LA LUZ

¡Cuánta luz aflora esta mañana!
¡Cuántos sueños trasmite esta ventana!
¡Cuántos deseos de sentir lo que no ves!
¡Cuántos sudores caminar por los caminos
en tinieblas hasta el amanecer!
Pero lo sencillo es lo que más brilla,
y la luz que provocan tus renglones de
letras apergaminadas,
me llenan el corazón de sentimientos,
que, en cascada,
penetran  en mi alma
y salen a borbotones por mis dedos
que ya no pueden dejar de ser
el instrumento de mi corazón.
Aplacado de malos olores
respira y purifica la sangre de mis venas.

Antonio Molina Medina

VIVIR

Hubo un tiempo que llovía
grumos de barro
que cubría su cuerpo.
Lentos eran sus pasos;
el barro acumulado
aminoraba sus pies,
ahogado en su respirar
inmerso de su legado.
Las rosas rojas muy rojas
se cruzaron a su paso
y él se aferro a sus tallos.
Broto la sangre en sus manos
que él cubrió con tiritas
masticando con la sangre
su orgulloso pasado.
Hoy lejano y conformado
mira el camino ya andado
y sonríe trasformado
dejando atrás sus miserias
que desprendió desde el suelo
de un cuerpo acomodado.
Antonio Molina Medina

LA SANGRE MEZCLADA

Ya ves amiga María,
otra vez a dar la lata,
a comenzar... mejor dicho,
a seguir con las palabras que a borbotones
pululan por el aire; sólo tenemos que cogerlas
con las manos abiertas y
el corazón dejado de la mano.
Yo las he percibido por las costas de África,
dando voces y gritos, e impertérritas
acosaban a los que teníamos oídos
que el agua bañaban.


Antonio Molina Medina

Las dos orillas

Las dos orillas
Para el Padre Patera.

¡Qué hermosura de gitana!
¡Qué delicia de mujer!
Que finura tú has de ser,
ojos de limpia mirada.

Algeciras la ‘fermosa’,
la ilustre ciudad que fue.
A pesar de la distancia,
tus recuerdos y tu esencia,
siento dentro de mí;
se me han grabado en el alma.

Miro tus ríos y montes,
piratas contrabandistas
que cabalgan por tus tierras,
tus laderas y atalayas,
tus playas, tu litoral,
y a tus héroes, que un día
pasearon con sus gentes
por ventorrillos, calzadas,
por tus veredas y  plazas.

Ya se perciben tus playas
bajo el sol que nos aplana
de la alborada al ocaso,
esas montañas de África
irradiando en tu Bahía.

Y al otro lado del mar,
ese Estrecho y sus corrientes
que separan continentes
como el filo de una daga.

Tierra polvorienta y dura.
Tierra de amarga pobreza.
Gentes tristes, destrozadas,
que miran con añoranza
la franja que nos separa;
y creen ver el Edén,
y por lograrlo se juegan
la vida en sus aguas verdes,
por alcanzar nuestras playas.

Aguas teñidas de sangre.
Sangre teñida de agua.

Escapando a la miseria
buscan con fe y añoranza
un lugar donde existir
y soñar una vez más
de este lado de las agua.

Antonio Molina Medina


SENTIMIENTOS

"que acelera el pulso y los latidos del corazón,"
se trasforman en tañidos de campana cuyos sonidos se expanden por las tierras castellanas. La luz se suaviza y penetras en mi alma y se queda de piedra, entre la espesura verde, de tantas palabras, las que brotan de tu corazón que, encendido y brioso surte los campos de bellas imágenes…, son más que  palabras: son tus sentimientos que estaban entre el rojo del fuego; sus rescoldos queman y me hago leña, en medio de tu pradera y me hago humo para introducirme entre las nubes de tu cielo y ser tu sombra en el largo invierno.



Antonio Molina Medina

DE CUENTOS

Su casita era muy pequeñita, pequeñita.
Sus habitantes soñaban
chiquito en su pequeñez
con su casita al borde de las choperas
llenas de hojas del maestro de los libros.
A su sombra se sentían felices y seguros,
protegidos por los muros de la sabiduría.
Federico los protegía y,
bajo su generoso follaje,
reían, soñaban, amaban
la divina estela del saber.
Era el pan de su mesa cada día.

Antonio Molina Medina

RAYOS DE LUCES

Hoy he abierto la ventana y un rayo de luz ha penetrado con fuerza con los ojos diminutos desde los campos dorados, entre algarrobas y naranjas. Los limones me atrapaban. Su frescor, cual alferecía, me trasporta en volandas al cielo de Andalucía donde deposité mi alma, la que un día me dio mi ‘Mare’ por su casta y gallardía.
Nacer es necesario. Vivir es obligado. Y si nacemos y vivimos, nunca moriremos. Son las reglas de la vida. Sólo los sueños… son sueños y de ellos me alimento para seguir viviendo en este disfraz de vida.

Antonio Molina Medina


Cuando una luz te ciega de improviso y
unos ojos deslumbran sin piedad,
poco puedes hacer por evitarlos y
sólo te queda dejarlos marchar.
Poco importa volver  al olvido,
volver a las sombras,
dejarse envolver
de nuevo por la oscuridad
donde estaba instalada su alma.
La vida nos cambia y nos duele.
El amor está vedado para algunos seres
que tratan de salir del olvido y coger
con su fuerza la vara del carro,
de bueyes yunteros, y
al paso sencillo que un día vivió,
caminar con soltura llenándose
de barro las albarcas
aunque penetre el agua.
La vida sencilla es la más difícil de llevar.
Antonio Molina Medina