabizbajo. Con la mirada perdida y llena de tristeza, levanta la vista y contempla un cuadro con la figura de su amada, el cuál, supone para él todo su recuerdo y todo por lo que vivir echándose la culpa por la pérdida de la mujer que le mira con sonrisa cariñosa y grata.
Mientras que Juan se encamina vacilante, sumido en la preocupación hacia la puerta de la casa, posando su mano suavemente sobre la manilla para salir. Cierra la puerta mansamente, con la pena que le embarga por dejar a un hombre con el corazón roto y lleno de dolor, que no consigue asimilar lo que la vida le ha deparado, la perdida de un ser querido arrancado por la muerte, muerte que se cruzó irremisiblemente y de improviso en su camino.

Mi caminar es lento y mi mente flota sobre el firmamento. En mi deambular por la ciudad me dirijo a la plaza de la Palma. Me siento triste y pensativo, contemplando las palomas que merodean a mi alrededor mientras suenan las campanas del reloj de la Iglesia de la Palma, cuyo relojero brilla con luz propia, sintiendo el orgullo sano y conciso, alegría infinita provoca sus latidos, pues han sido manos delicadas las que con su arte han hecho posible, devolver la vida a reliquia del pasado con sabiduría y destreza, amor y mucha maestría la que brota de sus manos limpias como el agua de su río por la miel que de él fluía… 
Antonio Molina Medina