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| Viñedos de la Pedanía de Sinovas. Aranda de Duero. Castilla y León |
Bienvenido a mi Blog. "¿Para qué se escribe? Se escribe lo mejor que se puede, eso que bulle en la cabeza, en el alma, sobre el papel, y lo escrito hallará su público: una comunidad de lengua y de cultura. Reconozcamos que esa comunidad se había restringido para el artista “moderno”, y la primera reconciliación se redondeó gracias a Federico García Lorca. ¿Por qué su poesía descansaba en una tradición popular?" Jorge Guillén.
HAMBRE MÍA
LA VIDA
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| La muy noble y leal ciudad de Orduña-Bizkaia- Primer asentamiento. |
“Haciendo
de la vida”
Una
realidad vivida o, un sueño que se reactiva
Y
se pone al servicio de seres que, con sus latidos,
Se
llenan de contenido, y, los años que ha vivido
Siguen
el jolgorio de su tiempo, tan poderoso
Y
tan cierto que sólo con la palabra… se fortalece
La
simiente, la que esparce sobre esos campos
Esos
sueños que hoy se aúpan para contener
Tus
plegarias y lograr encontrar entre tus ojos,
Entre
ese reguero de letras… para sentirte en-colmada
De
versos, los que brotan de la tierra enamorada.
Antonio
Molina Medina
26/04/18
UNA TARDE CON VIRGILIO EN SU BODEGA
| Virgilio... Pedanía de Sinovas... Aranda de Duero... Castilla y León. |
-¡Buenas tardes! -
Le digo.
-¡Muy buenas! - Me contesta.
- Aquí, tomando un refrigerio...
¡Siéntate, siéntate, que te vas a tomar un vino conmigo! -Coge una copa de la balda.
- Me indicaba.
-¡Hala! ¡Échate de la botella
que está en la mesa! - Me dice.
Relleno la copa de vino
tinto de su bodega y lo cato. Y le digo: "¡está bueno amigo… !". Y, de
improviso, me dice:
- ¡No bebas más! ¡Tira
ese vino! Y me repite ¡tira ese vino…!
Y se da la vuelta, y baja
por las escaleras a su bodega para aparecer con una nueva botella entre sus fornidas
manos. La descorcha con su maestría y coloca el corcho a su lado, y se aferra a
su vidrio y deja caer el caldo en mi copa y en la suya y me dice:
- Prueba este vino.
Yo observo su rostro y cómo echa el vino en la copa. Una franca sonrisa cruza su cara, y sus ojos son un relámpago de sueños, cual maestro de ceremonias y me dice:

Pedanía de Sinovas... Aranda de Duero... Castilla y León.
- ¡ Hala, echa un trago
de este vino, que es de la nueva cosecha!
- ¡Este vino te ha salido
este año muy bueno! Y mira que yo soy un profano en esta materia... ¡Has logrado
un buen caldo!. - le insisto. Y me dice:
- ¿A que está rico?
La verdad - le digo - es que, con el primer sorbo, sientes en el paladar una sensación a tierra y viñedo, a sarmiento y campo, como cuando caminas por las viñas y tus pies se adentran en la fina y curtida tierra, donde la pureza se extiende hasta los pinares de la Pedanía, y sus raíces se comunicasen con las de los viñedos.
Quizá
fuese la ebriedad que, a veces, nos hace ver doble y las viñas nos sonríen en
esa aventura, caminando por ellas, Sintiendo esos rayos del sol que hacen que
los racimos sean como adornos a sus ojos, y el ramaje de su tronco... que hace
que, por cada vaso de caldo que degustamos, nos produzca una sensación de balanceo
en el cuerpo, aportándonos esa claridad y esa nostalgia al dejar esos campos,
esos viñedos donde aún relucen sus pasos y su sombra... y veo sus manos cortando
los racimos que adornan su cuerpo.

Virgilio y Antonio... Pedanía de Sinovas... Aranda de Duero... Castilla y León.
Y oigo su voz como un susurro:
-
¡Espera no te marches! Vamos a picar algo que he traído de casa, que este vino bien
lo merece. - Me señalaba sacando un trozo de chorizo y, de una
tartera que abría muy despacio donde las guardaba, unas rodajas de pescado en
salsa. Comenzamos, entre charlas y palabras, a degustar los alimentos y,
de vez en cuando, un buen trago de ese caldo aromático que se deja beber se adentra
en nuestro cuerpo a través del paladar que nuestro estomago lo agradece. Seguimos
con nuestra pausada charla mientras el líquido de la botella comienza a
descender ante las acometidas que le damos.
Las
manos del anfitrión, nunca están calladas y con una navajilla, y el corcho de
la botella entre las manos va cortándolo a su alrededor para poder introducirlo
en la boca de su botella y proteger su sobrante.
Entre la palabrería y los chascarrillos el tiempo se nos echa encima y la noche nos acecha y suena su voz amena y fuerte.
| Pedanía de Sinovas... Aranda de Duero... Castilla y León. |

Pedanía de Sinovas... Aranda de Duero... Castilla y León.
Arranca
la furgoneta y conecta la música con canciones de la tierra castellana mientras
nos acercamos a la pedanía por los caminos antiguos de mulos y caballos hoy de
tractores con remolque, lentos como los antiguos. Le miro y le observo que su
sombra es ancha como su alma y Virgilio se aleja entre la bruma de su noche… Y
hoy sus veredas repiquetean entre las nubes de la Pedanía, vigilando los pasos ¡quizás
mis pasos! Por donde él caminaba, de noche y de día.
9.02.20
Antonio
Molina Medina
CASERIO
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| Caserío de Orduña. Bizkaia |
Los carros sedientos de mieses se acercan a los páramos, donde los mares de espigas el viento mece. Y los dora el sol que, complacido, se aferra a las espigas dejando los surcos repletos de vida y de sueños. La afilada cuchilla se extiende en las mieses, cortando sus menudos cuerpos que, amontonados por brazos y piernas, se dejan engavillar para su transporte.
Caminan en silencio, con su yugo a cuestas, animales que tiran del viejo carro para sustentar el veterano caserío, a la sombra de su ciudad.
El monte de grano y paja se doma ante las máquinas mientras el aldeano y sus acompañantes, con un pañuelo que cubre sus rostro: nariz y boca, acompañan con las horcas, arrojando la parva al viejo camarote para su guardar. Los tubos salpican la paja y los braceros, con sus horcas, lo lanzan y amontonan al fondo del pajar. La máquina resuena en el patio: es la modernidad....
Ciudad de Orduña. BizkaiaDe pronto, una voz se cuela por el balcón del pajar:
-¡Al aldeano! - le gritan desde el patio.
-¿Qué coño pasa? ¿Porque habéis parado el motor? - Les lanza su voz.
- Nada pues... ¡Que nos hemos quedado sin combustible y el motor se ha detenido! - le contestan.
-Pues nada. - dice el baserritarra-.Toca descansar un rato y, de paso, echamos un trago de vino de la bota.
Mientras el baserritarra se acerca y mira por el hueco del camarote, se quita el pañuelo que cubría su rostro y, sacando uno limpio del bolsillo de su pantalón, se seca el sudor de su rostro.
-¡Redios! ¡Qué calor hace y cuánto polvo tragamos!
-¡Mirad, mirad chiquitos… las cigüeñas se pasean por los manzanos!
Con una franca sonrisa nos decía: ¡Cómo planean las muy puñeteras! Están al quite a ver si pillan algo para el condumio - riéndose estrepitosamente- Su risa contagiosa nos hacía sacar las cabezas, asomarnos a otros ventanucos de la fachada que cubrían de aire el local, como respiraderos del pajar…
Praderas de Castilla. Sinovas.
Mientras los ruidos del craqueo de los picos de las cigüeñas, que se filtran por nuestros oídos, resuenan por los tejados, camino de la Ciudad, para depositar los palos que, con sus picos, algunas depositan en sus nidos, en los tejados de las esfinges de la ciudad.
Un sonar de mocos se desprende de narices ennegrecidas por el polvo que se cuela en nuestros pulmones, y los, ya sucios, pañuelos dejan de servir de tanto aire maltrecho.
La paja sigue saliendo por el tubo que no cesa mientras, los haces de trigo, los tritura la máquina y la estancia se cubre de polvo que nos hace detenernos por lo inaccesible que es para nosotros, incluso, el mirar. Mientras, en los harapos que cubren nuestros cuerpos se acumula la suciedad mezclada con el sudor, sin vientos.
-¡Chiquitos! - Sobresale la voz del baserritarra.
-Limpiaos un poco y ¡ ala… un descanso!
Se asoma al balcón y les grita a los que manejan la máquina de trillar.
-¡Tomaos un descanso! A ver si se airea el pajar, que ya no se puede ni respirar.
Sacando las cabezas por los ventanucos, sus vistas se posan en el convento de monjas, donde a los niños les daban sus primeras clases de letras, religión, cuentos y leyendas, poblando sus mentes de verdades y mentiras. Divisaban las huertas del convento, con sus fértiles tierras. Ellas labraban sus campos y cuidaban árboles frutales y recogían sus frutos, sus cosechas.
Suena la voz del responsable de la máquina de trillar:
-Maestro: Esto está ya listo.
-¡Pues … ala, andando! - Coger la manivela los más fuertes y a arrancar de nuevo el motor y ¡cuidado! no os hagáis daño: que tenéis que soltarla nada más ruja el motor, que os puede arrastrar… - les decía el aldeano.
-¡Ala! ¡Vamos a ello!
Con sus manos y brazos fuertes y joviales lo intentan un par de veces. Se resiste el motor a volver a dar vueltas y más vueltas, tragando los haces de trigo. Retumba el suelo del patio y las poleas comienzan su giro trepidante; mientras Avelino les alienta:
- ¡Venga cuadrilla, venga, que esto ya está! Hay que terminar antes del anochecer.
Con la mirada recorriendo los lugares más sensibles de la máquina Avelino detiene sus ojos en el reguero de granos de trigo que se van introduciendo dentro de los sacos, mientras sus manos tocan el tubo comprobando que la paja sigue su curso al pajar.
Ciudad de Orduña. BizkaiaSubimos otra vez al pajar y volvemos a mirar por los ventanucos. Y sonreímos mirando desde tan inmejorable altura las vistas de su valle, sus montañas y la Virgen en su pedestal, en su peña. Las golondrinas se cruzan una y otra vez sobre nuestras cabezas y revolotean por el caserío, mientras los gorriones ahuyentados por alguna piedra que les lanzan, se alejan y algunas palomas ya acostumbradas se cuelan por algún ventanuco de la estancia, donde, en algunas esquinas, tienen depositado su nido que ellas mismas han construido.
Avelino nos recuerda que hay que terminar la faena y nos indica:
-¡Chiquitos! ¡Venga que ya queda poco! Vosotros solos podéis ya con la paja que queda. Cuando terminéis, bajad a picar algo que os tiene preparado La señora.
Bajamos al patio al lado de la máquina y sale de la cuadra la Baserritarra, su señora, con hogazas de pan, tocino y chorizo y otra bota de vino y dice sonriendo:
-¡Ala, que la bota no pare!
Y se pasaba de mano en mano apretando su cuerpo dejando caer ese chorro delicado y fino en los gaznates de los baserritarras. Para los niños unas jarras de agua. Aunque más de uno, a escondidas, apretábamos la panza de esa bota dejando caer un hermoso chorro de líquido exquisito.
17.11.18
ME ACERQUE A SU ESCUELA Y SOBREVOLÓ SU RECUERDO:
La muy noble y leal ciudad de Orduña-Bizkaia.
Don Agustín:
Detrás de una mesa, sentado en su
silla, un humilde maestro
nos miraba en silencio mientras
estudiábamos la lección del día.
No había murmullos y las moscas
sonaban en nuestros oídos…
Quizás el miedo a la regla que posaba
en su mesa nos hacía desistir
de hacer cualquier proeza...
mientras que, en el centro del
aula, una estufa quemaba la leña
con la que calmábamos el frío de
la nieve la que nos rodeaba.
La muy noble y leal ciudad de Orduña-Bizkaia.
Pero ese maestro. alto y bien formado,
también era humano y
nos comprendía, hasta cuando se
casó, nos trajo caramelos,
lo cual lo agradecíamos, ya que
era un lujo tener alguna perra gorda
que era el valor que tenía cada
uno.
Maestro de corazón muy grande, de
sentimientos que hoy
los comprendemos y nos
congratulamos de haberlos tenido
en nuestras vidas.
La muy noble y leal ciudad de Orduña-Bizkaia.
-Paquito. Voy a un recado. Ponte aquí a vigilar y si hay mucho alboroto
mientras estoy fuera, apuntas los nombres…
- le decía a Paquito.
Como gran enamorado de su recién estrenada señora, acudía a verla, y luego
regresaba y nos atendía.
que vaya a mi casa, la espero.
El niño le repetía a su madre lo
que el maestro le decía.
Vino su madre y dijo al niño:
-Me ha dicho tu maestro que si
quieres dar unas clases particulares, que él te atiende.
-Mama y ¿cuánto te va costar?
-Me ha dicho que “tres pesetas” por una hora diaria, excepto sábados y
domingos y fiestas que guardar.
- Y ¿vas a poder pagarle mama? -le
decía el niño.
- Mira, es que él ha insistido en
que vayas- -Le decía su madre.
Fueron clases muy productivas las que recibió hasta que le toco trabajar,
aunque no tenía la edad para hacerlo y por ello, tuvo que
dejar la escuela.
La muy noble y leal ciudad de Orduña-Bizkaia.
Pasaron los años y un día le
comenta el niño grande a su madre.
-Mama, mama… ¿sabes que me acuerdo
de don Agustín, de
cuando me daba clases? ¿Cómo te las
arreglabas para pagarle?
Su sorpresa fue mayúscula.
- Nunca te lo dije porque él me
dijo que tú no te enterases.
Tu maestro nunca me cobro ni una 'perrilla'.
¡Te daba clases sin cobrarnos
nada!
Orgullosos debéis de estar de tal
empresa,
en una época en la que los
maestros
se morían de hambre.
La muy noble y leal ciudad de Orduña-Bizkaia.
Antonio Molina Medina
21.12.19
EL FINAL DEL CAMINO… ES MÁS DIGERIBLE…
RECUERDOS
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| Sinovas Pedanía de Aranda de Duero. |
Cuando los recuerdos se adhieren a su cuerpo, disponedor y sereno. Todo lo que ve le hace feliz… mas sereno. Una cama de hierro, un orinal de crisma, sartén que tizne y yerba en el suelo de su cuarto eterno, que brotaba con recuelo entre baldosas compartidas.
Alzaba su
cabeza mirando al firmamento y se encontró su cara pletórica de sueños… ¡Como
se trasformaba! Sonrisa de silfo en toda su cara. Cuando se levanta su risa
aflora orgullosa y clara, ojillos de luz desprende su mirada de cada arruga que
su perfil palpaba. Lagrimas testarudas se introducen sin habla por los surcos
de su cara que implican a su alma de cuerpo pajaril, plumaje abrazado que sus
manos trocaban, y él orgulloso miraba su cara como se trasformaba, completando
su cielo de mujer con alma. Sus arrugas forman parte de su belleza, belleza del
cuerpo a las que se aferra orgullosa el tiempo marcando las olas que marquen su
calma.
06.08.20
Antonio
Molina Medina






















