VIVIR

Hubo un tiempo en que llovían
grumos de barro que cubrían su cuerpo.
Lentos eran sus pies.
El barro acumulado
aminoraba sus pasos,
ahogado en su respirar
inmerso en su legado.
Las rosas rojas muy rojas
se cruzaron a su paso
y él se aferro a sus tallos.
Broto la sangre en sus manos
que él cubrió con llanto
masticando con la sangre
su orgulloso pasado.
Hoy lejano y conformado
mira el camino ya andado
y sonríe trasformado
dejando atrás sus miserias.
Que despegó desde el suelo
de ese cuerpo acomodado.
09/09/14

Antonio Molina Medina

A VECES

A veces… el viajar y viajar
a ninguna parte, te lleva de la mano
al precipicio de los sueños efímeros
que, inapelablemente se apoderan de ti,
incapaces de separarse de tu propio destino.
El volcán incandescente desliza su lava
por la ladera de tu cuerpo, desdiciendo
lo veraz en escoria del tiempo…
La luz de su ladera, masa incandescente
capaz de deformar acumulando
sentimientos… Quema su aliento…
Antonio Molina Medina

14/05/13

BASI y ORDUÑA


Ella fue mujer con arrojo, su figura apaciguaba las fieras.
Tenía madera de roble, mujer entregada a su corteza.
Cocinando y horneando el pan de cada día entre animales
caseros, lo mismo que unciendo los bueyes. Nunca se la
cayeron los anillos ni dejaba de dar de comer al ganado.
Era como un esbelto junco, que por mucho aire que hubiese
podía hasta con el de la injusticia. Era una mujer de su tierra.
Su cuerpo y su mente nunca temblaban, ni huía de nada
siempre dando la cara con sonrisa sagrada y su risa labriega.
Las gallinas la acorralaban pidiéndole su pitanza de trigo,
avena o maíz ‘hacinado’.
Su compañía era la fuerza que la naturaleza le daba. Nunca
su barco naufragaba. Generosa y fuerza labriega. Seres que
nos espoleaban y a ciegas seguíamos sus pasos, por su
aguerrida y sobria templanza que, enfrascada a los suyos en,
copiosa y tierna morada, dejaba cocer los sueños entre perolas
de ‘papas’, que alcanzaban a todos los que a ella se acercaban.
Su puerta de gruesa madera de dos hojas encajadas.
Era la puerta  de entrada a su cielo que se abría a bocanadas,
en que el consuelo se difundía de sus ojos, y con sus manos
expulsaba el infierno de nuestros cuerpos, ya que ella,
con su aliento, nos arropaba, limpiaba nuestro cuerpo y
dejaba su alma al descubierto. Alma que fluía a través
de su sonrisa, que flotaba siempre en su cara y la trasparentaba con su risa.
Noble corazón que hoy esparce sus aromas a través del
‘boyo’ que expande su helada pureza de la sierra Salvada sobre
la Ciudad que te amparo, aún lejos de las murallas y
sus almenas, pero cercana a la puerta que se abría a sus pasos.
Campesina aguerrida, sencilla, de mente fresca... Sana.
Hoy me enorgullezco de todo lo acaecido a tu lado
amparado de tu sombra, donde tantos, nos cobijamos…
Antonio Molina Medina
08/01/16


CLARIDAD

Haz de luz hendiendo en el aire
penetra en su cuerpo
da calor a su alma
previniéndola de las horas
míseras de su invierno.
Vive con su recuerdo.
Recuerdo que ya no olvida
ni olvidará jamás.
Estás en su pensamiento
con el sabor de sus aguas,
las que brotan de los ojos
que, aún saladas
se hacen dignas de beber
por la sed que hay en su alma.

Antonio Molina Medina

10/ 07/ 13

SUS OJOS

Deja que la luz alumbre mi cabaña;
que las nubes compartan
las sombras de mi casa;
que sus ojos miren
las pestañas de los míos,
y que la lumbre de su hoguera
caliente el corazón
repleto de esperanza,
que sueña con la luz
que sus ojos almacenan.
Y deja que su corazón resuene
repleto de sustancias,
para que me hagan galopar
por esas verdes campiñas
que diviso desde el alba.
23/06/16

Antonio Molina Medina

"Hasta ser beso y latido."

"Hasta ser beso y latido."
los que envuelven con su saliva
labios sellados de fuego.
Circulo ansiado y repleto,
de sueños que no nacieron.
De seres que custodiamos
Aquellos que, entre sus alas,
recorren campos añejos,
buscando la libertad
que encontró en el barbecho.
13/11/16

Antonio Molina Medina

CASI CUENTOS. CUENTOS CASI REALIDADES


III
Y cogiendo las tijeras podadora de rosas, de plantas, de rebrotes en su retoñar, se acercó hacia ella. Mientras un corazón latía sin frenar, fecundando el lugar. Ángeles y Querubines revolotean por su cuerpo… mientras Ninfa sigue en sus sueños, no crece en la maldad. Se enfada y llora, se entristece y sueña, ríe y se ríe… solo compatible con seres que no tienen negro el corazón.
Aun viviendo, en un mundo de Lobos, en una lobera, tiene corazón  revive sueños, se siente MUJER, es su condición.
En el fondo de su corazón su alma se encuentra instalada, como llama divina, con un amor puro que brotó de sus entrañas. Ella le acompaña, de noche y de día; ella es su consuelo en las noches negras, fría…, de sueños… sin sueños… que alejan… se alejan… se instalan para su consuelo. Por eso él la quiere, ella es la semilla que siembra en los campos de la POESÍA.

-¿Quién prohíbe la vida? Aunque este entre rejas, solitario y triste… Ella es pura vida. Limpieza, esperanza… Sustancia divina.
Sentada. Acurrucada, entre cuentos de hadas, con sus cuentos de niña encantada: nos balanceamos con  sus leyendas, de Hadas de Gnomos, de Duendes… recita sus versos… nuestros versos, sus cantos, sus rimas, con su voz tan clara, altiva… Ella es consecuente, le delata su cara…
A través del tiempo rodeada de niños, con sonrisa clara, les seguirá contando cuentos y leyendas, que calmen sus ansias la de ser mayores una edad que marca, que duele, que modera el tiempo, su tiempo de mujer alada, fuerte comedida, limpia como el agua que brota de la sierra, transparente, de mirada clara.
Desde la distancia. Desde otros mundos, él la contemplaba, la sigue soñando, ella es pura calma; la observara dichoso, se introducirá en sus cuentos, sus sueños… se aferrará a su aliento, a través del tiempo.

Y se encontró a Caperucita, por el centro del jardín, iba limpia y presurosa, brillaba como una rosa, se confundía su figura con las flores primorosas que le saludaban al pasar. Sus Hadas y él miedo no la confundían, y él se decía.- Pobre Lobo… la que te caerá encima, si es que apareces… será tu ruina, mejor no aparezcas porque ella es la lobería…
Y se acaba el cuento… los cuentes… de cuentos… sus cuentos, que (ya no son cuentos). Recoge el reloj en bolsa de acero se acercó al jardín y corto unas rosas, enterró el reloj y lo sembró con pétalos que brotaron de su cuerpo, y enterró con ellos, un ramo de versos, de hojas, de incienso… juntando su alma en su propio intento.
Antonio Molina Medina

26/02/16