SOLEDAD

Solitario y tardío busca ansiado su razón de vivir. Los sueños le aturdieron, y su envoltorio cubrió hasta su proceder.
Un rosario de auroras, de rosas, en su mano le perfora la piel. Sangre roja reproduce su herida cual fiel compañera que no supo curar. Le acompaña en su andar. Abandonó su cuerpo y se dejó sorprender sin causa y sin piedad. Larga fue su batalla. Persistente su lucha, que no termina mientras siga la siega y broten las semillas del trigo, la cebada, la avena sus hendijas. Ciclos de dualidades reverdecen su piel. La cruzada final lejana montería.
En una caja de cristal una llave refleja una diminuta puerta del corazón al mar. Aún conserva su habita pertrecha de ilusiones. La lluvia ya no cesa ni quiere naufragar. El carro con su cuerpo se aleja y se aleja… Él, la mira, los mira con mirada serena sin altivez, sin tardanza. Por el surco les lleva a su principio y final.
15/09/16
Antonio Molina Medina   


BESOS DADOS NO DADOS…

Recogiendo mis manos,
dedos temblorosos buscan tu
palma para besarte con fe.
Degusto tu calor con un beso
certero que mis labios ansían
cálidos y seguros al besar tu
plácida piel.

Por los poros de tu cuerpo
aflora el aire serrana.
Por la entrada de tu boca
mana el agua de tu río,
la sal de tus enaguas,
el jugo de tu sed,
el fuego de tu corazón, serrana.

Mis ojos se nublan tiernos y
Sentidos. Surtidor de brizos
los no consentidos,
los que vacilan al mirarte,
dejándose atrapar.
Coagulado. Desprotegido
me aferraba a tu mano,
cuyos dedos atrapo,
para llenar de saliva,
mi corazón que es de barro.
12/09/16

Antonio Molina Medina

CIRCULAN AIRES NUEVOS

Los cachalotes se desperezan cuando salen
de sus pequeños huecos entre la yerba,
y las hormigas se balancean en los columpios
entre el frondoso bosque de ramas de higueras.
La luz es más nítida debajo del mar de los abedules,
y la garganta de los asnos balan entre rebaños de ovejas.
Listo para salir de su cajón, el caballo salpica
su espuma a las rocas.
El calamar nos rocía de negro
en bicicleta por la carretera.
Los pájaros ríen a carcajadas jajaja…,
jugando con los niños en la sábana,
mientras la danza de los Maoríes
les adorna las plumas de sus alas.
Noche feliz la de los ciervos en 
su bosque encantado
de hadas, duendes, silfos, y gnomos 
ensimismados,
dónde todo es real a nuestros ojos.
La lunita se apacigua sin el sol que la entibie,
y saca pecho y se ríe je, je…, con su
negra melena al viento.
Los ojos de mi serrana se pliegan
lentamente entre pestañas al ritmo 
de pensamientos.
La campana tañe sonidos de gloria,
un canto que recogemos sin miedo.
La dicha de este camino
nos hace tocar los sueños.
08/09/16

Antonio Molina Medina

LIBERTAD

Deja que la luz alumbre mi cabaña;
que las nubes compartan
las sombras de mi casa;
que sus ojos miren
las pestañas de los míos,
y que la lumbre de su hoguera
caliente el corazón
repleto de esperanza,
que sueña con la luz
que sus ojos almacenan.
Y deja que su corazón resuene
repleto de sustancias,
para que me hagan galopar
por esas verdes campiñas
que diviso desde el alba.
Antonio Molina Medina

05/09/16

MUJER

Gracias por dejarme respirar el aire
que sueltan el agua de los manantiales,
que luego van a los río
de lágrimas interminables
para surcar los mares, los océanos,
y explotar sus olas contra las costas,
que agitadas se deslizan grácilmente
en la orilla de mi casa,
saboreando con placer su llegada
envuelto en la espuma de sus aguas.
03/09/16

Antonio Molina Medina

EL SILENCIO DE LA SIEGA

Caminaba por la estepa de Castilla y su nobleza, compartiendo mis pasos por las Trochas del río de la Miel de mi niñez. Entre animales de carga, bestias sumisas en las cuadras. Apareando monturas, serones para las aguas, trillos y mulas con las alforjas repletas.
Caminan los segadores. Siento sus pisadas y sigo por los suspiros del calor de la mañana que no envejecen ni mueren. Están presentes en mi alma. Sigo su rastro mañoso, que rozan vientos de espigas entre el trigo y la cebada y las campas de avena resurgida, se mecen en silencio arropando su cuerpo, dejando olores a incienso.



Con sus zahones, polainas, guantes de cuero para cubrir sus dedos del corte del hocino que taja su fina paja.  Los rayos de sol se expanden agresivos, cual candela que abre sus poros de piel y canela, mientras cubren sus cabezas con sombreros que avientan sus cerebros, Mientras, el calor libidinoso y cacofónico, golpea los rostros de ojos que miran.
Los niños se pliegan cantaros y botijos que insertan en la tierra, buscando el frescor que mana de ella o acarrean con  bestias pertrechados de serones de esparto o de tela para trasportar en cantaros de barro el líquido ansiado de las añejas fuentes que brotaban de la tierra.



Sonríen las hoces, entre los brazos que atrapan el cuerpo de sus cosechas. Son manos fieles y añosas que abrazan las fértiles mieses, dejando gavillas que, a su paso, dejan esperando la noche. La noche nochera, para que la fresca arrope con sus brazos las gavillas, amontonando sus frutos para el acarreo de bestias.
Mientras, la luna lunera alumbra los caminos y veredas, vadeando ríos, puentes y cunetas,  que cohabitan con seres que sonreían a pesar de sus miserias, mientras las reatas de animales, caballos y mulos, caminaban cargados sin prisa… sin miedos, llevando su carga al borde la Era. Dejando esparcidos los frutos del pan, dispuestos en círculo para trotar con los trillos a las primeras luces de la siempre ávida alborada, para despojar el trigo de la paja y dejarlo listo para la molienda en molinos de agua.
molinaantonio.com

31/08/16

TRANSITANDO POR LOS PÁRAMOS DE SINOVAS

Ya veis, el tiempo camina imparable por todo lo que nos rodea y se hace de agua, de viento, de fuego, cuando camino por Castilla. Los campos cargados de sueños, que, cuando los miras, se dejan mecer por la palma de mi mano que los mira y mima, que la recolección está al caer y se deja coger como el cervatillo al pezón de su madre empujando con la fuerza de su boca, precipitándose contra su cuerpo, alimentándose de ellos: de leche blanca y espesa de los animales que me contemplan; los que abundan por los prados de la vieja Castilla.

Cesaron los vientos, la estepa se recrea y sonríen los segadores al calor con sus nuevas cosechadoras. Rugen los motores y abanican sus cuchillas envolviendo las espigas, trillando sin pausa surcos de espesas espigas.


Hoy los animales caminan con ruedas. Rugen sus motores, filtrando por sus cuerpos los granos que surten la viejas espigas, las de todo tiempo, quizás de toda la vida, que depositan con fuerza tobos de sueños… de harina. Mientras, los veo acercarse ya que, cansado por el calor sin agua en este caso, yo los estaba buscando.
-¡Por favor!
-Un poco de agua, por favor, para este peregrino, que perdido por las mieses de trigo, cebada y avena, siguiendo el verde del rio, el maizal me sorprendió y las remolachas regaban con esa agua que arrancaban de su rio. Rio que lamia las espigas dejando surcos de pan coloreado y sencillo.


El botijo nos dijo adiós en una tarde de frio, el calor lo abandono entre las losas del puente, él se escondió ‘pa’ no verme, para que yo no lo viera al paso de la corriente. Mis pasos aceleran su caminar dejando atrás mucha parva. Sueños de ayer y de hoy. Cadenas que me atenazan, despojos de mi pasado; pasado que canta y habla sin sucumbir a sus años que la vida es un viene y pasa.


Las luces se alejan. La noche las engulle. Siguen los rugidos en el campo, cual pisadas de caballos y trillos. Se hace fuerte la tarde y la luz deja su paso a la noche, que descansa, mientras la luna nos alumbra y, con su sobra, por la noche me hace compañía, meciéndome en su cara, ya que hoy está muy llena y no puedo cabalgarla.
  
Me despierta la alborada con música  acoplada a los barrotes y ventanas. Se abre paso con  sus notas el piar con sus picos los pájaros que la aclaman.
28/07/16

Antonio Molina Medina