OSCURIDAD

Molino El Águila (río de la Miel)



El cielo estaba tupido,
repleto de manto negror,
era la plena oscuridad.
Mi vida estaba inmersa en un pozo sin fondo
hundiéndome sin visos de desandar
el camino emprendido,
cada vez más profundo y sin salida.
Todo lo que me rodeaba era ficticio, falaz,
vivía una vida superflua, acelerada, vacía, sin rumbo,
en la completa penumbra.

Pero el cielo se despedazó en mil fragmentos
y un rayo de luz salpicó mi rostro
cegándome su luminosidad y deslumbrando mi mirada,
mi cuerpo se desploma cual saco sin sueño
que pueda aportar a mi alma ociosa, indolente, vacía.
Pero llegaste tú, ángel milagroso,
con tu compresión, tu atención
y tu saber escuchar mis precarias palabras  
que llegaron a tus oídos con profunda erudición.

Con bondad y cariño me sacaste del pozo.
Quizás sin tú saberlo, sin tú darte cuenta,
me llevaste a la senda que no debí dejar
o que no supe encontrar.
Fuiste un rayo de esperanza
que iluminó mi alma cuando más lo necesitaba.
Estaba perdido y me encontré conmigo.
Estaba solo y salí de mi soledad.                                         
Había otra vida que ya no divisaba.
Es verdad…, el camino es tortuoso y difícil,
bronco, pedregoso y enfangado,
atrapándote el lodo cenagoso en el caminar.
Pero siempre hay un amigo
que te saca del lodazal con amor y comprensión,
que con su aliento te atrapa,
se introduce en las entrañas
y te hace ver que hay otra vida, otro mundo,
espléndido cielo, de verdes praderas,
de animales briosos brincando y retozando.

Gracias amiga poesía por tu generosa ayuda
que en su día gustosa me diste ‘amistad’,
sin pedir nada a cambio
que yo con agrado
te pudiese ofrecer.
Antonio M. Medina

FELICES FIESTAS A TRAVES DE LAS MANOS DE JOSÉ SANCHEZ, QUE NOS TRASPORTA LA MAGIA DE SU ALMA INIGUALABLE


José Sanchez
Va por usted maestro y nuestra hada madrina.



















Hay cosas inexplicables
que no se pueden soñar
pero lo tuyo  es de libro,
de libro de antigüedad.

Llenito de finas conchas y
de suaves pergaminos
de sueños llenos de dedos
punteando por lo fino.

El corazón en tus yemas,
de poder incalculable,
madera color jerez con
bellas joyas de cáliz
salpican felicidad, un
reguero inabarcable.

Resuenan en mis sentidos
embadurnadas del aire
que a la rueca rueca giran
con bordones como nadie.

Guitarra sueños de gloria
de mis lamentos caudales,
que trasportan lozanía
de cantos espirituales.

Sueños de hada, reinos
gnomos, extremeño y andalúz
que unen su mano y comparten
con la norteña moruna
notas de libertad y aire.

Aire, aire, cante y aire.

Antonio M. Medina

Daniela Bartolomé Moro- su autora

NAVIDAD


Y la nieve cubria la Ciudad (Orduña)



Anoche divisé un lucero
En lo profundo del cielo
Me deslumbró su destello.
Me llenó de gozo de
su sentir muy sincero
Me sonreía en mi dicha
Guiñando su ojo izquierdo
Le susurraba en silencio
Lo mucho que yo lo quiero
De su boca una sonrisa
Mientras sus ojos claros
Brotaban cual llamaradas
Lirios, rosas... mi consuelo.
Antonio M. Medina



FELICIDAD A TOPE




DONDE ESTABAS (DUENDE)

Que tristeza que las raíces de tu amor
no brotaran lacerándome cuando fuiste niña.
Cuando tu corazón se formaba palpitando
con furia por ensanchar tu pecho.

El destino a veces es caprichoso
para unir sin fisuras a los seres vivos
si hubiese aparecido en otro tiempo
sintiendo este amor que no he vivido.

Sabiendo que las rosas son bellas, pero con espinas
junto a las amapolas, margaritas… y los olores
que me incitan, los que surgen de la fuente del
querer y que manan de la furia de tu vida.

Solo te diré que con rozar tu juventud primera
has abierto una herida por la que me he podido
introducir profundizando en mi corazón
para que desaparezcan sus fisuras.

Te doy las ¡Gracias!, por tu compañía
tu sobriedad y tu dulzura, que no quiero ni podré
olvidar nunca, mujer de corazón pequeño
que late con furia, en cuerpo de roble y encina.
Antonio M. Medina

NAVIDADES DEL ÉXODO

Romilla, (Chauchina- Granada)1966


 
A través del tiempo transcurrido
los individuos se recogen, se aglutinan
para sentir el calos de sus cuerpos
en su desconsuelo de familias rotas,
esparcidas, pisando otros suelos, otras latitudes
otros hemisferios.

Llegaban los años, pisando los cuerpos,
brillaban las botas, crujían los cueros
obligados a vivir, a subsistir,
en su propio destierro, pero les unía
lo humano que brotaba de ellos.
Conglomerado de familias que soñaban juntas
en días señalados, pensando en los suyos,
luchando por ellos. Reían, lloraban, amaban en silencio
todo era ternura en sus pensamientos,
su humanismo, se les sentía por dentro.

Despedían el año como un solo cuerpo.
Se juntaban todos alrededor del viento
les limpiaba, de impureza y cieno
soplo diluido al paso del tiempo.
Generaciones nuevas. Otros sentimientos.
Embrutecidos ya no piensan por ellos.
Quedan en olvido aquellos años duros.
Aquellos años tiernos, desdichas, miserias,
tiranía impuesta y el hambre en el cuerpo.
Hambre de saber. Hambre de reír. Hambre de llorar,
por no poder hacer, los sueños realidad.

Navidades últimas, como una quimera,
de seres olvidados, de cualquier manera.
Mesas suculentas de seres que querían,
que te hacían querer, que te mantenían
fuera de su tiempo, de preocupaciones,
que te hacían reír, llorar y vivir
y poder soñar, lo bueno de la vida
gozando con ellos.

También te ofrecían, sabrosos manjares
que en humilde mesa ellos te apostaban
absortos veíamos sus manos mañosas
¡cómo moldeaban! ¡Cómo torneaban!
Pestiños, rosquillas, tortas de maíz,
la rica compota, la tierna batata, las papas asadas,
algún que otro pollo…, humildes pescados
se dejaban caer en mágicos días
junto a los productos que el campo producía.

Pero en esas mesas también había risa,
con sus chirigotas, canciones al niño y
a su tierno mundo, a su roja sangre, a todo lo suyo,
recordando la tierra, de la que procedían.

Dejaron su sangre, sus cuerpos sin tierra,
sus vidas ya rotas llenas de miseria, la ilusión,
el miedo, su propia existencia, buscando una vida
un techo donde cobijarse y poblar la tierra.
De ellos aprendimos, la ilusión el miedo
también por lo que les hicieron el perdón.
Amaron de veras, nos hicieron amar
aunque sea a la fuerza un nuestro trasnochar.

Su entrega fue limpia, limpio nuestra corteza,
nos limpio por dentro, nos marco las horas del viejo
reloj que no se detiene, él es quien indica,
que estamos de paso, que somos de tierra,
junto a su ganado que obligados estamos
a coger sus riendas para traspasarlo a la descendencia
lo mismo que ellos con pocos recurso
nos legaron, la vida ya hecha.

Estamos obligados, a mantener su sombra,
a recordar sus vidas, a mantener haciendas
las de la cultura, sueños y leyendas.
Las hadas, los gnomos y seguir los sueños
que ellos no alcanzaron, pero si lograron con
mucha paciencia, eslabones de oro,
que unen la cadena de nuestra existencia.
 Antonio Molina Medina

LA VIDA



















Nunca se mueren los muertos en mi vida,
siempre los mantengo vivos en el pensamiento
añorando sus vidas, perdurable señuelo,
sintiendo el calor que provocan sus sueños.
Mis muertos nunca dejaron de importarme,
siempre estarán en mi regazo, en mi recuerdo,
compartiendo con ellos desdichas, alegrías y miedos
de un tiempo postrero que olvidar no quiero.
Ya que resulta que están vivos
entre nosotros los siento,
se habla tanto de ellos
que no borramos su recuerdo.

Blas de Otero, ‘La Figuera’, Federico…,
no están muertos, están vivos
y siguen diciendo: pido la paz y la palabra,
la exijo por derecho.
Limpiemos nuestras manos
y caminemos con aquellos
que nos marcaron su tiempo.

No están muertos,
junto a los seres queridos
que tanto amamos, que tanto queremos,
que mantenemos su recuerdo en sus versos
que no quedan en el olvido.
Que atrapados en el tiempo
no los podemos dejar morir
porque viven con nosotros,
con su legado,
desde la eternidad y nuestro cielo.

No están olvidados
ni están muertos,
sino recordándonos
lo generosos que fueron.
 Antonio M. Medina

ERES EL PAN DE CADA DÍA


Río de la Miel (Algeciras)















Ayer pasé junto al río
y me susurraba el agua
que en medio de la corriente
flotaba una flor encantada.
Sus pétalos eran rocío,
su tallo con mucho brío
hace frente a la corriente,
su olor trastornaba,
su candor era de plata
porque con el oro
se forman corazones de plomo,
y de la plata brotan figuras,
caras, manos, ojos y aliento
que trasforman el aire, lo hacen
más calido y respirable.

I
Ayer pasé junto al río y me dijo la corriente
que una musa bien formada
interfiere muy prudente
en medio de las verdes aguas,
y que con su sola presencia
las aguas cambian de rumbo,
se cuelan por un venero
para caer por su inercia
y alimentar el molino
dando vida al molinero.

II
Ayer me senté a pensar
en la orillita del río
que tú te estabas bañando
devolviéndole a las aguas
la Miel que en su día tuvo.
La que brotaba de tus poros
como un fructífero acicate
de agua cristalina y pura
que devolviera la vida
que de él fluía,
dando sabor, vida y alegría.
Acercando a los niños
aquella sonrisa perdida,
la que de ellos brotaba
cuando cubrían sus cuerpos
con sus aguas limpias, frías y cristalinas
Antonio M. Medina