LA LUNA Y SU ALHAMBRA

Estos días la luna ha estado de parto.
Todos esperaban de ella el hijo soñado
Yo la miro y miraba, y la sentía tan cercana
que su sonrisa plateada
me trasporto hasta el Veleta
para bañarme en sus aguas
del brioso hielo, que
almacena sus montañas.

Montañas: unas de fuego. Otras de sombras.
Otras de amores incandescentes
que fluían por sus laderas y regaban la montaña.
Esa montaña tan añosa, del color de la esperanza,
donde soñaban los sueños y preñaban sus hamacas,
donde los cuentos de niños se colaban en mi alma.
Donde un día se durmió Washington y nos regalo
más sueños, de esa montaña sagrada
con sus cuentos de la Alhambra.
14/08/14
Antonio Molina Medina

Tú forma de ser…

“Tú forma de ser me ha salvado la vida.
Ha curado las heridas que desprende mi cuerpo.”
Su vida no era vida. Excrementos de deshechos
resbalaban los surcos trascurrían imprecisos
malgastando su vida. Nunca le ha habitado.
Ha intentado luchar en los frentes de viento.
Era su cometido. Eran el deber cumplido.
Culminando su tiempo se abrazo a la montaña
se fundió con ella y brotó de la roca, luz y estrella.
11/09/17

Antonio Molina Medina

NATURALEZA CORROMPIDA

Sois los verdugos de la nueva era… de la nueva Europa, de la más moderna. Y ya no os cubrís el rostro, sois los dueños de la materia, y de las leyes, y de las formas, y de los jueces, y de los ríos y de la mar, llena de cadáveres que se cuelan por ella. Porque cuando vestís las aguas de los mares de cuerpos y rostros, y de manos y piernas, y de cuerpos alegres que buscaban sueños de quitar el hambre y no morir en guerras que provocáis vosotros, con vuestras guerras.
Hoy ya no hay sangre en la  venas de los verdugos porque la perdieron en sus propias reyertas. Tratan de paliarlo rompiendo las venas de los que, apilados, se dejan su aire y sus sueños y se quedan con la nada y sin su propia existencia.
Los cuerpos que pueblan, mártires entre alambradas; seres que os estorban cual fantasmas, pueblan hoy esa Europa, repleta de campos y de muertos votantes de políticos sin pudor, ministros sin conciencias donde ya les sobran, hasta los ancianos que pueblan su Europa.
Reyes que gobiernan mientras son traidores a su propia gente a su propia tierra: envenenan el aire y todo lo que tocan; otros, que ya no gobiernan, se afanan con mentiras, traicionando a los suyos por unas monedas, corrompiendo la tierra que les da el sustento. Y los miran complacidos de sus grandes proezas y los países vecinos y los continentes sumisos, que dejan vacíos de hermosas cosechas.
Algunos cuchillos, los limpian de sangre. Sangre derramada en continuas guerras que dicen sagradas, en nombre de un dios que ofende a las almas. Lloran los fusiles, hoy queman sus bocas las balas. No silban, penetran en sus cuerpos con el hambre de Adán y su sangre se altera y los cuchillos gritan manchados de sangre - ¡basta ya! ¡Malditos humanos! - de chorros de sangre de seres que pueblan la tierra.
Pobre Europa siempre experimentó de alambradas y guerras, de muerte y violencia. Estas hasta el cuello de sangre… y de cuerpos que vagan por ella, y de cuerpos que se ahogan entre aguas y pobreza… Mientras, el verdugo sigue recolectando su joven cosecha. Y la muerte se hace materia sin sangre ni gloria; entretanto, los patíbulos descansan y miran, observan la nada que adornan las horcas. Y los poderosos corrompen el aire y la mar y la tierra, y las casas de las aldeas, y devastan las razas y acaban con ellas.
Los seres humanos, bostezan y caminan como auténticos parásitos, rebuscan caminos, que antes fueron veredas, para subsistir con las migajas que posan en ellas, aplaudiendo a la nada por la que caminan… caminamos sin la nada en nuestra conciencia.
 06/09/17
Antonio Molina Medina


Buenos días Amigos.

Después de unos pocos días en el SUR en compañía de mi gente guapa, en los lugres de mi niñez, pude seguir gozando y limpiando mi mente del laberinto de la ciudad que cada día se me hace más pesada.
El sol trasponía por la sierra y, sin pensarlo..., sin decir nada a nadie, me encamine río  arriba por senderos escabrosos, buscando un remanso de paz aún más evidente que la que me rodeaba. La buscaba a ella, y me pareció más bella que nunca. Su golpe de agua me trasladaba a los años de mi infancia cuando acompañaba a los cabreros por la sierra virgen, y mojaba mi cuerpo en ella, en sus frías aguas. Fue una tarde mágica.
Cuando regresé y conté mi pequeña hazaña..., me decían:
-¡Pero chiquillo...! ¿Y se te hubiese pasado algo? Sin ayuda de nadie...
Yo sonreía... solo sonreía y de mi interior solo fluían estas palabras:
-Qué más quisiera yo que quedarme a reposar para la eternidad con tan buena compañía, y mi cuerpo fuese el alimento de los buitres que volaban por los lugares. Hermoso final de una vida sirviendo de comida a los animales de la alta montaña.


La Chorrera
Caminaba entre raíces y hojarascas.
Entre moles de piedras milenarias.
Buscaba su amada, con ella soñaba.
Y se la encontró, preñada de agua.
Él lavo su cuerpo, sus manos y su cara.
Ella sonreía, cubriéndolo con su agua.
04/09/17

Antonio Molina Medina

RECUERDOS DE LA NIÑEZ

Cuando correteábamos los campos
acudíamos a las fuentes
con cantaros a nuestros hombros
para reponer las tinajas y
botijos para el campo.
Compartíamos el pan
¡Y nunca estuvimos hartos!
Éramos constructores de
puentes y de caminos.
Con las sobras de las fuentes
formábamos grandes presas
que sorprendían a los vecinos.
Y retozábamos en los prados.
Jugábamos a ser mayores y
nos mirábamos como hermanos,
a los animales cuidábamos.
Y bebían en los ríos y
a, paso lento, volvíamos
con ellos al caserío.
Recogíamos las trampas
 con algún gorrioncillo
que ayudaba a los padres
ante tanto mal parido.
Saltábamos a la comba,
al volteo de las tabas;
al juego de la pelota:
con un manojo de trapos
corríamos sobre ella.
A los cromos y al gambocho,
a la cuerda en la plazuela,
al chorro-morro y a espadas
y al juego de la rana
por detrás las estajeras.
31/08/17

Antonio Molina Medina

CORAZÓN

Y el corazón ensartado con agujas
de seda hilvanadas, con la cera de abejas,
con la luz que desprende los
silencios acuáticos.
Los astros se reflejan en el propio llanto.
Mientras el sol alumbre y la rosa florezca
el olor de sus pétalos le enturbien la mente
y le haga su fiel compañero.
Nunca se cosera la boca
ni los trapos añosos que cubren su figura,
dejaran de sufrir aunque sea
entre luces, compartiendo la fuente
de agua limpia y trasparente.
17/09/14

Antonio Molina Medina

DESDE SU LIBERTAD ENCONTRADA

Volví a mi sombra,
la que me protegía, en mis noches de estrellas
que afrontó mi cuerpo, del rocío que
mojaba mi conciencia entre olivares y hienas.

Sombra mía de antigua figura, cuando las
ortigas enarbolaban sus finas y plisadas hojas
cual alimento para la gallinas y pavos y crías.
Sombra antigua, la que nos dejó entre reatas
de hormigas en días de luto, días de sequía,
que todos tememos. Hoy la buscamos
como un salvavidas, donde las aguas solo
acaparan su figura, mientras la sangre de
un niño se desliza junto a la suya, sus ojos
se encuentran y su figura se ensalza y se
quiebra entre regueros de hormigas voladoras,
capaces de salir de la nada, por todas las rendijas.

¡Ay, mundo! que vives sin sueños, sin voces
que tiemblen por el pavimento, donde las palabras
buscan libertad, en los rincones olvidados de
su invierno, escondrijos relegados. Sombras que
supuran descubriendo su cuerpo, entre los cartones
y polvos de olores su cuerpo.

Hoy ríe con ganas y bosteza nauseas de brea
que dejo atrás su cuerpo, porque se siente libre
con los niños que llevamos dentro, jugando
en la parva, como una hoja en el viento.
Porque yo no soy nada, solo escribo palabras
rellenando los surcos del arado que aprieta mi mano,
donde el hombre se expresa y calla sin aliento.


Llegue con cautela al otro lado de la valla
al llegar a su invierno y sentí las punzadas
de mi tiempo postrero, que se aferra a mi alma.

Triste momento que, como un lamento mi nombre
se me escapa de dentro: ¡ Antonio Molina Medina
de la vega de Granada! implicado entre voces de
muertos que me reclaman  palabras, depositando
los versos que derrama mi alma.

Muy cerca de mi rio, de los ríos que circulan por
mi alma, donde lo humano se precipita sin salario
pero con el azul de su mirada, cual briosos destellos
que el viento ataja, para mezclarlos con las hojas
de sus lágrimas.

Palabras puras. Impuras palabras, pero con alma.
Folios despedazados mezclados con sangre y agua,
la sangre derramada entre tenue luz y cal viva
donde se mezcla el amor, la esperanza y la nada.
Yo no soy nada, ni la nada me ampara, solo la
libertad será hoy mi amada, su voz frente a
las alambradas. De la farsa de voces que hablan,
son solo palabras, mentiras que dicen,
donde las horas se pasean por el tiempo y la luna
nos castiga con su sabia, entre relojes de arena y palma.

Como gallo sin cresta, entre voces y sombras
se repite el pasado.¡ No hay lugar a la esperanza!
Sin recuerdos ni agravios, sin sabores a alcobas
donde fluía la sangre peregrina y fecunda que
nos robaron, sin noches de gloria, sin templanza.
Los pupitres se llenan de turbaciones y los hombres
se mecen entre las brasas, buscando los caballos
que relinchan retumbando por el pavimento
sus fieras pisadas. Pisadas de niños que gritan ¡reclaman!…
Muy cerca de su alcoba buscan su agonía, agonía… agonía.
Entre el equilibrio que encontró en la pradera
oculta entre sombras que abrevaron su alma.

Reptiles amaestrados recorren las ciudades.
Las hormigas se agitan en las madrigueras
y las cucarachas se descarrían por las baldosas
de la cocina; los rompientes de la mar se acercan
envueltas en saliva y las ratas se afanan
en acicalar las alcantarillas. Cercados, los hombres
se agigantan y se pliegan unidos, fabricando
el barro y la masilla, moldeando cuerpos
que reman la noche, mientras las sombras, su sombra,
corren y corren… buscando asfixiadas su salida.
10/12/16

Antonio Molina Medina