PALOMA HERIDA

Una paloma herida

se posó en una rama verde,

su tallo recién poblado,

briosas sus hojas emergen.



A su calor se ha acurrucado

para lamer sus heridas,

arrullándose con ellas,

protegiéndose de gentes y de la vida.

.

Repuesta y alimentada

remonta el vuelo dichosa

del chaparro aun desnudo

donde posó sigilosa.



Vuela gozosa en el aire

con el consuelo en su mente

de que el corcho aflorará

de su tronco aún caliente.



De su tronco brotará

la corteza necesaria

para proteger su cuerpo,

después de una puesta de sol

vendrá un amanecer celeste.

Antonio M. Medina


EL AMOR

HOJASENLATA

Y pedió con insistencia
que la muerte le acogiera
las ganas de vivir de esa manera,
y le quitara la vida así no era nada,
y la nada, era cualquiera.
 

Rompe de él, un hombre nuevo
saludando al que destierra
ella llegó de la sombra, le cambió las entretelas
llenó de sueños su vida de geranios, su despensa.
Lo que nunca llegó a concebir antes de ella.


Amor, un desconocido, no sabía
ni quien era, la nada nació en él
pero este amor que ha llegado arrancando el pasado
es el principio de todo, es rugido
de agua limpia que en prolongada cascada
hace que vivas y que sueñes con hadas.


Ahora sí ya lo conoce
Y no quiere que se muera.
Ni que nunca le abandone.
Con él se siente seguro.
Le da la vida y la calma.
Le ilusiona y le ama.
Le eleva al olimpo, envuelto en las plegarias,
por esa trocha pequeña hacia su alma.
 

De el crepúsculo hasta la alborada
Su oler era a muerte
hedor de sin vida,  hedor sin simiente
alma que ha cambiado,
el olor a rosa fecunda el ambiente
 

La vida se trasforma por momentos.
Y no quiere la muerte deseada.
Ahora está en el lado de la vida.
sereno la cargó en su alforja
la mira desde otra perspectiva.
Ya el amor, forma parte de cada rincón de su vida.


Toda la vida sin darse cuenta, buscando otra vida.
Por encontrarla sin llegar nunca a alcanzarla
el ocaso de su vida le ha regalado su encuentro
ese querer que él tanto añoraba.


No anhela joyas, tierras ni dinero,
tesoros dorados que nublen sus ojos,
querer esas caras sería volverse mendigo otra vez.
Amor, es tan necesario, regalo del cielo
que mueve la vida y nos humaniza
derriba murallas, te trae alegrías,
deja que otros vivan se sienten amados
la felicidad de un nuevo vivir.

Antonio M. Medina

INVITACIÓN



Un placer compartir la tarde con quienes querais acercaros ese día.

Daniela y Antonio

ZAGALA

Paseando por la orilla de aquel río
que yo amaba
me senté con complacencia
a contemplar sus orillas
y a entretenerme con sus aguas.

De ellas brotaba tu rostro,
vi esculpida tu cara,
tu sonrisa floreciente
y tus ojos negros, negros
que los devoraba el agua.

Seguí con tu mirar
manteniendo tu mirada
y vi reflejada en ella
la pureza de tu alma.

La corriente no lo mueve,
solo la zarandeaba,
los peces se alimentaban
bajo tu sombra zagala.

Llegó la noche en el río
y floreció la mañana,
seguí mirando a mi río
y tu sonrisa aún estaba.

Tu rostro y su negrura,
vida, de tus ojos emanaba,
brotándole la sonrisa
de lado a lado de tu cara.

Antonio M. Medina

RECOLECCIÓN

Hoy me he levantado me siento satisfecho,
concluida la noche me ha devuelto a la vida.
Estoy agradecido, puedo seguir viviendo,
respiro ilusiones, la alegría por dentro
de poder solazarme con mi poesía
que está en mis adentros, como fiel amiga.

Ella me comprende, me da su alegría,
sensación de llantos, junto a ríos de agua viva,
cielo desbordante, que hace bella la vida.
Ayer me levanté y saboreé la dicha con luz penetrante
por pequeñas grietas, las que por mi ventana
me cegaban la vista.

Ayer me levanté para saborear la vida,
pues hay mucho que plegar,
del campo hay que recoger.
Es grande la cosecha,
mucho que segar
y pocos los segadores
que se aventuren en ella.
Antonio M. Medina

LA CIUDAD

Orduña. Murallas de la Ciudad

La Ciudad silenciosa se apega a mi figura
como un lagarto a una pita,
buscando su jugoso frescor,
el de una edad placentera,
mientras resuena en mis oídos música
suave y deliciosa, dóciles notas
que sosiegan mi alma,
las que emergen de ella
en una mañana fría y altiva,
iluminada, rayos de sol
que me transforman, que me provocan.

Inmerso en un nuevo existir, un nuevo soñar
y un nuevo impulso para seguir luchando,
viviendo, compartiendo con el hombre,
con la tierra que me cobijó, con el recuerdo
grato y permanente de la que me vio nacer,
entre luces y sombras, sombras y luces
en mi existir.

Mientras el hombre nos sorprende cada día
con nuevas necesidades, afrontando nuevos retos,
nuevos campos, donde no le manipulen,
ni le agobien en su vivir.
El hombre no necesita ni que le guíen,
ni que le agobien o le manipulen,
ni recompensas en su vivir,
después de la libertad conseguida
tras una larga opresión que nos agobiaba
y nuestra existencia atormentaba.

Pero salen otros profetas, otros dioses, otros…
Pretenden quitárnosla con retóricas y cantos de sirena…
Valores que se inventan para llevarnos otra vez
con insistencia a otra esclavitud eterna
después de una tiranía impuesta,
de un orden establecido por la fuerza
a costa de sangre derramada
de aquellos que no tuvieron nada y de la nada se alimentan.

Pretenden engatusarnos con sus voces
para que volvamos a perder la libertad tan deseada
que muchos de los que lucharon por ella
ni siquiera lograron paladearla,
pero lucharon para que otros hoy la puedan disfrutar.

No conseguirán arrebatárnosla
los falsos profetas que brotan de nuevo aquí en la tierra
que sólo buscan llenar sus estómagos de buitres
a consta de seres que no tienen
en ella donde cobijarse,
tratando de manipular sus conciencias,
limpiando de ilusiones su cerebro y anular su inteligencia.
Antonio M. Medina 

SU CORAZÓN EN EL COBRE

Río de la Miel

El corazón late con fuerza inusitada.
Sus zumbidos me llenan de alegría.
Vuelvo a mis raíces.
Me vuelve la vida.
A mi tierra santa.
A mi tierra Virgen.
A mi tierra grata.
Que de niño un día
jugaba por prados fecundos,
colmados de agua clara.
Por gratas vaguadas,
montes y rivera de un hermoso río,
que un día no lejano se colaron vivos
dentro de mi alma, con ardor y sabia.

La vida es muy bella.
También muy amarga.
Compensada a veces,
pensando en la azada,
el trillo, el chozón, el arado, la buena cebada,
y también la trilla, que me acompañaba.
En fecunda vida,
junto a tallos bancos de verdes palmeras,
que el jugo sacaba sediento de ellas.

Años de vivencias, con mi alma blanca,
con mis ilusiones,
que no podré consumarlas.
La tristeza me embarga,
por tener corazón y también un alma
porque desde niño de ella me hablaban.
Antonio M. Medina